Capítulo 46

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Frank se estaciona frente a la casa de Scott luego de haber dejado a Melissa en la suya y bajo la ventanilla de mi lado del auto para despedirme de él.

—Te llamaré más tarde para ver cómo te fue.

Scott no parece muy seguro de irse. Me dio un beso en la frente y luego pega la misma contra la mía. Nuestras narices se rozan con suavidad y ahora más que nunca deseo que me bese, pero cuando sus labios acarician los míos alguien carraspea.

—Ya llegamos —gruñe Mike.

Sonrío avergonzada y Scott me da un beso rápido en la mejilla.

—Te veo luego.

Me regala un guiño y se da media vuelta para irse. El auto arranca nuevamente y mi mirada sigue concentrada en la ya conocida fraternidad para mí. En ese lugar han pasado demasiadas cosas y si me pongo a recordar, Peter vuelve a mi memoria. Por lo que decido dejar mi mente en blanco y concentrarme en otra cosa.

—No deberías ser tan grosero —le replico a Mike.

—¿Te recuerdo que eres mi niña? —Volteo los ojos.

—Tengo dieciocho años —aclaro y Frank ríe.

—Eso jamás Delia. —Miro al compañero de mi tío esperando una explicación—. Tú siempre serás nuestra niña.

Suspiro y no digo nada más hasta que llegamos a casa. Es lindo sentirse protegida, pero cuando te toca relacionarte con chicos, estos dos grandes hombres no están dispuestos a negocias… Deberé aprender a vivir con ello.

Me bajo del auto y diviso otro vehículo estacionado en frente de nuestra cochera. John ya está aquí.

Nos adentramos a la casa y enseguida noto su presencia. Lo busco con la mirada y lo veo sentado en el sofá con un ramo de rosas color rubí en sus manos.

—¿Ya tiene llave? —musito mirando mal a mi tío y él simplemente se encoje de hombros.

—Hablen tranquilos, cualquier cosa me llamas.

Se da media vuelta y se va con Frank hacia la cocina dejándonos solos.

—Te traje estas flores.

Él intenta acercarse y levanto una mano en señal de que pare.

—Soy alérgica.

De verdad lo soy y no puedo ni tener el polen cerca. Él vuelve a su lugar y deja el ramo lo más alejado posible de mí.

—No lo sabía, lo siento —se disculpa.

—Quizá si hubieras estado para mí los últimos quince años, lo sabrías —replico.

Esto no va a funcionar. Ni los Dioses saben cuánto anhelé este momento. Ver a mi padre frente a mí, siempre fue un sueño totalmente inalcanzable y ahora está sucediendo. Daría lo que fuera para que las cosas no hubieran sido así y tener también a mi madre aquí, por eso estoy tan furiosa con John. Los quiero a los dos, no sólo a uno.

—Delia tienes todo el derecho a odiarme —comienza a decir—, pero déjame decirte por que lo hice —me pide.

Asiento en respuesta, quiero que todo se sepa de una vez para poder estar tranquila al final de toda esta situación de mierda.
John termina con toda su versión de la historia y sólo una cosa sale de mis labios:

—Fuiste egoísta —murmuro sin mirarlo. Las lágrimas bañan mi rostro.

—Entiendo que eso te parezca así, pero en su momento me pareció lo correcto.

John se sienta más cerca de mí, pero esta vez no me aparto.

—Lo correcto hubiera sido que te quedaras conmigo —espeto—. Me dejaste.

Puedo ver en sus ojos que está sufriendo, pero mi dolor es mayor y por mucho.

—Creí que Mike te cuidaría mejor que yo en ese momento… —explica. Una lágrima rueda por su mejilla—. Estaba pasando por un momento muy duro con la muerte de tu madre…

Mi cara se puso roja, soy capaz de sentir el calor acumulado de la ira pura.

—¿Acaso Mike no estaba sufriendo? —recrimino molesta—. Él estaba pasando por su propio dolor con la muerte de la tía Kate y luego con la “tuya” —Hago comillas con mis dedos en la última palabra—. Mike dejó todo a un lado y me educó como un padre y te aseguro que ese título no te va a pertenecer jamás —escupo con veneno en mi voz.

Ahora mismo no me interesa verlo sufrir porque es un maldito hipócrita. Se atreve a culpar al dolor por su pérdida, cuando Mike se puso los verdaderos pantalones y ocultó su propia miseria para verme feliz a mí. Jamás le perdonaré por esto.

—Lo sé. —Se seca la cara—. No te pido que me perdones ni que me llames papá, nada me haría más feliz que eso, pero sé que no me lo merezco y entiendo cómo te sientes. —Bajo la mirada, porque me duelen mucho sus palabras—. Sólo quiero estar cerca de ti a partir de ahora. No voy a recuperar todos estos años Delia, pero permíteme intentarlo, quiero ayudarte en todo lo que necesites. ¿Podemos intentarlo? Prometo no presionarte.

Él toma mi mano y no me aparto. Todo lo que quiero es mandarlo al diablo, pero mi corazón no y que rabia me da eso.

—De acuerdo —susurro y una sonrisa aparece en su rostro.

—¿Puedo abrazarte?

Asiento antes de que mi mente razone otra respuesta. Sus brazos me envuelven con cuidado y cierro los ojos al instante. Le correspondo el gesto sin pensarlo porque no quiero correr el riesgo de arrepentirme si analizo mucho esto. Suspiro apoyando mi cabeza en su hombro, no puedo explicar cuanto había deseado esto y lo mucho que había esperado. Aunque le haya dejado claro que no lo perdoné, creo que si quiero intentarlo.


***


Luego de nuestra charla Mike invitó a John a cenar y Cassandra también fue nuestra invitada pues iba a ayudar a preparar la comida. Descubrimos que es una cocinera excepcional en este tiempo y por fin tengo a alguien que me ayude con las cenas después de tanto tiempo.
El timbre suena y un minuto después, Cassie entra con una pequeña a su lado.

—Hola. —Le sonrío, parece un poco tímida—. Soy Delia. ¿Cómo te llamas?

—Mary —susurra, aún escondida detrás de su madre.

—Mucho gusto, Mary.

Le tiendo mi mano y ella sale del escondite improvisado. Acepta mi gesto con una pequeña sonrisa.

—¿Qué le pasó a tu pierna? —pregunta con curiosidad.

Cassandra al ver que la cosa iba bien, se fue con Mike, Frank y John a la cocina. La pequeña Mary se sienta a mi lado y continúa mirando mi pierna con curiosidad.

—Tuve un pequeño accidente —explico.

—¿Te vas a morir? —cuestiona la pequeña y la pregunta me toma por sorpresa.

—¡Mary! —exclama Cassie apareciendo en la sala—. No seas mal educada.

La niña baja la mirada apenada.

—Lo siento —murmura.

—Está bien. —Le regalo otra sonrisa—. ¿Qué vamos a cenar?

—Los hombres aún no deciden, pero se me antoja algo de lasaña —Mary y yo asentimos frenéticamente en acuerdo. Amo ese platillo—. Me pondré manos a la obra entonces.

—¿Quieres que te ayude? —Tomo las muletas para levantarme.

—No, no y no Delia. Descansa la pierna. —Aparta dichas muletas de mi alcance—. Yo me haré cargo —sentencia con una sonrisa.

La cena transcurre con más naturalidad de la que imaginé, incluso vi que Mike y John se estaban vinculando como si nada hubiera pasado. Ojalá y yo pudiera hacer lo mismo. Al llegar la hora de dormir casi se me saltan las lágrimas de gusto al ver mi cama… Mi espacio.

—Si necesitas algo me llamas —dice mi tío desde el umbral de la puerta.

—Lo haré, buenas noches. —Él apagó la luz—. Te quiero.

—También yo. Descansa.

Siento que el cansancio domina cada extremidad de mi cuerpo y cierro los ojos. Minutos después me dejo caer en un sueño profundo.

Me despierto sobresaltada. Un sonido afuera de mi ventana hace que mis sentidos se agudicen ante la situación y el terror me hiela la sangre. Una sombra se ve a través de las persianas y hace que mi corazón lata con fuerza contra mi pecho. Un grito de auxilio se prepara para salir de mi garganta y en ese segundo mi teléfono comienza a sonar.

Un Pequeño  Cambio De Planes ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora