Capítulo 30

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La fiesta está en su punto más alto en este momento y una extraña sensación crece en mi pecho. No es desagradable, pero tampoco es algo que me haga sentir plena y feliz por estar bailando con mis amigos. Melissa contonea las caderas como una experta y eso, en cualquier otra situación, volvería locos a los chicos; pero con Dennis en su cabeza y en su corazón, simplemente se toma el tiempo de rechazar sin ningún tipo de problema.

Siento unas manos alrededor de mi cintura y un beso es depositado en mi cuello. Sonrío cual idiota mientras la piel se me eriza ante el dulce contacto de Peter.

—Así nos conocimos, ¿recuerdas?

Mi sonrisa crece y me volteo para enrollarme con él a gusto. Está guapísimo hoy, pero algo dentro de mí siente que esto es incorrecto de todas formas.

—¿Cómo olvidarlo? Fue hace un mes.

Peter suelta una risita y me acerca más a su cuerpo. Somos los únicos bailando así en medio de todos los adolescentes saltarines.

—Ese fue uno de los mejores días hasta ahora.

Sus palabras me tocan el corazón y acerco mis labios a los suyos. Un pequeño roce es suficiente para convertirnos en fuego. Su lengua busca jugar con la mía y se lo permito. Un pequeño gruñido retumba en su pecho cuando pego mi cuerpo aún más al suyo y eso lo incita a apretar mi trasero sin descaro alguna. Scott aparece en mi mente y me quiero golpear por eso, mientras que, al mismo tiempo, deseo que sea él quien me bese y me toque a su antojo. Me reprendo por los pensamientos extraños que estoy teniendo y me aparto de Peter, antes de que sea tarde.

—Peter…

—Lo sé… Despacio. —En sus ojos veo sólo deseo—. Necesitaré un minuto.

—De acuerdo.

Con un beso en la mejilla y un “ya vuelvo” se aparta de mí y va a refrescarse. Aprovecho para poder ir al baño, después de todo, yo también estoy bastante acalorada.

Cuando al fin encuentro dicho cuarto, para mi suerte está vacío, así que, sin más preámbulo, me adentro y lucho con mis jeans para poder hacer mis necesidades. Me lavo las manos y luego la cara para refrescarme lo suficiente. Me atrevo a mirar mi reflejo en el espejo y como ha pasado últimamente, no me reconozco. Tengo el pelo enmarañado, las mejillas rojas y una mirada ligeramente salvaje que nunca había visto en mí antes, pero de cierto modo me gusta… Me agrada la nueva Delia.

Sin perder más tiempo del necesario, me siento en la tapa del inodoro y marco en mi celular.

—Hola Frank. Tengo noticias —informo con la voz baja.

—Te escucho.

—Al parecer fue Isaac el encargado de mandarme al hospital —digo con un suspiro.

—¿Qué? —sisea sorprendido—. ¿Cómo lo sabes?

—Bueno, no lo admitió, pero le dijo a Scott algo así… —intento explicar—. Dijo que debe alejarse de mí o me volverán a lastimar.

—Hijo de puta… —murmura molesto—. Es un error que no volverá a cometer y otro cargo más en su contra. —Lo oigo suspirar.

—Eso espero, fue todo lo que pude escuchar espiando. ¿Y mi tío? —pregunto, desviando completamente el tema.

—Salió con Cassandra. —Su risa escandalosa me hace sonreír.

—Parece que se están llevando bien —bromeo con él.

Si Mike estuviera aquí, ya nos estaría dando una tunda por burlarnos de su vida amorosa.

—Sí eso creo, ¿cómo está la costilla? —Su preocupación me toca el corazón.

—Estoy bien, casi no me duele. —Golpean la puerta del baño—. Frank debo irme, te tendré al tanto —me despido rápido.

—Claro, ten cuidado, me llamas si me necesitas.

Cuelgo el teléfono y abro la puerta. Una chica muy ebria entra sin importarle mi presencia y decido salí sin decir nada.
Sigo mi camino por el pasillo y reduzco mi paso cuando veo una puerta levemente abierta. La curiosidad es más grande que yo, por lo que me acerco sin hacer mucho ruido y entro. La estancia está completamente oscura y enseguida me doy cuenta de que no hay nadie. ¿Por qué habré sentido que debía entrar? Si dar más rodeos, giro sobre mis talones para irme cuando la puerta se cierra de golpe y un pequeño grito es expulsado de mis labios.

—No voy a hacerte nada. —Su voz.

Cierro los ojos cuando siento la cercanía de Scott.

—No estoy muy segura de eso. Abre la puerta —exijo y para mi sorpresa, mi voz no flaquea.

—¿Irás con él? Diana, ya no sé cómo decirte que no te conviene. —Su risa me enfurece. A este lo mato.

—Eso no es asunto tuyo, él fue sincero conmigo y yo lo perdoné.

—Ah, ¿sí? —Se acerca aún más—. Apuesto que no lo deseas como a mí.

Su aliento caliente choca en mi cara y a través de la oscuridad soy capaz de ver sus ojos fijos en los míos.

—Te equivocas —susurro, presa por su mirada.

Mierda, ya lo notó. Una media sonrisa apareció en su hermoso rostro. ¡Basta Delia!

—Lo dudo.

Sin darme tiempo siquiera de planear mi próximo paso para patearle las bolas por presumido, me toma de las mejillas y me besa. Es rudo y sensual. Su lengua roza la mía en un agradable vaivén y mis manos se enredan automáticamente en su cabello oscuro. Mis gemidos se mezclan con los suyos y ya no puedo hacer más, me rindo ante sus caricias. Scott King ya me tiene.

Me levanta con suavidad y enredo mis piernas alrededor de su cintura. Ignoro la punzada de dolor de mi lesión porque sólo quiero sentirlo a él.

—Scott… —Un gemido medio súplica sale de mí—. Me duele.

Él se separa al instante con el ceño fruncido y para aclararle la confusión, me llevo la mano a la costilla e inmediatamente entiende a que me refiero.

—Lo siento… —Sus labios atacan los míos nuevamente, pero con menos agresividad y luego se aparta para atacar mi cuello—. Sabes tan bien…

Muerde con suavidad el lóbulo de mi oreja y mi espalda se levanta un poco de la cama, buscando más contacto y deseando todo de él. Calor, un calor agradable recorre mi cuerpo cuando sus dedos comienzan a subir mi blusa con más cuidado que nunca. Se aparta de mí un segundo y se quita la camiseta con rapidez. Mis manos van sin vergüenza alguna hacia su pecho firme y como si tuvieran vida propia, comienzan a recorrer desde su torso hasta sus fuertes hombros. Nuestras bocas se vuelven a unir con necesidad y mis uñas se clavan en la piel sensible de su espalda. Gruñe y toma el dobladillo de mi blusa para quitarla de una vez.

—Scott —murmuro e intento cubrir mi parte recientemente revelada, pero no me lo permite.

—Tan preciosa. —Mi corazón salta ante esas simples palabras—. Mi diosa… —Lo beso con pasión porque me vuelve loca y porque ahora mismo todo me importa una mierda—. ¿Estás segura de esto? —cuestiona respirando de forma agitada.

—Completamente.

Y lo estoy. Las palabras de Melissa aparecen en mi cabeza y todo comienza a tener sentido, esto es a lo que ella se refería con sentir que era el momento correcto. No me importa nada en este instante, no estoy pensando en el caso ni en lo que puedan creer los demás de mí. El futuro de toda la misión está en juego, pero no puedo evitarlo y no quiero hacerlo tampoco. Deseo tanto a Scott, es algo que no puedo explicar y estoy dispuesta a sufrir las consecuencias.


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Un Pequeño  Cambio De Planes ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora