Capítulo 4

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¿Qué demonios? Un completo desconocido me tiene atrapada entre sus brazos y es muy fuerte el maldito. Soy prácticamente obligada a soltar a mi amiga e ignoro el pinchazo de rabia que me recorre cuando se va por otro lado, ajena a lo que me está pasando.

— ¿Quieres bailar, muñeca? —susurra en mi oído.

Mi cuerpo se tensa al instante. Una mezcla de miedo y asco en forma de escalofrío recorre mi espina dorsal. Mis palmas comienzan a sudar por los asquerosos nervios y aun así me esfuerzo por encontrar mi propia voz.

— Suéltame —digo firme y busco a Mel con la mirada, pero no la veo ni cerca.

— ¿Por queee? Noos estamoss diiivirtiendo… —dice con un tono repugnante mientras me aprieta aún más contra su asqueroso y frío cuerpo.

Bien Delia, nadie va a ayudarte así que oculta el miedo, se valiente y utiliza tu habilidad en defensa personal, a fin de cuentas, Mike no te obligó a ir a ese curso intensivo para no saber qué hacer en esta situación.

Mi voz interior tiene razón. Estos tacones deben servir para algo más que darme altura. Piso con fuerza el pie del idiota que me tiene atrapada y cuando me libera mientras se queja del dolor me doy vuelta rápidamente y le doy un golpe en la entrepierna.

— Ahora sí, me estoy divirtiendo —le sonrío y me alejo dejándolo sólo con su miseria.

Busco a Melissa con la mirada nuevamente y la veo enredada con un chico. Espero pacientemente a que terminen con su duelo de lenguas y cuando enfoco bien la vista me doy cuenta de que el chico es Dennis, uno del trío de idiotas más popular del equipo de fútbol y mejor amigo de Scott King... Buen partido Mel.

Me siento en la barra y pido una Coca-Cola, no me encanta esta bebida llena de azúcar, pero es lo único en el menú que no tiene alcohol. El barman me mira como si tuviera dos cabezas, para luego entregarme el vaso. Giro en el taburete para no perder a Mel de vista, pero es tarde cuando no la encuentro otra vez. Dejo el vaso en la barra y comienzo lo que sería mi décima búsqueda de esta noche.

Nada, llevo varios minutos recorriendo el lugar y no hay rastro, antes de que el miedo comience a invadir mi sistema siento a alguien gritar.

— ¡Policía! —en menos de cinco segundos todos comenzaron a correr.

Con más desesperación busco a Mel, no logro ver nada con tanto alboroto. Cuando la diviso del otro lado del club casi me da un ataque de nervios, ya que un policía se la estaba llevando. Mierda, intento acercarme, pero es inútil, una ola de adolescentes ebrios me empuja hacia afuera por la puerta trasera. No sé cómo termino escondida en la oscuridad y rezo para que mi mejor amiga esté bien mientras todos escapan de la ley.

Marco el número de Mike unas tres veces, pero la voz del buzón me deja en claro que está ocupado. Llamo a un taxi y espero aproximadamente diez minutos antes de que dos faroles iluminen la calle.

— Lléveme a la estación de policía más cercana —el conductor duda un segundo y luego se pone en marcha.

Ocho dólares después, estoy en la puerta del establecimiento pensando en cómo voy a entrar y preguntar por Melissa sin que me arresten a mí también. Suspiro y me adentro a dicho lugar. Aquí sí que se ve de todo, desde un hípster que jura que la hierba que encontraron en su bolso no es suya hasta unos adolescentes que puedo reconocer fácilmente reclamando por sus derechos.
Scott me mira por un segundo y cuando me reconoce comienza a decirle al oficial que yo estoy aquí para pagar su fianza. Seguramente no está en sus cinco sentidos, ya que por nada en el mundo ayudaría a ese idiota.

— Señorita, ¿usted lo conoce? —pregunta seriamente el oficial.

— N-no —tartamudeo de manera nerviosa—, es decir sí, pero no estoy aquí para ayudarlo a él —miro al chico que sin duda quiere matarme.

— ¡Vamos niño! De seguro tu papi te sacará de aquí —le dice el oficial a Scott y lo arrastra por un pasillo hasta que lo pierdo de vista.

— ¿Señorita? ¿Puedo ayudarla en algo? —pregunta la amable mujer detrás del mostrador.

— Sí, sí —me acerco rápidamente—, estoy buscando a alguien, su nombre es Melissa Lewis —digo a toda velocidad espero que la oficial haya entendido algo.

— Un minuto, por favor —indica y dirige su mirada al monitor frente a ella.

Espero impacientemente golpeando con los dedos la madera desgastada del escritorio. La mujer se toma el tiempo de contestar el teléfono que suena sin parar a su lado y hago acopio a toda mi fuerza de voluntad para no romper el aparato contra el suelo.

— ¡Usted no puede hacer eso! —escucho gritar a uno de los policías.

No presto mucha atención ya que en este lugar todos hablan de cosas diferentes y se gritan continuamente, pero sin duda no esperaba escuchar su voz.

— Esto es asunto del FBI, no de los locales. Nos llevaremos a los sospechosos. ¿Quiere una maldita orden? —le grita.

Esto no es posible, mi tío Mike está ahí parado gritándole a un hombre de la policía ¿acaso perdió la cabeza? Me acerco cuidadosamente a la escena.

— ¿Tío Mike? —pregunto dudosa.

Cuando se voltea se me va el aire de los pulmones, su rostro está tan serio que asusta. Al parecer se da cuenta de que soy yo, porque su expresión cambia en un segundo. Parece sorprendido y… ¿asustado?

— ¿Delia? ¿Qué estás haciendo aquí? —pregunta preocupado.

— Trajeron a Melissa creo, yo... yo estaba en una fiesta con ella y la policía llegó y se la llevó —explico—, ¿Por qué llevas puesto ese chaleco?, ¿Qué haces aquí? Y ¿Que hace Frank aquí? —dirijo mi mirada hacia su compañero, quien en este momento habla con uno de los oficiales locales.

— Delia ¿Estabas en la fiesta? ¿Bebiste o.…?

Duda en continuar su pregunta, pero los más importante aún es que no ha respondido a las mías. ¿Qué diablos sucede aquí?

— Los tenemos —le dice Frank a mi tío, me mira por un momento y vuelve a centrar su atención en Mike... hasta que me reconoce—, ¿Delia? —sus ojos se abrieron como platos.

¿Por qué todos se sorprenden al verme? Está bien se supone que yo sería la última persona que deberían encontrar en una estación de policía, vestida así, a la una de la madrugada, pero a estas alturas no lo veo del todo raro.

Mi tío Mike y su compañero Frank son dos contadores que en este momento están en una estación de policía, reclamando a unos sospechosos, vestidos con chalecos del FBI y armados. Ok, no creo haber bebido tanto así que, ¿Quién debería estar sorprendida?

— ¿Alguien puede decirme qué mierda está pasando? —juro que me va a dar un ataque en cualquier momento si alguien no me da una explicación lógica a toda esta situación.

— Cuida tu lenguaje señorita —me reprende Mike.

¿En serio? ¿Mi lenguaje? Debe estar jugando, pero con su seriedad me doy cuenta de que no.

— Lo siento —bajo la mirada apenada y cansada—, es sólo que quiero saber...

— Te llevaré a casa para que duermas y mañana con más calma hablaremos —dice mientras me guía a la salida.

— Pero Melissa... —intento recordarle.

— Frank se hará cargo, vamos —sentencia.

No dijo nada más e incluso se queda callado de camino a casa. Sólo se concentra en la carretera, sin embargo, creo que en su mente está buscando una explicación para mí, pero nunca lo sabré.

Cuando llegamos a casa me voy directamente a mi habitación sin decir nada más, con todo lo que hay en mi cabeza dudo poder dormir algo, sólo sé que no encuentro sentido en nada de lo que ha sucedido hoy y pensándolo mejor creo que nada en mi vida lo tiene.




Se está poniendo interesante, ¿verdad? Espero que estén disfrutando la historia tanto como yo. Agradezco su tiempo y espero que sigan leyendo 🙂 sí les gusta ¡Voten! 😊 Gracias ❤

Un Pequeño  Cambio De Planes ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora