Capítulo 36

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Otra vez aquí. El lugar en el que estuve las últimas dos veces y aún no sé la razón.

—Me alegra verte aquí. —Su voz se escuchaba como un eco dentro de mi cabeza—. Te eché de menos. —Su mano toma la mía e inmediatamente me volteo con la esperanza de ver su rostro, pero la luz me encandila—. Siempre estaré aquí… cada vez que me necesites —sentencia y todo se vuelve negro de repente.

Abro los ojos, me cuesta un poco adaptar mi vista al oscuro lugar y un dolor agudo se presenta en la parte de atrás de mi cabeza. Siento todos mis músculos entumecidos y una confusión inmensa me domina antes de que el pánico la reemplace. Mi garganta está seca y cuando intento moverme, sé que no puedo.

—Tranquila… no estarás atada mucho tiempo. —Una voz familiar acompañada por una risa perversa me sobresalta—. Sólo hasta que acabe contigo.

No puede ser verdad.
Esto tiene que ser un mal sueño.
Una pesadilla.
Peter me devuelve la mirada y mi mundo se tambalea.

—¿Tú? —Mi voz suena grave—. ¿Qué…?

—Verás, esperé mucho para esto, deja y me pongo cómodo.

Él toma una silla y la pone al revés. Se sienta mirándome fijamente, con ambos brazos apoyados en el respaldo destartalado.

—Peter…

Mis palabras son cortadas cuando escucho un llanto más allá de la oscuridad.

—¡Cállate! —brama Peter furioso.

—Rebecca —susurro sorprendida.

Ella estaba vestida aún con la ropa de la fiesta, se ve realmente mal y las lágrimas bañan su maltratado rostro.

—Sí, yo la traje luego de divertirnos un rato, pero luego escuchó lo que no debía y terminó aquí. Permíteme iluminarte… —Peter saca un arma de atrás de su espalda y me alarmo cuando juega con nada más y nada menos que Candy… Mi única salida—. Es un buen juguete. Verás, cuando fuiste a la primera fiesta supe cuál era tu objetivo. Yo soy y siempre fui el distribuidor de Snyder.

El mundo deja de girar por un momento cuando escucho esas palabras. Esa tan preciada confesión que me entristece y me molesta al mismo tiempo. Estoy en shock porque el chico que intentó conquistarme en varias ocasiones, sólo lo hacía como parte de un siniestro plan para que el FBI cayera en su juego. El aire escasea en mis pulmones y me niego a creer lo que dice.

—No es cierto… es Scott —mascullo intentando convencerme. No pudimos equivocarnos tanto.

—Eso es lo que yo quería que creyeran. ¿Crees qué no sé qué trabajas para el FBI? Siempre lo supe y me aproveché de eso al máximo… —Hizo una pausa para luego proseguir—: yo puse las drogas en la chaqueta de Scott en aquella fiesta donde Rebecca, drogada hasta los pies, dio nuestros nombres y ahí comenzó todo.

Mi mente trata de volver en el tiempo, aquella noche en la comisaría no recuerdo haber visto a Peter, pero no me sorprendería porque estuve muy concentrada en lo que estaba pasando con Mike, Frank e incluso Melissa como para notarlo.

»Te vi con tu tío. —Se queda mirando un punto fijo en el suelo—. Y cuando noté que eran del FBI, no fue tan difícil darme cuenta de que hacías una semana después en una de nuestras fiestas. —Su mirada oscura y llena de odio se posa en mí—. Te engañé cada maldito segundo e incriminé a Scott, porque obviamente quería salvar mi culo de esta mierda cuando todo se hunda.

— ¿Y Scott? —pregunto con la esperanza de que no tenga nada que ver.

—Sí, tu enamorado también trabaja para Snyder, pero es un simple aprendiz, un novato. —Mis ojos se empañan—. Mi intención fue matar dos pájaros de un tiro y lo logré. —Sonríe cual psicópata.

—¡¿Tenías que aparecer para complicarlo todo?! —exclamo con lágrimas de rabia pura en los ojos.

—Entenderás Lía que no es así. —Se acerca a mí—: Tú fuiste la única que complicó todo aquí y sólo me aproveché. Puse cada maldita prueba a tu alcance porque sabía que la ibas a encontrar. Cada vez que entrabas a la habitación de Scott era una victoria personal para mí. —Su aliento roza mi cara—. No negaré que si quería acostarme contigo… Eso habría sido un bono extra.

En cuanto el cañón de Candy pasa sobre mis pechos quiero golpearlo y sin pensar demasiado lo hago. Mi cabeza va directo hacia la suya dándole justo en la nariz y me reconforto al ver un poco de sangre. Peter me mira furioso mientras frota el área afectada y maldice sin parar.

—Aléjate de mí —escupo con veneno en mi voz y él comienza a reír como si le hubiera contado el mejor chiste de la historia.

—Pagarás eso, pero todo a su tiempo querida Lía. Disfrutaré tanto cuando llegue ese momento y me alegra saber que caíste en mi plan. Yo puse la foto en tu casillero y sabía que vendrías—Se levanta y se dirige hacia la puerta de la choza—. Te dije que no lo ibas a sentir aún, ¿recuerdas? Pues ya deberías comenzar a hacerlo.

El portazo hace que retumbe todo a mí alrededor mientras que las lágrimas de frustración y rabia pura caen libremente por mis mejillas.

Mi cabeza va a explotar en cualquier segundo y no puedo evitar pensar que nunca lograré salir, no  con vida al menos. Maldito Peter. El odio que tengo acumulado ahora es indescriptible y lo único que quiero es hacerlo pagar. Deseo que sufra del mismo modo, pero lo veo imposible.

Lo daría todo por haber hablado con Mike o con Frank, pero no lo hice y probablemente jamás los vuelva a ver. Esto es mi culpa, por creer desde un principio en Peter, recuerdo las veces en que Scott me dijo que no era bueno para mí y demonios que tenía razón.

—Lo siento Mike… —susurro para mí misma.

—¿Nos va a matar? —La voz de Rebecca suena ahogada por el llanto.

—No lo sé —susurro. Trato de librar mis manos, pero lo único que logro es lastimar más mi piel—. ¿Cuánto llevo aquí?

—Unas dos horas… —dice respirando con dificultad—. Él dijo que yo sólo soy carnada en su pesca.

Comienza a llorar de nuevo de forma descontrolada y me siento mal por ella. No importa lo perra que haya sido conmigo, es una chica asustada y con una familia que aún la espera en su casa. Nada de esto es justo.

—No lo eres. —Ella llora más y mi deber es hacerle entender de alguna forma que debe calmarse—. Muy bien, escucha Rebecca—digo de forma autoritaria y llamo su atención—. Tenemos que trabajar juntas para salir de esto, debemos hacer un plan…

Ella me mira como si estuviera loca, pero antes de poder seguir hablando, un sonido que proviene de afuera llama nuestra atención y Rebecca comienza a llorar por quinta vez desde que desperté aquí.

—Ya viene —grita la chica horrorizada .

—¡Debes calmarte! —pido con frustración.

En ese momento la puerta se abre. Se ve que ya anocheció y eso me preocupa porque el bosque es inmenso y no podré guiarme mucho sin luz.

Peter se acerca a mí, pero esta vez no lo miro, clavo mis ojos en el suelo y espero lo peor. No quiero que me haga daño a mí o a Rebecca, así que tendré que hacerle creer que voy a hacer lo que él me ordene.

Suspiro cuando veo sus pies frente a mí, pero no levanto la mirada…Estoy aterrada.

—Hola Diana…

Un Pequeño  Cambio De Planes ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora