Capítulo 66

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La oscuridad me llena los sentidos, me oprime el pecho y me deja sin respiración. No sé dónde estoy, pero asumo que ya estuve aquí antes y los gritos desgarradores abundan mis oídos.

—¡Hola! —grito buscando a quien sea que esté agonizando.

Otro grito se oye. Parecía de un niño o niña.

—¡Delia! —exclama con desesperación, era una niña, pero no podía identificar quién era.

—¿Estás bien?

Corro hacia ella, pero mi cuerpo no avanza y el llanto de la pequeña hace que mi miedo se incremente. De pronto una mujer apareció detrás de ella, no se le veía el rostro, pero sí el cabello rubio y brillante.

—Llegaste tarde Delia, ahora ella pagará por tus errores.

Sin decir nada más, saca un arma de atrás de su espalda, apunta y dispara.

—¡No! —grito abriendo los ojos.

Todo fue un maldito sueño. Una maldita pesadilla.

—Diana…

La voz de un adormilado Scott me devuelve a la realidad.

—Delia… —Tres golpes en la puerta y sin pensarlo dos veces empujo a Scott, quien se esconde debajo de mi cama, justo a tiempo para que Mike entre por la puerta—. Te oí gritar.

Se acerca a mi cama e intenta calmar tanto mis nervios como mi respiración.

—Solo tuve una pesadilla, tío —aclaro luego de unos segundos intentando volver a respirar con normalidad.

—¿Necesitas que te traiga algo? ¿Agua? —pregunta frotando sus ojos.

—Estoy bien Mike, puedes ir a dormir, te llamaré si te necesito.

Intento echarlo lo más rápido posible. Él asiente con un bostezo para luego darme un beso en la frente y salir de mi habitación. Me dejo caer sobre las sábanas nuevamente, pasan cerca de dos minutos antes de sentir el peso de Scott sobre mi cuerpo y sus labios dando pequeños besos en mis párpados.

—¿Quieres contarme? —susurra.

Me pierdo por un momento en el rastro de besos que deja desde mi mandíbula hasta mi cuello.

—La última pesadilla que tuve fue hace dos meses y tú estabas en ella —digo y un segundo después sus ojos están puestos en mí—. No recuerdo mucho de eso, pero sé que fue malo y esta fue aún peor, Scott. —Mi voz suena como un susurro vulnerable.

No dejo de pensar en que la niña era yo, aunque eso no tiene nada de sentido.

—Preciosa, no dejaré que nada malo te pase y puedes contarme lo que sea.

Muerdo la cara interna de mi mejilla antes de hablar.

—Soñé que una mujer rubia mataba a una niña —digo rápido esperando su reacción, pero él solo se queda esperando a que yo continúe—: Fue extraño, yo lo veía todo y no podía hacer nada. No pude ver el rostro de ninguna de las dos, pero cuando la mató a ella sentí que me mataba a mí. —Mi voz se quiebra con las últimas palabras.

—No Diana, tranquila. —Su mano se posa en mi mejilla—. Estas a salvo conmigo —. sentencia y le creo, porque jamás me había sentido tan segura con nadie antes.

—¿Crees que Artemisa hubiera tenido miedo? —pregunto.

Me acomodo sobre su pecho, sus dedos acarician mi cabello, haciendo que mis extremidades se relajen en el acto.

—No lo sé, no lo creo. Ella tenía a Orión a su lado… Bueno, hasta que Apolo enloqueció y mandó un escorpión gigante para matarlo.

Mis ojos se abren de repente al oír esas palabras.

—¿Cómo dices?

Me apoyo sobre mis codos para mirarlo a la cara.

—Su hermano estaba celoso de la atención que Artemisa le daba a Orión y el producto de todo eso, terminó con su vida —explica.

Sigue acariciando mi cabello para luego colocar un mechón detrás de mi oreja.

—Que locura. —Me acomodo nuevamente a su lado—. Los Dioses estaban locos de atar. —El pecho de Scott vibra cuando ríe.

—Menos mal que no tienes hermanos.

Sonrío ante su comentario.

—Pero tengo un tío y te aseguro que es bastante loco cuando se lo propone.

Vuelve a reír para luego colocarse sobre mi cuerpo.

—Correré el riesgo.

Me besa dulcemente y mis dedos se enredan en su cabello como de costumbre. Las manos de Scott separan mis piernas para colocarse entre ellas y dirige sus besos hacia mi cuello.

—Scott… Hay que parar.

Sus labios recorren los míos una vez más antes de apoyar su frente en la mía.

—Las ganas de estar dentro de ti me están consumiendo.

Un gemido involuntario sale de mi boca, es increíble el efecto que tienen sus palabras sobre mis hormonas.

—Por favor, controla tus palabras —pido en un susurro—. Aún soy nueva en esto y no sé si ofenderme o dejar que me hagas lo que quieras —admito mientras mis mejillas comienzan a arder y una mirada de sorpresa se posa en sus ojos.

—Mierda, eso me pone aún más. —Sus caderas chocan contra las mías, mostrándome lo mucho de me desea y muerdo mi labio con fuerza aguantando las ganas de gritar—. No tengo ningún preservativo aquí, porque vine con la intención de dormir contigo nena, pero no sabes lo mucho que me arrepiento.

Se acuesta nuevamente a mi lado y me toma unos segundos recuperar el ritmo natural de mi corazón.

—Mejor intentemos dormir.

Él asiente de acuerdo y me acomodo sobre su torso. Las caricias de sus dedos entre mi cabello reanudan y me sumo en un sueño profundo.


—Buen día —saludo a Mike, quien se sirve una taza de café.

Scott aún duerme en mi cama, por lo que esperaré a que mi tío vaya a trabajar para llevarle el desayuno. Sé que ocultar que mi novio está durmiendo en mi habitación es malo, pero Mike no dejaría que él esté aquí, así que las mentiras son mi única salida.

—¿Bajarás tú sola?

El alma abandona mi cuerpo y me quedo petrificada en medio de la cocina.

—¿Qué? —pregunto con ilusión de haber escuchado mal.

—Delia, ¿qué te dice, veinte años en el FBI? —cuestiona con una pequeña sonrisa.

—¿No estás molesto?

Siento que estoy en el mundo del revés.

—Sí, porque me mentiste. Delia puedes pedirme que él se quede aquí cuando tú quieras, esta también es tu casa, siempre y cuando la respeten si sabes a lo que me refiero.

Muerde su pan tostado y simplemente asiento sentándome frente a él.

—Está dormido ahora.

Mike no dijo nada más y justo cuando termina su desayuno, su teléfono comienza a sonar.

—Debo irme ya, necesito que pases a buscar a Mary al colegio porque Cassie terminará tarde hoy y no llegará en hora —me pide apurado.

—No hay problema, que tengas un buen día.

Besa mi frente rápido.

—Igual tú, te quiero. Adiós.

La puerta de la casa se cierra y subo corriendo las escaleras. Abro la puerta de mi habitación y encuentro a Scott ya vestido a punto de salir por la ventana.

—¿Qué haces? —pregunto divertida.

Él entra el pie que tenía afuera y me sonríe.

—Sentí la puerta y supuse que tu tío se había ido. 

—Mi tío sabe que dormiste aquí —suelto la bomba esperando la explosión.

—¿Cómo? —Frunce el ceño acercándose a mí.

—Bueno, básicamente y resumiendo un poco, trabaja para el FBI. —Scott hace una mueca—. Me dijo que no tiene problema con que duermas aquí, siempre y cuando respetemos la casa.

Rodeo mis brazos alrededor de su cuello y una sonrisa perversa aparece en su rostro.

—Sabes que soy muy respetuoso, Diana.

Sus manos aprietan mi trasero al mismo tiempo que su boca reclama la mía con rudeza. Reprimo un gemido y Scott me deja caer en la cama y se sube encima de mí. Tomo el dobladillo de su camiseta para quitársela y poder acariciar su suave y firme torso a gusto. Sus manos suben hasta mis pechos apretándolos con suavidad y haciendo que me retuerza debajo de su cuerpo, anhelando más de su toque.

—Scott…

Sin saber bien lo que hago, enredo mis piernas alrededor de sus caderas y lo pego por completo a mí.

—Carajo, no.

Se separa de mí al instante, dejándome desconcertada y segundos después muy avergonzada.

—Lo siento, yo…

Cubro mi cara con mis manos y de la nada siento ganas de llorar.

—No, no, no. Mírame. —Levanto dudosa la mirada, mis ojos están cristalizados y apenas lo puedo ver—. Preciosa no llores, me muero por hacerlo justo ahora, pero no podemos.

Asiento, él tiene razón. No sé dónde tengo la cabeza, es obvio que mis hormonas se comieron mis neuronas y tengo que controlar eso. No puedo simplemente arrancarle la ropa en cualquier momento.

—Tienes razón, lo siento.

Scott me abraza y suspiro, se siente tan bien estar así con alguien ¿Cómo es posible que una persona pueda causar tanto daño a tu corazón, pero al mismo tiempo ser la única en tener la capacidad de sanarlo? Scott es todo eso y más. La idea de perderlo me asusta más que nada. Haré lo imposible para que esto funcione.

Un Pequeño  Cambio De Planes ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora