Capitulo 33

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Narra Dulce

Llevo tres putas horas esperando noticias de mi hija y de Christopher. Me he fumado todo el paquete de tabaco en menos de dos horas por la ansiedad que tengo.

Renato, mi vieja y la escuincla están a mi lado esperando noticias también. En el otro lado están Cecilia y Bianca junto a Miguel y Luján.

Mi vieja me ha explicado lo ocurrido y me enervo llena de furia. El estupido de Balbino Paiba vino a mi rancho a hablar conmigo y la mocosa lo vió y se puso nerviosa recordando la vez que la secuestró él y ese maldito cerdo.

¡Le aplastaré la cabeza a Paiba por eso!¡Y los médicos no me dicen un carajo!

Odio esperar.

Un médico se acerca a mi sonriendome. Lo miro con seriedad. Él traga saliva.

— Doña, vengo a informarle que su hija está estable al fin. Su pequeño corazón ha sufrido una recaída pero esta mejorando poco a poco, debe quedarse en observación almenos dos días más y veremos como sigue para saber si darle el alta o no. Puede incluso llegar a tener otra recaída. Lo lamento.— me informa él.

¡Mierda!

Mi vieja y la escuincla lloran. Renato sólo las consuela a su manera.

— Más le vale imbécil que mi hija se recupere pronto porque si no quemo este jodido hospital con todos dentro. — Lo amenazo. Él se congela mirándome con temor.

— Le juro que haré lo posible por la pequeña. — dice él nervioso.

Lo miro enojada.

— No jures. Hazlo. — ordeno.

Él asiente con nerviosismo y se aleja de mi rápidamente. Volteo a ver a mi vieja y me mira con lágrimas en los ojos.

— Sí quieres me quedo con ella está noche. — dice.

No. Ella está muy mayor para esto.

— No, Soy su madre, es mi hija, yo soy quien debe estár aquí aunque me fastidie estar en un hospital todo el tiempo. Tú vete a descansar, yo me quedo. — le ordeno. Ella me sonríe enternecida.

Ruedo los ojos. Ahora estará orgullosa porque me comporto como una madre.

— Sí quieres puedo quedarme yo. — dice Renato apoyado en la pared.

Niego con la cabeza.

— No, me quedo yo. Tú puedes irte a casa y volver por la mañana. Debes dormir y descansar también.— le ordeno.

— Haré turnos con Matamoros para venir a custodiarlas al hospital. — dice firme.

Asiento sabiendo que hará eso aunque no quiera yo. Es terco como una mula.

La escuincla se me acerca y me la quedo mirando. Algo quiere pedirme.

— Mamá ¿Puedo acompañarte a cuidar de mi hermana? Por favor.— me pide ella preguntando.

La miro enarcando una ceja y noto la mirada de mi vieja pidiéndome que acepte.

Gruño. Joder.

— Sí, pero te me quedas tranquilita escuincla. No me hagas enojar. — Le advierto.

Ella asiente contenta y me abraza. Le doy dos palmaditas en la espalda como acostumbro hacer cuando me abrazan.

Veo a Bianca acercarse a mi rápidamente y la escuincla se separa de mi poniéndose a mi costado. Miro a Bianca con el ceño fruncido.

Irresistible TentaciónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora