Nota de autor: Quisiera advertirles sobre este, es un poco descabellado, pero espero que les guste. Gracias por leer, los quiero! :D
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Elsa suspiró al oprimir el botón que abría la puerta de su garaje, sonrió en automático cuando vio los pies enfundados en sandalias casuales de su novio; conforme la cortina se deslizaba hacia arriba se iban revelando primero los tobillos, después sus pantorrillas, pasando por sus rodillas hasta sus apetitosos muslos que tanto amaba azotar con la palma de su mano cuando hacían el amor.
–Hey, Copo de Nieve– entró sin esperar autorización y le plantó un inocuo pico en los labios.
Hizo una mueca porque quería y necesitaba más de él, pero este no era momento de perder la cabeza con sus hormonas.
–Gracias por venir– le dijo nivelando el largo de los cordones de su sudadera azul que ella misma le regaló hace tres años cuando todavía tenían quince años –De verdad lo aprecio–
–No es nada– le dijo acariciando su espalda.
–Claro que sí lo es, pasar tu domingo limpiando mi garaje no suena como el mejor plan para una cita– ella hizo un puchero.
Él le acarició la mejilla con su pulgar –¿Bromeas?, esto probablemente será lo más romántico que haremos y sin nos apresuramos podríamos aprovechar que no hay nadie en casa y hacer algo más divertido– le dijo pícaramente.
Ella se rio –Por supuesto, después de esto podríamos limpiar mi tina–
Jack le dio una media sonrisa –Mientras lo hagamos estando desnudos, no me molestaría– la atrajo hacia él tomándola por el trasero.
–¡Jack!– ella lo regañó, aunque en secreto estaba completamente de acuerdo con ese plan –Hay que empezar– cambió el tema.
–Bien, ¿por donde?– preguntó viendo a su alrededor.
Elsa hizo una mueca con los labios de forma pensativa, amaba a su familia, pero el resto de ellos no eran tan organizados como ella solía hacerlo, por consecuencia su garaje estaba hecho un desastre; la pasión de su padre por la pesca tenia atiborrado el lugar con cañas de pescar de diferentes modelos, miles de señuelos distintos y peor aún, anzuelos que podrían herir a alguien. Con su madre no era diferente, ella al ser fanática por la jardinería tenía un montón de herramientas que utilizaba para darle mantenimiento a su hermoso jardín, el resultado era precioso, pero el proceso era muy caótico. Anna por su parte era una coleccionista empedernida, la mitad de las cajas de este lugar seguro estaban ocupadas por las colecciones de monedas, de imanes, caracolas, películas en formato VHS e incluso comics y figuras de acción.
–Creo que lo mejor será empezar por sacar todas las cajas ver lo que hay en ellas y desechar lo no esencial– dijo ella entrando en su modo Marie Kondo.
–¿Y que hay con el auto?– señaló el bonito Mustang convertible rojo del 67 cubierto cuidadosamente por la funda protectora –Creo que tenerlo aquí solo nos dificultará el trabajo... incluso podríamos dañarlo–
Elsa arqueó una ceja y lo miró con una sonrisa –Tu lo único que quieres es conducirlo–
–¿Puedes culparme?– preguntó inocente –Tu padre siempre ha tenido buenos gustos con los autos.
Ella rodó los ojos y negó con la cabeza –Bien, es tu día de suerte, porque yo también había pensado en lo mismo– le mostró las llaves tintineantes.
–¿De verdad?– preguntó claramente impactado.
–No preguntes, solo gózalo– se las lanzó y el las atrapó.
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Jelsa one-shots
SonstigesUn recopilatorio de historias Jelsa que rondan por mi cabeza. Un poco de todo.
