Jack era un chico con un par de talentos, era bueno en los deportes, sobre todo en el hockey y en el beisbol; pero también era bueno para ciertas materias de la escuela como historia, geografía y lenguas; tenía un talento nato para lidiar con los niños, tanto que era solicitado como niñera por las amigas de su madre muchas veces; también se llevaba bien con los animales, sobre todo con los perros. Pero uno de sus mayores dones es uno que se reservaba para él y su familia.
–Mas chocolate– se dijo a si mismo luego de hundir el dedo dentro de la mezcla para probarlo –Ella ama el chocolate– corrió dando brinquitos hasta alcanzar la bolsa de cocoa y las chispas de chocolate y regresó hasta el tazón deslizándose sobre el piso encerado de su cocina.
Movía su pie al ritmo de la música que sonaba de fondo mientras agregaba más de los dichos ingredientes a la mezcla y pensaba en Elsa.
Jack era bastante bueno cocinando, sobre todo postres, pero le avergonzaba admitirlo frente a sus otros amigos. Esta ocasión solo cocinaba por una buena razón, mañana sería el cumpleaños de Elsa, la chica que lo mantenía soñando todo el día y por la noche lo mantenía despierto.
Elsa era especial, ella a comparación de él, era talentosa en todo; en patinaje sobre hielo, todas y absolutamente cada una de las materias escolares, además de pertenecer al club de teatro donde demostraba su talento como actriz y cantante, y era una dibujante nata, lo saba por que tomaba clases con ella, siempre tocándole sentarse tras de ella donde podía tener la vista perfecta de su suave y larga cabellera platinada, casi tanto como la de él. Eso no era todo, durante el almuerzo él tenía el privilegio de sentarse cerca de su mesa, donde había notado que en cada comida religiosamente ella comía un postre, se veía feliz con todos, pero su rostro solo se iluminaba de forma especial cuando el postre era de chocolate.
–Están listas las galletas– se dijo a si mismo al sentir el dulce aroma de las galletas de chispas de chocolate que se encontraban en el horno desde hace algunos minutos. Se puso los guantes y se apresuró a abrir la tapa del horno para dejar salir el agradable calor y aroma, tomo una entre sus manos para asegurarse de que estaban en su punto y lo estaban, así que no dudó más y sacó la bandeja completa dejándola sobre la rejilla para que se enfriaran; mientras eso sucedía tomaba la mezcla para brownies que estaba haciendo y la vertió dentro de un refractario especial para meterlo dentro del horno y cerrarlo de nuevo. Solo le quedaba preparar los cupcakes de crema de avellana y las tartaletas de chocolate con frambuesas y estaría todo listo.
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A la mañana siguiente al llegar a la escuela no pudo ocultar su emoción al ver la caja para postres con el contenido perfectamente acomodado y decorado con un pequeño y sutil lazo.
Había llegado muy temprano para asegurarse de que Elsa no viera quien había dejado el presente, ya que era lo suficientemente valiente como para dejárselo, pero no para hacerle saber que era de su parte, se conformaría con verla comer al menos uno de los postres.
–Pst– escuchó el sonido de su amigo llamándolo, se giró para ver a Eugene quien ya lo estaba esperando frente al casillero de Elsa. Tal vez no les contraria a sus amigos sobre su afición a la cocina, pero si sobre su crush con Elsa, por lo que el chico castaño se había ofrecido a ayudarlo a dejar el regalo dentro del casillero de ella.
–Hey, eso luce bien, ¿Dónde las conseguiste?– el amigo se vio tentado al ver los postres apetitosos.
–Mi mamá los preparó– mintiendo –¿Seguro que puedes abrirlo?– cambió de golpe el tema.
Eugene soltó una carcajada, le dijo una mirada galante mientras se apoyaba sobre el casillero para con su otra mano darle unos golpecitos en ciertos puntos haciendo que la puerta se abriera con un clic.
–Olvídalo, no sé ni porque lo pregunté– dijo Jack apresurándose a dejar el presente dentro del casillero de ella.
–¿En serio no le dejaras ni una nota?– preguntó Eugene preocupado por su amigo
–Nop– respondió seguro –Sabes que es lo mejor– se dijo más para si mismo que para su amigo.
Eugene suspiró sabiendo que no podría cambiar la terca mente de su amigo –Es tu decisión–
Con esto cerró el casillero sin pensarlo más y ambos amigos huyeron de la escena, sin contar con que había alguien espiándolos.
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Al llegar esa mañana, Elsa fue recibida por felicitaciones por parte de sus compañeros en los pasillos, hasta que llegó a su casillero a sacar sus libros como era usual.
–Wow– sus ojos se abrieron con sorpresa al ver el regalo dentro de la caja metálica, lo tomó entre sus manos apreciando por unos momentos lo bien elaborado que estaba.
–Feliz cumpleaños– una voz femenina apareció tras sus espaldas tapándole los ojos mientras canturreaba.
Elsa se rio y se giró para ver a su prima –Rapunzel, muchas gracias, no debiste de molestarte– ella pensó en automático que se trataba de ella.
–Yo no lo hice– se encogió de hombros con una sonrisa traviesa –Pero... sé quién lo hizo– canturreó con voz juguetona.
Elsa pensó –¿Anna?– fue lo segundo que se le ocurrió.
Rapunzel negó con la cabeza– Jack Frost–dijo.
Los ojos de Elsa se abrieron aún más –¿Jack Frost?– preguntó incrédula –¿Por qué él habría de darme un regalo de cumpleaños?– preguntó confundida.
–Es lo que hace con todo el mundo, le da regalos a todos en la escuela cuando es su cumpleaños– dijo de forma sarcástica.
–¿En serio?– preguntó ella creyéndoselo.
Rapunzel se quejó y rodó los ojos –Despierta, Elsa– se acercó para darle golpecitos suaves en la cabeza –Es obvio que le gustas–
Elsa lo miró todavía más incrédula –¿Yo?, pero... si nunca me ha hablado–
Su prima se encogió de hombros –Es tímido– dijo –Podrías ser tú la que dé el primer paso–
Con esto se fue dejando pensativa a Elsa, quien después de unos momentos abrió la caja para comer uno de los postres, una tartaleta.
Jack veía a lo lejos con una gran sonrisa en el rostro al notar su rostro iluminarse y con eso de dio por bien servido.
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A la salida Jack se dirigía a su auto por el estacionamiento de la escuela con las llaves tintineando en sus dedos cuando fue interceptado por una voz.
–Jack–
Se quedó helado al darse cuenta de que era la voz de Elsa.
Se giró lentamente para enfrentarla. Afuera estaba nevando ligeramente y el aliento de ambos se podía visualizar.
–Yo solo... solo quería agradecerte– dijo ella con timidez –Los postres estaban deliciosos, ¿tú los hiciste?–
Jack quiso preguntar cómo se había enterado ella de que había sido él, pero en su lugar asintió lentamente sin entender porque había decidido el peor momento para ser honesto.
–Pues... tienes talento– dijo ella con una sonrisa –De verdad agradezco el gesto... pero... ¿Por qué no me los diste en persona o dejaste al menos una nota?–
Jack se encogió apenado –Uh...– no sabía que responder.
Elsa se dio cuenta de esto y la incomodidad que le estaba causando así que decidió cambiar de tema –Uh... Esta noche iba a ir al cine con Anna, pero despertó enferma... Todavía tengo los boletos y me preguntaba si... ¿si te gustaría ir conmigo?, sería una buena forma de agradecerte el regalo–
Jack se sonrojó –Uh, ¡si!– sonrió bobamente –pero, déjame al menos ir a buscarte, me sentirá mal si no lo hiciera–
Elsa sonrió –Está bien, ¿te veo a las siete?– preguntó alejándose para ir a su propio auto.
–A las siete está bien– respondió Jack con una enorme sonrisa.
Una vez Elsa se fue pudo sacar todo el aire que había aguantado en sus pulmones este tiempo y soltó una risa nerviosa para luego comenzar a girar y gritar de alegría por el estacionamiento.
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Jelsa one-shots
RandomUn recopilatorio de historias Jelsa que rondan por mi cabeza. Un poco de todo.
