Day 23: Arguing

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Elsa y Jack eran una de esas parejas que podían jactarse de lo sana que era su relación, eso sobre todo por el hecho de que nunca habían discutido en los seis años de noviazgo que tenían; para ellos, la mejor solución a los problemas era sentarse y discutir el tema con tranquilidad, cuando uno se molestaba podrían tomarse un tiempo a solas para calmarse, pero siempre volvían con la mente fría para hablar sobre ello con el otro.

Eso fue así hasta que se mudaron juntos.

Al contrario de lo que todo el mundo creía, las peleas no habían comenzado por la abismal diferencia en sus estilos de vida, si no por una simple y estúpida banalidad... comida.

Todo comenzó un lunes que Elsa abrió el refrigerador para encontrarse con que su preciada barra de chocolate, la cual había comprado y guardado especialmente para llevársela como postre al trabajo ese lunes, había desaparecido. Ella, un tanto confundida, no supo cómo reaccionar ante esto, Jack jamás se comía los chocolates sin antes preguntarle si eran de ella... tal vez esta vez lo había olvidado.

Lo dejó pasar.

Un jueves por la tarde al llegar del trabajo, Jack buscó en el refrigerador la última lata de Dr. Pepper que había guardado para sí mismo, pero se encontró con que ya no había ni una sola lata. El arqueó una ceja, porque él era el único que tomaba Dr. Pepper, a Elsa no le gustaba, pero tal vez hoy se le había antojado.

El sábado, temprano había horneado galletas para el brunch que tendría junto con sus amigas en casa de su hermana menor, se tomó un par de horas para arreglarse mientras dejaba que Jack jugara videojuegos en la sala. Para cuando bajo a guardar las galletas se percató de que la mitad faltaban, echó una mirada hacia la sala para ver a Jack dormido con la televisión encendida, él solo se quedaba dormido después de comer mucho. Esto la hizo arrugar las cejas y acercarse a él para despertarlo.

–Jack– le tocó el hombro despertándolo.

–¿Uh?– se sacudió al despertar.

–¿Te comiste casi todas las galletas?– preguntó ella molesta.

–¿Galletas?, ¿Qué galletas?– preguntó confundido por el sueño.

–¡Las que estuve horneando toda la mañana, lo sabes!– le dijo desesperada.

–Oh, si, cierto– recordó él –Pero, no, no he comido galletas– dijo con seguridad.

–¿Y entonces que son todas estas migajas?– señaló el suelo alfombrado –Y estabas dormido, solo duermes cuando has comido mucho–

Jack negó con la cabeza –Y-yo... no, no sé qué sean esas migajas, pero yo no he comido ni una sola galleta. Me quedé dormido porque anoche estuve trabajando hasta tarde y lo sabes– dijo decepcionado de ella.

Elsa no dijo nada más, solo decidió que era mejor calmarse e irse para luego hablarlo.

Jack por su parte, pensó en exactamente lo mismo, así que después de que Elsa se fuera fue a casa de su madre a visitarla, donde le contó lo sucedido y ella le aconsejo lo que él ya sabía, lo despidió con un beso y un pay de manzana recién hecho.

Al llegar a casa Jack se dio cuenta de que estaba solo, miró dentro del refrigerador dándose cuenta de que estaba inusualmente desprovisto de cosas, por lo que tomó la decisión de ir al supermercado a buscar algo para preparar de cena, no sin antes dejar el pay de manzana sobre la barra de granito.

Fue en su auto al lugar más cercano donde tomó un paquete de pasta, salsa de tomate y carne para hacer pasta, además de un cartón de leche para degustar el postre que su madre había preparado.

Al llegar se encontró con el sonido de las pisadas de Elsa en el segundo piso de la casa, decidió no avisarle que estaba de regreso para sorprenderla, así que fue directo a la cocina donde se encontró con lo peor que pudo imaginarse.

El pay que su madre le había hecho estaba masacrado, solo quedaban restos de la costra y la barra estaba sucia con las migajas de pan y el relleno.

–¡Elsa!– esto lo hizo estallar.

Escuchó los pasos de su novia bajando.

–¿Qué sucede?– preguntó preocupada por su tono de voz.

–¿Cómo pudiste?– le reclamó molesto.

–¿Y ahora que mosco te pico?– preguntó ella indignada por cómo le estaba hablando.

Jack la guio hacia la cocina para mostrarle la escena –Mi madre hizo ese pay para ambos, no tenías porque hacer esto–

Elsa se quedó boquiabierta –P-pero... yo no lo hice– intentó defenderse.

–¡Lo hiciste!– le dijo molesto –Llevas días culpándome por comida desaparecida cuando eras tú la que se está comiendo todo en nuestro refrigerador.

–¡Si hay alguien que se está acabando la comida a hurtadillas eres tú!– puso un dedo sobre su pecho –¡Te comiste mis chocolates y las galletas que preparé!... y aun así tienes la osadía de culparme por esto– dijo molesta.

–¡No puedo creerlo!– gritó furioso –Elsa, es obvio que tú hiciste todo esto–

–No, ¡es obvio que tú lo hiciste– la acalorada discusión se vio interrumpida por el sonido del refrigerador abriéndose a unos metros de ellos.

Ambos apartaron la mirada del otro para ver la luz que emitió el interior saliendo por una rendija, además de escuchar el sonido de cosas moviéndose. La pareja se miró buscando quien sabe qué.

Elsa hizo señas para que Jack fuera por el lado izquierdo y ella por el derecho.

Ambos, armados, él con un trapeador y ella con una escoba, caminaron lentamente hasta el refrigerador para a la cuenta de tres saltar sobre lo que fuera que estuviera ahí.

–Oh...– ambos bajaron sus armas al darse cuenta de que era un obeso mapache.

–Owww, es solo un mapachito– dijo Jack con ternura.

–Así que eres tú quien se robaba nuestra comida– Elsa se inclinó con dulzura y notables intenciones de tocarlo, pero el animal se puso a defensiva de inmediato y les lanzó un gruñido aterrador que los hizo gritar y salir corriendo de la cocina.

–¡Llama a control animal!– gritó Elsa subiéndose al sillón y tomando un cojín para protegerse.

Jack buscó refugió tras de ella –¡No puedo!, dejé el celular junto al mapache anarquista–

Jelsa one-shotsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora