No se en que momento mi mente dijo que si podia escribir una historia por día por treinta días xd mente estupida.
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Jack se frotó el rostro y se dio unas palmaditas en las mejillas tratando de verse menos adormilado de lo que se sentía, pero el gran reloj en la pared que marcaba las 4:37 am le recordaba nuevamente a su cuerpo que debería estar durmiendo y no en el aeropuerto; pero no iba a no ir por su novia luego de no verla por dos semanas enteras.
Pensó en Elsa, pensó que ella tal vez había dormido un poco en el avión, pero que seguro la diferencia de horarios le afectaría, por lo que, en cuanto vio el letrero de Starbucks, creyó que seria bastante conveniente conseguirse un café a él y a su novia.
Jack se acercó y pidió un Expreso Americano bien cargado para él, y como a Elsa no le gustaba lo amargo, le compró un Latte.
Tomó el portavasos de cartón blando que sostenía los vasos de café y caminó hasta la puerta de donde se suponía saldría Elsa.
Esperó unos cinco minutos más antes de que el sueño se fuera por completo al verla aparecer con su enorme maleta además de otra que cargaba en su hombro izquierdo.
En cuanto ella lo vio se detuvo para saludarle con su mano y acelerar el paso para llegar a él.
–Te extrañé– se dijeron mutuamente al abrazarse.
Permanecieron así unos segundos antes de separarse y darse un pico –¿Cómo estuvo tu vuelo?–
Elsa lo miró con dolor en el rostro –Hubo mucha turbulencia, no podía dormir– Jack le acarició la mejilla sintiendo lastima por ella.
–Owww, no te preocupes, te compré café– le dio su vaso de cartón –Te ayudará a aguantar lo suficiente–
Elsa sonrió con ternura ante los pequeños gestos que tenía Jack con ella, pequeños gestos como comprarle un café o ir por ella al aeropuerto.
–¿Vamos a casa?– él le preguntó.
Ella asintió –Si, muero por ver a Olaf– respondió abrazando la cintura de su novio.
–Lo he cuidado bien– la tranquilizó él tomando la maleta grande para ayudarle a Elsa –También regué las plantas y recogí el correo–
–De verdad te agradezco que hayas cuidado de mi apartamento todos estos días– dijo ella.
Jack negó –No fue problema alguno, solo queda a tres pisos del mío– él recordó algo –Oh, la señora Hasagawa me confundió contigo como unas treinta veces y las otras cuarenta intentó llamar a la policía creyendo que estaba tratando de robarte–
Elsa se rio –Pero... te he presentado con ella como diez veces–
–¡Es lo peor!– se quejó Jack –Y cuando intentaba recordarle mi nombre no me entendía–
Esto la hizo reír de nuevo.
–Bueno, ella tiene noventa, Jack– mencionó –Creo que perdió el oído izquierdo, y del derecho solo tiene un 10% de audición, además de que no puede ver bien ya–
–Lo sé– comentó abriendo la cajuela de su auto para meter las maletas –Solo digo que... a ti te recuerda a la perfección– se rio él.
El camino a casa fue un poco largo, pero entre la charla amena y la agradable sensación de conducir sin trafico hizo más llevadero el sueño que ambos cargaban en sus parpados.
–¿Cómo estuvo el curso y Japón?– preguntó Jack.
Elsa pensó –El curso estuvo muy tedioso– se quejó –Pero me encantó explorar Tokio cuando teníamos tiempo libre, todo es realmente muy diferente aquí, ¿sabias que hay máquinas expendedoras de bebidas calientes?– preguntó ella.
Jack arqueó la ceja –¿Te refieres a cosas calientes como café caliente?–
Ella asintió –En lata. De alguna manera lograron construir maquinas que pueden mantener caliente un café enlatado–
–¡Suena divertido!– dijo él.
–Oh– ella tocó el brazo de él al recordar lo mas maravilloso –Y las flores de cerezo, toda la ciudad estaba llena de pétalos rosas, muero por mostrarte las fotos–
Jack sonrió –¿Y viste robots?– preguntó.
–Si, en un café había un robot mesero, incluso tenia su uniforme– relató ella.
–Me hubiera encantado ver eso– dijo él.
Elsa tuvo un pensamiento –Tal vez podríamos ahorrar e ir el próximo año–
Jack sonrió en automático al escuchar ese plan a futuro –Acepto–
Al llegar al apartamento de Elsa ella lo invitó a quedarse a tomar el desayuno que ella prepararía como forma de agradecimiento por la ayuda, además de aprovechar para seguir charlando sobre el viaje y mostrarle los recuerdos que había traído.
–Elsa, de verdad trajiste muchas cosas– dijo Jack tomando los paquetes de dulces japoneses en sus manos, los cuales estaban junto a muchos otros recuerdos en la maleta mediana.
–¿Me excedí?– preguntó nerviosa –De verdad quería traer muchas más cosas porque todo me parecía que les gustaría–
–Hey, ¿esto es meronpan?– tomó uno de los paquetes translucidos que llamó su atención.
–Es para ti– aclaró –Recordé que me habías hablado de esto–
Jack asintió –Tadashi fue el que me enseñó una fotografía– pensó en su compañero de trabajo y como habían tenido una pequeña y casual conversación sobre comida asiática –Gracias, Els– no dudó en abrirlo para darle una mordida.
–¿Qué te parece?– preguntó ella.
Jack masticó sintiendo los nuevos sabores y texturas –Si sabe a melón, pero no tanto como yo pensé. De todas formas, está muy bueno– su atención fue captada por una bolsa plástica con el logo de un pingüino azul –¿Y esto?–
Elsa se sonrojó al recordar lo que era –¡No!–
Jack se detuvo antes de abrir la bolsa –¿E-es algo que no debo ver?– preguntó pensando en posibilidades.
–¡Si!... bueno, no, pero te vas a burlar– ella se cubrió el rostro avergonzada.
Jack tomó sus manos –¿Por qué habría de burlarme?–
–Es una tontería– ella desvió la mirada –Entre a una tienda, Don Quijote, donde vendían demasiadas cosas... y vi algo que pensé seria lindo, pero luego de pagarlo me arrepentí porque creí que pensarías que es muy cursi–
Jack hizo una mueca con los labios y abrió la bolsa encontrándose con otro par de bolsas transparentes que claramente protegían dos prendas.
–¡Hey, yo he visto estos!– Jack tuvo un vago recuerdo –Son esas pijamas, ¿no?– se apresuró a abrir el empaque para extender la pijama de cuerpo completo de dinosaurio azul.
–Creo que se llaman Kigurumis– ella se calmó un poco al ver la expresión genuinamente interesada de él.
–¡Me encanta!– el sintió la tela afelpada contra las yemas de sus dedos –Y son para parejas– tomó el otro paquete que tenia uno igual a ese pero en celeste.
Jack sonrió de oreja a oreja.
–Hey, hoy hace frio y ambos tenemos sueño...– comenzó la propuesta –¿Te gustaría probarlos?–
En menos de diez minutos la pareja ya se encontraba acurrucada en cama de Elsa con el gato blanco, Olaf, durmiendo en medio de ellos.
Los tres dormían profundamente y sin pasar nada de frio en sus adorables pijamas.
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Jelsa one-shots
RandomUn recopilatorio de historias Jelsa que rondan por mi cabeza. Un poco de todo.
