Jack Frost se movió con paso tranquilo por los pasillos de la escuela, estaba seguro de que todavía le quedaban varios minutos de sobra antes de comenzar su siguiente clase, por lo que no tenía prisa. Su mente divagaba en el almuerzo, había traído consigo veinte dólares y tenía tanta hambre que realmente no le importaba lo que hubiera en el menú de hoy.
"Solo una clase más" pensó antes de ingresar al salón donde tomaría química. Arrugó el gesto con extrañeza al ver que en su mesa de laboratorio faltaba lo más importante.
Husmeó brevemente por la pantalla de su celular para ver si había recibido algún mensaje de Elsa, pero no había nada.
Tal vez solo se le había hecho tarde. Lo cual sería algo muy raro en ella porque siempre llegaba rápido a química, era de sus materias favoritas.
Tomó asiento y esperó con paciencia mientras veía hacia la puerta donde uno a uno iban entrando a la habitación sus demás compañeros, cada que veía a alguien aproximándose esperaba que fuera ella.
Finalmente la vio y sus ojos se abrieron al ver que no estaba sola, estaba hablando con Hipo.
De forma involuntaria su pie comenzó a golpear el suelo de forma ansiosa y una extraña punzada en el pecho lo molestaba. No podía negarse a si mismo el hecho de que le molestaba que alguien como Hipo de repente se volviera tan cercano a Elsa de un día para otro, puesto que los había estado observando hablar desde hace un par de semanas apenas.
Jack sabía de las evidentes intenciones ocultas del castaño, le gustaba Elsa, se le notaba por como la miraba.
Sintió su estomago retorcerse por los nervios y la ira contenida.
¿Qué podría verle Elsa a él?, Hipo era insulso, torpe, raro y no se afeitaba la poca barba que le salía. Intentaba engañarse con eso, pero la verdad es que Jack sabía que Hipo era totalmente el tipo de Elsa, era inteligente, habilidoso y tenía lindos ojos.
Sacudió la cabeza ante este último pensamiento.
Vio a Elsa despidiéndose de Hipo antes de entrar al laboratorio y tomar asiento a su lado.
–Hola– lo saludó con una gran sonrisa.
–Así que, ¿realmente es en serio?– ignoró el saludo y sus celos (que se negaba fervientemente a admitir).
–¿De que hablas?– lo miró con extrañeza.
–Hipo Abadejo, te gusta– dijo con tono de burla para enmascarar su ira reprimida.
Elsa rodó los ojos –Estamos haciendo juntos un proyecto de artes, solo eso–
–Pero si te invita al baile, no le dirías que no, ¿o si?– insistió.
Elsa no respondió, solo sonrió mientras sacaba las cosas de su mochila.
–¿Lo ves?– Jack sonrió con malicia –Te conozco desde los diez años–
La rubia platinada suspiró con resignación –Es amable– argumentó.
Jack soltó una carcajada sarcástica –¿Y solo porque es amable saldrías con él?, ¿sabes quien más era amable?, Thomas Edison y le terminó robando a Nikola Tesla–
–Estas siendo absurdo– ella rio ante la rara comparación –Además, ¿con que derecho me juzgas si irás al baile con Astrid?–
–¿Qué tiene de malo Astrid?– preguntó como si no supiera la respuesta, en todos estos años que se negaba a aceptar sus sentimientos por su mejor amiga, decidió enfocarlos en su "chica soñada", Astrid Hofferson. Es decir, como no tener un flechazo por la chica rubia, era fuerte, inteligente, independiente y esas cualidades la convirtieron en la capitana del equipo de hockey femenil. Pero a Elsa nunca le había agradado Astrid, y al parecer el sentimiento era mutuo, puesto que la rivalidad entre ellas dos era notoria.
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Jelsa one-shots
De TodoUn recopilatorio de historias Jelsa que rondan por mi cabeza. Un poco de todo.
