Elsa se abrió paso entre la multitud de gente comprimida en la sala de la casa en dirección a la puerta principal. En cuanto logró salir de ahí casi casi que salió disparada al sentir que le faltaba aire, sin embargo, no era por la conglomeración de la fiesta. Soltó un gran suspiro antes de caminar hacia la acera y sentarse en la orilla de esta con sus pies en el asfalto. Suspiró por segunda vez y miró sus zapatos estilo vintage marrones. No podría decir que había escogido el disfraz más elaborado de todos, pero si le importaba lo suficiente esta fiesta como para invertir su esfuerzo en lo que usaría ese día. Quería decir que no le dolía y divertirse de todas maneras, pero tal parecía que todas esas decepciones todavía no eran suficientes para ya no esperar nada de su novio, Hans. Ella lo sabia muy bien, por eso mismo había escogido algo sencillo para que no pusiera tantos peros y que con suerte, esta vez no le quedaría mal.
"Lo siento, no voy a ir"
Era lo que decía en el mensaje que recibió de él hace unos minutos. En cuanto lo leyó fingió indiferencia por un rato y cuando tuvo la oportunidad se excusó con su grupo de amigos y huyó. Ahora se encontraba sentada en el frio otoñal de Pensilvania, aunque era un estado hermoso, extrañaba un poco la gran ciudad. Se habían mudado hace seis meses y desde entonces Hans, con quien tenía una relación desde los quince, era quien venia a visitarla cada que podía. Le hubiera gustado decir que era la distancia la razón por la que su relación no iba bien, pero la verdad que este tipo de problemas siempre habían estado. La única razón por la que no terminaba con Hans era por sus padres, quienes amaban los beneficios que traía esta relación para las empresas de ambas familias.
Levantó la mirada al sentir como los faros de un auto se acercaban a lo lejos, cuando sintió que la luz la cegaba apartó la mirada. La molestia no duró mucho porque pronto la luz se apagó indicando que se había estacionado cerca.
–¡Eres increíble, Jack!– escuchó una voz femenina alzando la voz seguida de un portazo.
Vio a una chica dar pasos furiosos en sus zapatos de aguja.
–¡Thiana!– él la persiguió cruzando la calle.
–¡Te dije que no quería venir a esta fiesta ni usar este estúpido disfraz!– se calló en cuanto a vio a Elsa sentada frente a ellos. Vio su vestido marrón vintage y las orejas de perro que colgaban a los costados de su cabeza –No puede ser– la chica desconocida se tocó la frente con fastidio. Ella estaba vestida también como Lady de La Dama y El Vagabundo, pero una versión más moderna.
Elsa boqueó intentado decir algo, pero las palabras no le salieron.
–Jack, eres guapísimo, pero eres muy infantil– miró al chico vestido con pantalones negros, tirantes y camisa gris –Terminamos–
La rubia platinada no pudo hacer nada más que quedarse inmóvil ante la bizarra e incomoda escena que acababa de presenciar mientras la desconocida se alejaba en dirección a la casa dejando al otro chico solo con ella.
Hubo un largo silencio incomodo, pero antes de que Elsa pudiera hablar él se adelantó girándose para mirarla –Así que... ¿La Dama y El Vagabundo, Eh?– Señaló su gargantilla azul con un dije en forma de rombo, como el del personaje.
–Sí–
Él se encogió de hombros antes de sentarse a su lado –Supongo que eso me hace sentir mejor, al menos se que no era tan mala mi idea– suspiró apartando la vista.
Elsa lo miró sonriendo, pero detrás de esa sonrisa podría percibir tristeza –...¿Estas bien?– se animó a preguntar.
–Sí, creo que era algo predecible– mostró los dientes en una sonrisa incomoda –Si soy algo inmaduro... pero es que adoro el Halloween– volvió a mirarla.
Ella se sintió enternecida por el brillo en los ojos azules del chico cuando dijo esto último –Yo también–
–Soy Jack, por cierto– se presentó.
A pesar de que ella lo sabía porque escuchó a la otra chica llamarlo así, respondió al saludo –Elsa–
–¿Y que haces aquí afuera?, tu Tramp seguro te extraña– comentó.
Ella negó con la cabeza –Tampoco quiso venir–
–Oh– respondió Jack comprendiendo la situación –Pues... él se lo pierde, porque te ves muy bien–
Elsa le sonrió sintiéndose reconfortada –Ella también se lo pierde– devolvió el cumplido refiriéndose a su ahora exnovia.
–¿No te gustaría entrar?– preguntó.
Elsa asintió preparándose para ponerse de pie, pero Jack se le adelantó ofreciéndole su mano. Ella aceptó con gusto la ayuda que le daba.
–Hey, ¿tú no eres amiga de Rapunzel?– preguntó Jack en cuanto ella estuvo de pie alisándose la falda de su vestido.
La chica asintió –Sí, es mi prima–
Jack jadeó incrédulo –Ella me ha contado sobre ti y tu hermana, ¿se mudaron hace poco, verdad?–
–Hace solo medio año– entonces ella recordó la conversación que tuvo con su prima hace un par de meses –¿Tu eres el capitán del equipo de jockey?–
–Sí, soy yo– respondió.
Elsa siempre la escuchaba hablar sobre sus amigos, desafortunadamente ella iba a un colegio privado junto con su hermana, pero Rapunzel ya le había dicho sobre sus intenciones de presentarles a sus amigos.
–¿Sabes?, ella dijo que tú y yo podríamos llevarnos bien– comentó Jack con una dulce sonrisa.
Elsa soltó una carcajada al imaginarse las intenciones ocultas de su prima, quien aborrecía a Hans –Seguro que lo hizo–
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Jelsa one-shots
De TodoUn recopilatorio de historias Jelsa que rondan por mi cabeza. Un poco de todo.
