Una mañana típica para Elsa de Arendelle era levantarse a las 6:00 am sin necesidad de una alarma, su reloj biológico estaba incluso más afinado que la más fina pieza de reloj. En cuanto sus
ojos se abrían ella ya estaba haciendo una lista en su cabeza respecto a todo lo que tenia que hacer antes de ir a trabajar.
El primer paso era ponerse de pie, lo cual era sencillo, se sentaba sobre la cama y se colocaba sus pantuflas; después procedía a tender la cama, asegurándose de que quedara perfecta para volver a usarla en la noche, acomodaba los cubre colchones, luego las sábanas y sobre estas el cubrecama y finalmente las almohadas.
Una vez hecha la cama, caminaba a su baño para cepillarse los dientes, darse un baño con agua caliente, aplicando primero shampoo, después su acondicionador, una mascarilla hidratante y proceder a limpiar su cuerpo, primero con jabón, luego se exfoliaba, humectaba su piel y finalmente se colocaba lociones corporales. Al salir de la regadera se enrollaba una toalla sobre el cabello y se comenzaba a secar el cuerpo con toquecitos y se aplicaba una crema corporal antes de ponerse la ropa interior. Se secaba el cabello con una secadora y lo cepillaba.
Con el maquillaje, se colocaba el bloqueador solar primero en donde lo necesitaría, lo siguiente era ponerse un primer, la base, el polvo, se pintaba los parpados con sombras, los delineaba, se enrizaba las pestañas y les aplicaba mascarilla, un poco de colorete en las mejillas, iluminador por aquí y por allá, y sin olvidar los sueros y el fijador.
Se vestía con la ropa que había seleccionado la noche anterior sin dejar de usar sus zapatillas de tacón de aguja. Culminaba poniéndose un par de accesorios, labial y un poco de perfume.
Con ello salía de casa para pasar a Starbucks a comprarse una ensalada, un muffin y su café late para desayunar. Una vez hecho esto solo quedaba llegar a su trabajo en donde siempre se amotinaba entre todos los que trataban de usar el elevador. Al llegar a su piso saludaba a sus compañeros y dejaba sus cosas en su cubículo.
–Buenos días– ella giró la cabeza para ver a Jack Frost asomándose desde su cubículo frente al de ella.
Ella le sonrió con dulzura –Buenos días–
–¿Quieres que almorcemos juntos?– le preguntó a su novia.
Ella asintió feliz con ello. Definitivamente ver a Jack era lo mejor de su mañana.
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Para Jack Frost una típica mañana implicaba haber programado la noche anterior un total de ocho alarmas a diferentes horas 6:00 am, 7:00 am, 7:10 am, 7:15 am 7:20 am, 7:30 am, 7:40 am, 7:42 am. Las cuales todas apagaba, todas hasta llegar a la ultima en donde se levantaba de golpe sintiéndose desorientado entre el mar de almohadas.
–¡Mierda!– gritaba todas las mañanas al ver que le quedaban menos de veinte minutos para llegar al trabajo.
Se ponía de pie y corría descalzo hasta su baño para darse un baño de agua helada que consistía en un montón de shampoo para lavarse la cabeza y el cuerpo. Salía de la regadera escurriendo agua y se secaba el cabello y el cuerpo dejando las toallas en el suelo. Se apresuraba a acomodarse un poco el cabello, afortunadamente siempre se rasuraba antes de dormir, se colocaba desodorante y loción para oler bien, en lo que se tomaba un poco de tiempo era en sus dientes, cepillándolos bien, pasándoles el hilo dental y usando enjuague bucal. Concluía vistiéndose con lo primero que estuviera a la mano.
Desde la secundaria se había acostumbrado a no desayunar y aunque tuviera tiempo, le provocaba un poco de nauseas comer en la mañana, pero su café no podía faltar. Lograba llegar a tiempo e incluso con un par de minutos de anticipación al trabajo en donde saludaba a sus compañeros y se ocultaba en su cubículo esperando a que fuera el momento.
Siempre estaba atento a su llegada, sabia que era ella tan solo por el sonido de sus pasos elegantes y su suave voz saludando a todos.
Asomar la cabeza desde su cubículo y ver a su novia era lo mejor de su mañana.
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Jelsa one-shots
De TodoUn recopilatorio de historias Jelsa que rondan por mi cabeza. Un poco de todo.
