El chico miró sus pies descalzos abriéndose paso entre la grama húmeda por el sereno de la noche, el cual estaba pintado en diversas tonalidades parduscas a causa del clima propio del invierno en Pensilvania.
Por el rabillo del ojo podía ver a su izquierda las piedrecillas sueltas del asfalto de la carretera, habían estado caminando a un costado de esta por cerca de unos veinte minutos ya. Al girar la cabeza hacia atrás se dio cuenta de que habían caminado tanto que ya no podía ver el punto del cual había partido.
Entonces recordó...
–¿Y tu como terminaste aquí?– preguntó con voz clara antes de volver la cabeza hacia la chica que caminaba unos pasos delante de él. Su largo cabello rubio se movía en sincronía con sus pasos.
Al procesar la pregunta que el chico le había hecho se detuvo en seco para mirarlo con una mirada de indiferencia.
El tomó eso como una contundente respuesta. No iba a hablar.
Antes de encontrarla él ya había estado vagando por la orilla de la carretera en medio de la penumbra por al menos una hora. De hecho, no la hubiera visto de no ser por aquel auto que pasó por la carretera en el sentido contrario del que él caminaba; fue gracias a los faros altos que pudo distinguir su silueta en medio de la noche.
Ella también estaba perdida como él.
–No pasan muchos autos por esta carretera– tiró al aire ese comentario que surgió de manera aleatoria en su cabeza.
La chica de piel pálida suspiró –Es navidad, todos están en casa– respondió antes de dar media vuelta y seguir caminando.
–Es verdad– miró el reloj de su muñeca.
22:36 pm
–Yo también debería estarlo– suspiró con pesar dejando ver el vapor de su aliento iluminado solo por la luna.
Al menos no estaba nevando.
–¿Y tu?– preguntó ella.
–¿Huh?– la pregunta lo sacó de sus miserables pensamientos.
–¿Cómo terminaste aquí?–
Ambos caminaron sin parar.
–Fui a la ciudad a buscar el regalo de mi hermana y madre– comenzó a relatar –Pero fui un idiota, perdí mi mochila; ahí tenía mi dinero y boletos del autobús de regreso. Pensé que si seguía la carretera podría pedir un aventón, pero tienes razón, no consideré que hoy es navidad–
Ella asintió comprendiendo.
–Mi madre ha de estar preocupada junto al teléfono porque no le dije que vendría a la ciudad– en su cabeza rondaba la imagen de su madre angustiada haciendo múltiples llamadas a todos sus conocidos preguntando por él, probablemente a punto de ir a la estación de policía a levantar un reporte por desaparición. También pensó en Emma y como le había arruinado la navidad con esta imprudencia suya.
–¿Cómo te llamas?– preguntó ella interrumpiéndolo de nuevo.
–Jack– dentro de su pena se dio el momento de esbozarle una sonrisa amable.
Ella se la respondió.
–Yo soy Elsa– se presentó –Mi hermana me esperaba en casa. Tenía la fiesta de navidad de la universidad, como organizadora, no podía no asistir; el plan era ir un rato y regresar a casa en autobús, pero se me hizo más tarde de lo que esperaba y cometí el error de aceptar el aventón de ese sujeto– explicó con tranquilidad.
–Confié solo porque era otro de los organizadores, fui bastante ingenua– continuó relatando –Empecé a perder la calma cuando lo vi desviarse de la ruta y eso lo asustó–
Jack asintió.
–Solo desearía saber cómo esta Anna, nuestros padres murieron cuando éramos más jóvenes... soy lo único que tiene–
Jack miró su semblante triste para luego enfocarse en los demás detalles que no había notado. Su cárdigan y falda larga contrastaban mucho con su sudadera con capucha como si existieran décadas de diferencia en su estilo de vestir.
Entonces se dio cuenta. Distinguió el parche con el logo de la universidad que permanecía cocido en el bolsillo delantero en su cárdigan
–Arendelle...– murmuró en voz baja, pero no lo suficiente para que ella no lo notara.
Impactada al escuchar el apellido giró su cabeza y se acercó a él.
–¿Qué dijiste?– preguntó en shock.
–Tu eres Elsa, ¿tu hermana es Anna de Arendelle?– preguntó tan pasmado como ella.
–¿Cómo sabes su nombre?– la voz de ella estaba ahogada.
–¡Yo la conozco!– exclamó con una sonrisa –¡Es la rectora de la universidad!, Dios... ella te ha estado buscando todo este tiempo–
–¿De verdad?– preguntó Elsa con ojos vidriosos.
Jack asintió –¡Si!, se casó con Kristoff Bjorgman y tienen tres hijos– le explicó –¿Dónde has estado, Elsa?– preguntó con voz quebrada.
Ella suspiró mirando en dirección al bosque.
Jack hizo una mueca y antes de poder decir algo el sonido de un montón de sirenas a lo lejos los distrajo de su reveladora conversación.
–¿Qué es eso?– preguntó Jack al ver un punto de luz blanca aproximándose a la distancia, este se acercaba cada vez más volviéndose más grande e intensa.
De esta fuerte luz salieron un convoy de 3 patrullas y dos ambulancias, ambos las miraron ir en dirección de donde ellos venían a toda velocidad.
Jack dio unos pasos adelante sabiendo lo que significaba –Tengo que regresar– la miró dispuesto a echarse a correr –Ellos pueden ayudar, a ambos–
Elsa frunció los labios con lastima –Sabes que es muy tarde... para ambos–
Ambos volvieron a girar su cabeza hacia la luz intensa que permanecía a unos metros de ellos.
–Solo quería saber que Anna estaba bien, no quería que estuviera sola– dijo para luego mirarlo a él directo a los ojos –Ahora, gracias a ti, se que ella lo está... Voy a seguir adelante, deberías venir conmigo o te quedarás sesenta años vagando por aquí como yo lo hice– le ofreció su delicada mano.
Jack miró sus dedos estirándose en dirección a él –Pero mi mamá y Emma...–
–Ellas estarán bien, como Anna lo está– sonrió –Ellos se encargarán de llevarte con ella– hizo un gesto con la cabeza hacia las ambulancias y patrullas.
Jack suspiró –No tengo zapatos... los perdí– a este punto solo se inventaba excusas para no hacer lo que debía de hacer. Su tiempo en la Tierra había sido más corto de lo que alguna vez esperó y francamente le causaba pesar eso, pero así eran las cosas, no era el único y ciertamente tampoco el ultimo. Por algo tenia a Elsa frente a él, quien era un par de años más joven que él, tampoco fue justo para ella.
–No creo que a ellos les importe– le volvió a sonreír con calidez.
Jack asintió tomando su mano.
–Al menos pude ayudarte con lo de Anna...– le dijo con una sonrisa –Oye, no sé a qué va a pasar–
Elsa se encogió de hombros –Para ser honesta, yo tampoco lo sé... Da un poco de miedo– reafirmó su agarre sobre la mano de Jack.
–Sea lo que sea... espero que podamos seguir estando juntos allá, ser amigos– le dijo –Digo, si no te molesta–
La chica rubia soltó una pequeña risa –Me gustaría eso...–
Ambos continuaron caminando hasta desvanecerse en la luz.
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Jelsa one-shots
RandomUn recopilatorio de historias Jelsa que rondan por mi cabeza. Un poco de todo.
