Day 19: In Formal Wear

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No tendré oportunidad de actualizar hasta el miercoles así que van dos seguidas.

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Jack era un chico sencillo en muchos aspectos; no le gustaba meterse en problemas ni dificultarse la vida con cosas insignificantes, vivía la vida tratando de enfocarse en lo más importante y no en pequeñas cosas como tener riquezas, poder, reconocimiento o popularidad. Por ende, la menor de sus preocupaciones era como vestirse; él podía simplemente usar jeans, camisetas y sudaderas, mientras estuvieran limpias. Y a su novia, Elsa, nunca le importó esto en absoluto, pero cuando Jack tomó la decisión más importante de su vida, que era proponerle matrimonio a Elsa, se encontró con una situación más complicada para él... como iba a proponérselo.

Podía evitarse un lio mental y proponerle matrimonio a Elsa en medio de su sala, estaba seguro de que si fuera así ella sería más que feliz, ya que a ella le gustaban los pequeños gestos de amor; pero por un demonio, era su amada Elsa, su mayor tesoro y adoración, por ella quería bajar la luna y las estrellas.

Así que decidió hacer algo especial esta vez y para ello consultó a sus amigos, quienes evidentemente no eran gurús del amor, pero algo debieron de haber hecho bien para ya estar casados.

–Yo insisto en el Empire State– dijo Hipo con mirada seria sobre su amigo –Solo imagínalo, tu y ella bajo el cielo de Nueva York a 381 metros de altura–

Jack arqueó una ceja analizando las fallas en el plan del castaño –¿Y que se supone que deba de decir?, "Elsa, vamos a viajar dos horas para ir a Nueva York al Empire State", ella sospechará en seguida... Además, el cielo de Nueva York es solo contaminación– descartó la idea de inmediato sabiendo que no sería suficiente para Elsa.

–¿Qué hay del Love Park?– propuso Kristoff –Ahí tuvimos nuestra primera cita Anna y yo, era lindo–

Jack suspiró –Si, es un buen lugar, pero no es asombroso– Jack apoyó su mentón sobre sus brazos que descansaban en la mesa sintiéndose sin esperanzas.

–Okay, esta es mi idea...– Eugene se acercó haciendo presión con la punta de sus dedos sobre la superficie de la mesa –Que tal si vamos con los Amish...–

–¡NO!– los otros tres jóvenes se negaron rotundamente al escuchar el inicio desastroso de la propuesta de Eugene.

–Pero esperen, déjenme decirles bien el plan–

Hipo, Kristoff y Jack lo miraron con mirada asesina

–No, no voy a ir con los Amish a pedirles que me presten sus ropas para pedirle matrimonio a Elsa en un granero– advirtió Jack conociendo la mente de su amigo.

–¡Yo no iba a decir eso!– se defendió Eugene –Iba a decir que se lo propusieras sobre un caballo–

–¡No!– dio su ultimátum Jack.

–¡Okay!, entonces quédate sin ideas, porque creo que nadie más aquí tiene una, ¿o si?– miró al resto de los hombres presentes quienes parecían estar echando humo por la cabeza de tanto pensar.

–Oh, por supuesto que no tienen ideas– apareció una voz misteriosa desde las escaleras que daban al sótano de la casa de Hipo en donde tenía su man's cave para reunirse con sus amigos.

–¡Astrid!– Jack levantó la cabeza al sentir que estaba viendo un ángel bajando por las escaleras.

–No tienen buenas ideas porque no conocen a Elsa, no como tu– le dijo quitando a Hipo del asiento frente a Jack y mirándolo a los ojos –Tu eres el único que conoce a Elsa como la palma de su mano, sabes lo que a ella le gustaría, tú eres el que tiene la respuesta y sea cual sea, ¡ella lo amara!–

Jack dibujó una sonrisa de epifanía en su rostro –Si, tienes razón– asintió –Yo sé la respuesta– se puso de pie y tomó su chaqueta.

–¡Gracias!– gritó una vez estuvo casi fuera del sótano.

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–¿A dónde vamos?– preguntó Elsa por tercera vez a sus amigas que manejaban sin decirle el destino.

–Tu relájate y confía en nosotras– le dijo Anna mostrándole un pedazo de tela que sostenía en sus manos –Solo disfruta la aventura–

Elsa, nerviosa, se dejó vendar los ojos y ser llevada por sus amigas hasta un lugar desconocido para ella en el que caminó un largo camino lleno de escaleras, pendientes y bajadas.

–Listo– dijo Rapunzel haciendo que ella se detuviera –Ahora... cuenta hasta diez y quítate la venda–

–¿Qué?– ella estaba confundida.

–Solo hazlo– gruñó Astrid.

Elsa suspiró –Bien– así fue como comenzó a contar lentamente hasta diez para quitarse la venda dándose cuenta de que estaba sola en medio de la naturaleza, pero no una naturaleza desconocida para ella –¿Podrá ser...?– se giró al escuchar los leves movimientos de agua y los sonidos de aves acuáticas y ahí estaba tras de ella ese pequeño lago que estaba grabado a fuego en su memoria.

–El lago de los cisnes– recordó el nombre del lugar y entonces comprendió que estaba en el famoso Morris Arboretum.

Una fuerza invisible la hizo moverse para caminar hasta el pequeño, pero bello quiosco con escaleras hacia el agua, pero se sorprendió al divisar la figura de alguien más escondido entre la vegetación.

–Jack– sonrió al verlo salir de su escondite usando un elegante traje formal... a excepción de las zapatillas deportivas –¿Tu planeaste todo esto?– le preguntó.

–Una vez vinimos a este lugar cuando estábamos en la universidad, ¿recuerdas?– preguntó invitándola a subir al quiosco.

Elsa asintió –Pasamos un excelente día y antes de irnos insistí en venir a este lugar... pero el quiosco estaba cerrado porque lo estaban remodelando–

–Y yo te prometí que volveríamos después– hizo una mueca –Pero hasta hoy, no lo había cumplido–

Ella negó con la cabeza –Esta bien, esta es una linda sorpresa–

Jack sonrió –Cuando nos dimos cuenta de que no podríamos entrar al quiosco entonces te pedí ser mi novia, justo ahí– señaló el otro lado del pequeño lago en donde las chicas habían dejado a Elsa –Y dijiste que sí... Estaba muy feliz– Jack tomó sus manos.

–Y ahora, ahora que finalmente podemos estar en el quiosco, quiero pedirte otra cosa...– soltó una de sus manos para alcanzar la caja guardada dentro de su saco, se arrodilló y la abrió mostrándole el anillo –Quisiera pedirte que seas mi esposa, si eso te gustaría–

Elsa sonrió de oreja a oreja y no dudo en tenderle la mano –Por supuesto que sí, Jack– él tomó su mano y deslizó el anillo dorado por el dedo anular de ella haciendo que quedara a la perfección.

–Ven– ella tomó las manos de él para hacerlo ponerse de pie y poder besarlo de forma apasionada con la naturaleza, el lago y los cisnes como testigos.

Al separarse Jack le dio una media sonrisa –Ya sabias que te iba a pedir matrimonio, ¿no?–

Elsa hizo una mueca –No lo sabía... hasta que te vi usando traje– acomodó las solapas del saco negro de Jack –Nunca te vistes formal, ni siquiera lo hiciste en nuestro baile de graduación... tenia que ser algo muy grande para que esto sucediera– se rio.

Jack se encogió de hombros –Lo bueno es que Hipo y yo tenemos medidas similares–

Elsa se carcajeó –¿Si sabes que de todas maneras necesitaras conseguir un traje para la boda, no?–

Jack lo pensó –Cruzaremos ese puente cuando tengamos que hacerlo– dijo con simplicidad antes de volver a besarla.

Jelsa one-shotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora