Feliz día de las Madres super mega atrasado (en México es el 10 de mayo). Dudo mucho que haya alguna madre leyendo por aquí, pero si la hay, muchas felicidades y espero que eduquen bien a sus hijos con la cultura Jelsa.
A ti que me diste tu vida tu amor y tu espacio...
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Elsa se despertó al sentir su estomago gruñir con tanta fiereza como la de un animal que llevaba semanas sin comer, era tanta su hambre que le dolía la boca del estómago, ya que este suplicaba por comida y no por cualquiera que pudiera preparar en cinco minutos con lo que había en el refrigerador; no, su estómago y paladar exigían algo en específico.
Al abrir los ojos vio a su esposo dormir tranquilamente a su lado como de costumbre, su respiración subía y bajaba de forma calmada. Elsa se sintió terriblemente culpable al estirar su mano y con su dedito índice y darle unos toquecitos en la mejilla de Jack. Este de inmediato reaccionó abriendo los ojos y con una pesada bocanada de aire.
Ella lo vio parpadear unas cuantas veces y frotarse el rostro para despabilarse –Tus deseos son mis ordenes– dijo en medio de un bostezo reprimido con una sonrisa.
Ella se sintió conmovida de que Jack fuera tan comprensivo y atento con ella desde que se enteraron del embarazo, pero sobre todo este ultimo trimestre había sido especialmente paciente con los extraños antojos de Elsa que empezaron con simples pepinillos que podían comprar en la tienda y guardarlos hasta que estos comenzaron a escalar a más conforme avanzaba el embarazo.
–Quiero tacos– pidió con una sonrisa suplicante.
Jack miró la hora en su reloj
2:39 am
–Taco Bell está abierto– le dijo poniéndose de pie de golpe y tomando su chaqueta y poniéndose los tenis deportivos.
–Noooo– ella hizo un puchero –Me refiero a tacos verdaderos–
–¿Te refieres a tacos tacos?– preguntó Jack infiriendo que hablaba de los auténticos tacos mexicanos que se podían encontrar esporádicamente en su cuidad.
–Cariño, no creo que haya tacos tacos a esta hora– le dijo sintiendo una punzada de dolor por no poder complacer a su esposa embarazada.
–¿Podrías checar si el Food Truck de Miguel todavía está ahí?– de verdad estaba desesperada.
–Okay, lo buscaré– Jack mantuvo un rayo de esperanza en su corazón mientras manejaba desde su casa en la zona residencial hasta el centro de la ciudad de Houston donde si no encontraba a Miguel, seguro podría encontrar otro puesto de tacos.
Se alegró un poco al ver que el Food Truck de Miguel todavía estaba ahí, pero se preocupó al ver como Miguel ya lo estaba terminando de cerrar. Apenado, se bajó velozmente del auto para correr hacia el joven de piel morena.
–¡Miguel!– lo llamó Jack –Buenas noches– lo saludó en español.
–Oh, ¿Qué onda, Jack?– le respondió el saludo en el mismo idioma para luego cambiar a un ingles con acento notorio –¿Buscabas comida?– preguntó.
–¡Sí!– Jack sonrió –Es para Elsa, antojo nocturno inesperado–
El muchacho se rio a carcajadas –Ya había cerrado, tengo una serenata en un rato, pero por esta ocasión te salvaré de tu muerte– dijo apresurándose a volver a abrir el puesto.
–¡Gracias, muchas gracias!– Jack lo tomó plantándole un beso en la frente al más joven haciéndolo reír.
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Al volver Jack entró por la puerta principal con una bolsa de papel marrón ya algo húmeda por el aceite, la grasa y el vapor de la comida caliente –¡Lo logré!– le gritó victorioso a su esposa al encontrarla paseando de un lado a otro por la sala.
La mirada tortuosa de Elsa se transformó en un segundo al momento que el olor grasoso llegó a su nariz, casi corrió hasta su esposo y lo abrazó para luego besarle la mejilla –Eres el mejor esposo del mundo–
–No, no me agradezcas a mi– le dijo Jack cuando ella le arrebató la bolsa de las manos y corrió hacia la cocina –Fue Miguel quien accedió a prepararlos aun cuando ya habían cerrado– la siguió.
–Es un ángel– dijo Elsa abriendo la bolsa y sacando los platos desechables con la docena de tacos, la mitad de bistec y la otra de pastor. Tomó primero uno de bistec y se llenó las mejillas con este haciéndolo desaparecer en un par de minutos, Jack no se quedó con las ganas y tomó también uno para comerlo, solo que más despacio.
–Están buenísimos– dijo ella con la boca todavía llena –Pero...–
Jack arqueó la ceja al verla saborear el alimento en su paladar y se preocupó.
–¿Qué sucede?– preguntó confundido.
–Le fata algo...– se dio media vuelta y caminó hasta el refrigerador de donde Jack la vio tomar algo de adentro y después una cuchara.
Al volver, sus ojos se abrieron como platos al observar cómo ponía el frasco de mermelada sobre la barra, tomaba otro taco y, después de abrir el frasco, le untaba una generosa cantidad de la fruta conservada. Se quedó en shock con su taco a medio comer en las manos mientras Elsa se tragaba el dicho taco.
–¿Qué?– preguntó Elsa sin comprender la mirada extraña de su esposo.
–Creo que acabas de ultrajar a un país completo– respondió sintiendo leves arcadas.
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Jelsa one-shots
RastgeleUn recopilatorio de historias Jelsa que rondan por mi cabeza. Un poco de todo.
