20. Némesis

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Correr

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Correr. Eso era lo que debía haber hecho. Correr con la chica en otra dirección y tal vez hubiese ganado algo de tiempo para esconderme, o para encontrar ayuda. Pero estaba claro que en Baux, no iba a socorrerme nadie. Y podría haberme metido en un problema mayor.

Di un par de pasos hacia atrás, asustada. El cubo perdió peso en mi mano, sentí las ramas chocar contra mis zapatos. "Pelirrojita" había dicho. Era evidente que el disfraz no iba a servir de mucho. Él dio otro paso al frente, y yo me quedé inmóvil. Miré su cintura.

Oh, mierda.

Tenía una espada. Una espada que podría beneficiarme mucho si la conseguía.

—¿Admirando las vistas? —preguntó él. Avanzó de nuevo, y yo me permití moverme un poco hacia atrás. Casi estaba escuchando la voz de Ezra gritándome en la cabeza que saliera de allí, tal y como hizo justo antes de la explosión que me separó de él—. Vamos, bonita, acércate.

"Vas tú listo" pensé.

Pero tenía que permitirle que se aproximara si quería obtener el arma. No volvería a estar indefensa de nuevo. Y me sentiría lo suficientemente segura como para dormir bien por las noches. Cuando el hombre dio otro paso, no retrocedí.

—Buena chica. Muy buena chica —dijo. Paseó su mano por mi cuello y me quitó la boina que sostenía cubierto mi cabello—. Cobrizo como el fuego, ¿eh? Es demasiado bonito para esconderlo. Al igual que esta ropa de hombre. Oh, ¿nunca te han dicho que es poco decoroso? —Su mano cayó por mi cuello y viajó a mi pecho—. Y estando tan bien dotada... Oh, nos vamos a divertir, ¿verdad que sí?

Tragué saliva, tratando de evitar que mi cuerpo temblara. Estaba muy asustada, pero si perdía los estribos se iría todo al garete. Y yo no sabía coquetear, no sabía seducir, ese arte era de Dionne. Jamás pensé que me serviría de algo, hasta aquel momento. Por ello, decidí dejar que él creyera que tenía la situación bajo control. Aunque tal vez la tuviera.

—Tienes que fijarte en los puntos más débiles, aquellos en los que puedas golpear —me había explicado Ezra en una de las sesiones—. La entrepierna es lo más típico, por eso, es lo que más suelen protegerse.

—¿Ya estáis acostumbrados a que os metan rodillazos ahí abajo? —pregunté con burla.

Él me había dedicado una risa entre dientes.

—Los ojos, la garganta, el empeine. Su tienes acceso a los oídos también vale. Tienes que distraerlo antes de darle el golpe final que pueda dejarlo ko. Confío en que serás capaz de tumbar a cualquiera con esas habilidades.

—No me digas esas cosas, o pensaré que tienes una fe ciega en mí.

La mirada que Ezra me dedicó me dio una punzada en el corazón en el presente.

—Eso es porque la tengo, Némesis. Confío plenamente y ciegamente en ti.

Separé un poco las piernas, colocando los pies en posición. El rubio no tuvo intención de detenerse a admirar mis gestos, mucho menos mientras desabrochaba los nudos de la camisa que Bastian me había conseguido.

Huellas y SusurrosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora