«El pasado siempre atormenta».
Dionne y Némesis Ducreux guardan un profundo secreto. Ellas se vieron obligadas a vivir en el mundo de los mortales por quince años tras la muerte de su madre. Lo que nadie sabe es que ellas son las únicas dos hijas de...
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Sabía mucho de negociaciones.
Érix decidió un día que, tras mucho pensarlo, era una buena idea llevarnos a las reuniones de Revant en la que la familia Ducreux estuviera invitada para aprender. Tan sólo había una regla, debíamos ser mayores de dieciocho años para poder entrar. Por eso, cuando a Dionne se le permitía ir con nuestro padre a las reuniones mensuales del reino, yo aprendía por mi cuenta.
Leía muchos libros, la mayoría sobre archivos mercantiles del momento y de anteriores épocas para entender cuáles eran las alianzas que existían entre Revant y el resto de reinos conocidos en Colbant. Dionne volvía de esas reuniones aburrida y exhausta, pero siempre me contaba todo lo que habían dicho, principalmente para que supiéramos, llegado el momento de huir, quiénes eran nuestros aliados y quiénes eran nuestros enemigos.
Desde ese momento, le di mucha importancia al estudio. Iba a las bibliotecas cercanas a Dorac con la intención de leer sobre alianzas pasadas, sobre reyes y reinas y su legado. Y en todos los libros de historia conocidos, se hablaba sobre puntos fuertes y puntos débiles, dónde flaqueaba cada monarquía, qué era lo que necesitaban para mantenerse a flote.
Cuando cumplí los dieciocho, Érix empezó a llevarme con ellos.
Y el conocimiento que adquirí me venía de perlas tanto entonces como en ese mismo momento.
Assam apartó uno de los asientos con cortesía, permitiéndome deslizarme para sentarme, murmurando un agradecimiento. Bastian se puso a mi lado. Orissa se despidió con una sonrisa y decidió volver con sus soldados. Era obvio que para la comandante de los haavak, había cosas mucho más importantes que una negociación entre reinos de Acraven. Permanecí callada, en lo que aguardaba a que el Kaj tomara asiento presidiendo la mesa desde el lado opuesto al de su hija.
Rahma sentía demasiada curiosidad por nosotros, pero tampoco hablaba. Ni siquiera había separado los labios. Tan sólo, miraba, observaba. Todos éramos conscientes de su presencia. Era una de las mujeres más hermosas que había visto en mi vida, pero parecía querer pasar desapercibida, al menos, en la medida de lo posible.
El hermano mayor de los Dhom se sentó delante de mí, junto a su hermano Kollam. El asiento frente al joven Jaidev, el que estaba al lado de Bastian, se encontraba vacío. El Kaj no tardó en tomar posición junto a mí y a su hijo mayor, extendiendo ambas manos a los picos de la enorme mesa, con una sonrisa agradable.
Aunque seguía notando un halo de recelo ante nuestra presencia.
—He de reconocer que no esperaba que Cyrilla respondiese a mi carta tan directamente. Y menos con miembros que no son de su corte —manifestó Kalu, oscilando su mirada entre Bastian y yo—. ¿Qué os hace tan especiales?
—Digamos que... Es una pequeña ayuda que le estoy ofreciendo a la reina por su hospitalidad —mentí—. No sé si habrán llegado las noticias desde el otro lado de los mares, pero en Revant hubo una explosión que causó catástrofes, entre ellas la desaparición de mi hermana y la mía.