«El pasado siempre atormenta».
Dionne y Némesis Ducreux guardan un profundo secreto. Ellas se vieron obligadas a vivir en el mundo de los mortales por quince años tras la muerte de su madre. Lo que nadie sabe es que ellas son las únicas dos hijas de...
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—¿Y bien?
La voz de Bastian era fría y uniforme. Quise cerrar los ojos y que la tierra me tragara. Casi lo supliqué. Había sido una muy mala idea acercarse. Ver al duque de Revant había sido una ingrata sorpresa, pero al mismo tiempo, las ganas que tenía de volver a casa se disiparon al momento.
—Puedo explicártelo.
—Estoy ansioso por escuchar lo que tienes que decir.
Me mordí el labio. Los dioses no hacían más que ponérmelo difícil para llegar a mi lugar de destino sin preocupaciones o infortunios. Fui a decir algo, pero unos pasos acercándose me hicieron voltearme. Al ver cómo los soldados comenzaban a aproximarse, tomé la mano de Bastian y tiré de él, rezando porque me siguiera.
Por suerte, lo hizo sin rechistar.
Volvimos a toda prisa a la cabaña del cazador. Corrimos a duras penas entre los árboles. El viento comenzaba a alzarse nuevamente, avisándome de una nueva tormenta, un temporal que probablemente nos retrasaría mucho si no nos dábamos prisa. Aunque no sabía si estaba dispuesta a correr el riesgo de enfrentarme a una tormenta en un barco con cero experiencia y unos nervios a flor de piel.
Consecuencias que estaba preparada a asumir si eso me llevaba lejos de allí. Lejos de Baux, lejos del duque, lejos de los Marcados, lejos de mi padre.
Bastian abrió la puerta a toda prisa y me dejó entrar primero antes de cerrar la puerta con varios cerrojos.
—Bien, ya estamos a cubierto. Ahora cuéntame la verdad, o juro por los dioses que nadie saldrá de esta isla —amenazó él, cruzándose de brazos.
—¿No te parece mejor recoger nuestras cosas y alejarnos de aquí?
—Quiero la verdad —repitió.
—Ah, y yo quiero una tarta con doble cobertura de chocolate y galleta y no todo es posible en esta vida —le espeté, poniendo mis brazos en jarras.
—Por las tetas de Arion —soltó, haciendo una mueca—, si que eres de la realeza.
—Tienes dos opciones —le ofrecí, ignorando su comentario—, o vienes conmigo y te pones a salvo, conseguimos marcharnos y ves a tu familia, o puedo ir hacia el duque y que crean que eres una especie de asesino a sueldo que ha orquestado todo para hacer que la familia Diamantis pierda el poder en la región de Revant. Y créeme, que te llevaran a la horca o que te decapitaran sí que sería muy de la realeza.
Bastian hizo una mueca
—Oh por el Olasis, no me digas que eres realmente un asesino a sueldo.
—Dime la verdad —me ordenó—, o te pudrirás aquí sin ayuda de nadie. Yo tengo más facilidades para sobrevivir.
—¿Ah, sí? ¿Y cuáles son?
—Que no me importa matar al que se me ponga por delante para conseguir lo que quiero.