EXTRA 2 HALLOWEEN (2)

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HALOTT PARTE 2

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HALOTT PARTE 2

Sus gemidos se oían por toda la habitación.

Curvé mis dedos y froté con precisión ese punto que le hacía poner los ojos en blanco, mi pulgar continuó haciendo círculos sobre su clítoris mientras mis dedos salían y entraban de su interior con rapidez y facilidad por lo húmeda que se encontraba.

—Sí, ahí, ahí. No pares, no pares —suplicaba Ileana entre jadeos.

Supe que estaba cerca cuando los músculos de su vagina se apretaron.

Ralenticé el compás de mis movimientos y ella me observó con frustración, su orgasmo negado por tercera vez.

Abrió la boca para reprochar, pero dos golpes en la puerta la detuvieron.

—¿Dionne?

Era el príncipe Ezra.

Ileana me miró con pánico, pero su semblante cambió a uno de placer cuando volví a retomar mi acción anterior.

—¿Sí, príncipe? ¿En qué puedo ayudarle? —me limité a responder, una sonrisa maliciosa abriéndose paso en mi rostro. Esto iba a ser divertido.

—Necesito ayuda con la elección de una máscara, creo que no combina con mi atu... —se vio interrumpido por un fuerte gemido que se le escapó a Ileana cuando bajé mi cabeza y succioné su pezón. Apreté los labios para no sonreír al imaginarme lo sonrojado que estaría del otro lado—. Lo siento, ¿Interrumpo algo?

—Silencio —le ordené a la princesa, al mismo tiempo que llevaba la mano que sujetaba su cadera a su cuello, apreté con delicadeza a los lados, evitando tocar su tráquea—. No interrumpe nada, estaré con usted en cinco minutos. Yo iré a buscarlo.

Aunque solo necesitaba dos para hacerla acabar.

No escuché una respuesta de parte de Ezra.

Las caderas de Ileana se zarandeaban con desesperación, mi pulgar siguió estimulando su botón, su cuerpo se estremeció al mover más rápido mi dedo índice y corazón en esa zona dentro de su sexo.

Sus ojos se nublaron y lágrimas cayeron de sus ojos, mi mano seguía rodeando su cuello y apliqué una leve presión al notar como se estaba acercando a su liberación.

—Vamos, princesa. Córrete en mis dedos —mis labios se estamparon contra los suyos, tragando el fuerte gemido que emitió al caer en las profundidades.

Sentí como un líquido, parecido a agua, me recorría el vientre y el abdomen, pero lo ignoré y seguí besándola hasta que finalizó.

Retiré mis dedos con lentitud, mi mano soltó su cuello y lo acaricié al notar unas marcas casi notables en el mismo. Uy, iba a tener que maquillárselo.

Desaté la soga que sostenía sus muñecas a la cabecera de la cama. Estás ya estaban adquiriendo un tono rojo. Hice una mueca y las acaricié también, con delicadeza.

Huellas y SusurrosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora