52. Némesis

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Rahma me llevó hacia el exterior después del contundente desayuno que me ofreció

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Rahma me llevó hacia el exterior después del contundente desayuno que me ofreció. Había perdido de vista a Bastian, quién había decidido aceptar la propuesta del Kaj y sus hijos cuando le dijeron que ellos querían mostrarle todas las herramientas y materiales que podrían utilizar para la construcción de casas y trampas en el bosque entre Indriya y Ethreya.

Lo agradecí, a medias. Era la primera vez que nos separábamos de mutuo acuerdo y me había acostumbrado tanto a su presencia y al calor de su cuerpo a mi espalda, que se me hacía extraño caminar sólo enganchada al brazo de mi nueva amiga.

El encuentro de esa mañana aún pasaba repetidamente por mi mente, provocando que ni yo misma pudiera pensar con claridad sobre nada más allá. En vez de estar preocupada por temas más relevantes como mi padre asesino o mi hermana perdida, yo estaba centrada en cómo de satisfactorio sería volver a besar a Bastian Craine, esa vez con todo. Cómo sería tocarlo, cómo sería saborearlo y lo más importante, cómo sería sentirlo.

Mi cuerpo lo estaba pidiendo a gritos, y lo más frustrante era que Bastian lo sabía. Parecía ser capaz de averiguar todas y cada una de mis debilidades con tan sólo un simple parpadeo. Y eso me ponía nerviosa y me excitaba al mismo tiempo.

Ella parloteaba con gusto, explicándome todo lo que había en el palacio antes de guiarme hacia el patio trasero, donde un par de haavaks aguardaban sujetando las riendas de dos hermosos caballos de pelaje negro como el ónix. Rahma saludó a los hombres con una complaciente sonrisa antes de girarse para mirarme.

—Ném —me llamó—. ¿Me has estado escuchando?

"No".

—¿El qué, perdón? —pregunté, avergonzada. Sí, debía haber estado centrada en lo que me estaba contando, no en ese cazador insoportable y jodidamente atractivo—. Lo siento, no sé dónde tengo la cabeza.

—¿Estás segura? —Ella se acercó a uno de los caballos y le besó un lado de la cabeza al que escogió—. ¿Quieres hablar de ello o prefieres ignorarlo?

—¿Hablar de qué? —inquirí nerviosa, cruzándome de brazos.

—De lo que se te pasa por la cabeza.

—Estoy bien, sólo necesitaba un poco de aire.

Rahma me miró enarcando una ceja. Estaba segura de que no me creía.

—Lo que te estaba diciendo era que podemos ir caminando pero es un camino largo y que creo que te gustaría recorrer mi reino a caballo. Podría mostrarte mis lugares favoritos y tener un día normal, sin preocupaciones de padres o presiones externas —me dijo, trabándose un poco en las últimas palabras.

Debía ser duro ser la heredera de un reino, toda la presión sobre tus hombros. Pero Rahma Dhom no perdía su porte, ni su energía, ni sus positivas vibras que daban razón al mundo para seguir respirando y verla brillar. Era como un foco de luz extremo. Aunque había algo en lo que nos parecíamos mucho y era que a ambas nos importaba mucho lo que dijeran los demás. Se veía que era una mujer con inquietudes y con la visión de que debía complacer a un montón de gente, a sus hermanos, a su padre.

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