Las horas han pasado y Ginebra dejó de llorar. Tomó un baño, perfumando todo su cuerpo. Se puso un vestido negro que la hace lucir hermosa. Decidida y con el corazón herido, se dispone a bajar las escaleras mientras todos esperan su presencia.
Por otro lado, David está lleno de vergüenza, desesperado por hablar con Ginebra, pero no es capaz de mirarla a los ojos.
—Ella no debe estar aquí, esto no está bien.
—Tiene que entender que espero un hijo tuyo y que ahora yo seré tu esposa —le responde Victoria, llena de molestia.
—Nosotros fuimos egoístas, no merecemos su perdón.
Víctor los mira lleno de indignación e interrumpe su conversación.
—No tienen vergüenza, no sé cómo acepto esto.
—No hay arrepentimientos, lo hecho, hecho está y la boda se llevará a cabo.
—¿No ves que esto es muy difícil para Ginebra? ¿No te duele ver a tu hija así?
—Víctor tiene razón, yo ni siquiera puedo verla a la cara.
—¡Dejen de pensar en Ginebra!
—Guarden silencio, ahí viene —dice Verónica mientras infla el pecho, llena de orgullo.
El ruido de sus tacones hipnotiza. Ginebra va bajando las escaleras, está temblando. Miles de preguntas se agolpan en su mente: ¿Qué hará una vez que tenga a esos infieles frente a ella? ¿Será capaz de controlar sus emociones y mantener una actitud indiferente? Pero, al verlos, el poco valor que le queda se desmorona ante sus ojos.
—Hija...
—¡Ginebra! —David quiere ir a ella, pero Victoria lo detiene del brazo.
—Vaya, pensé que no bajarías, niña —su madre la mira despectivamente.
—Así que ya te enteraste de nuestro compromiso —le dice Victoria a Ginebra mientras toma del brazo a David—. Espero que no te moleste que sea yo la que use mañana este vestido de novia, hermanita.
—¡Ya basta! —Víctor pone un alto a las palabras hirientes de Victoria.
—Ginebra, yo...
—No es necesario que digas nada, ya lo vi todo —lo interrumpe Ginebra.
—No te enojes, hermanita. Pensábamos decírtelo desde hace un año, pero no encontrábamos el momento adecuado.
—¿Qué?
—Basta de tonterías. Ayuda a poner la mesa, Ginebra. Hay que atender a los novios. No seas grosera, tú serás la dama de honor —Verónica jalonea a Ginebra como si fuera una de las criadas.
—Ginebra, por favor, escúchame. No fue mi intención lastimarte...
David intenta hablarle, pero Ginebra no lo escucha. No puede creer lo que está pasando.
¿Qué clase de familia es esta? ¿Por qué nadie la defiende? ¿Por qué nadie intercede por ella? Su propia sangre le ha dado la espalda. Su corazón está roto y a punto de explotar en llanto.
—¿Por cierto, Ginebra? ¿Ya te dije que iremos a París de luna de miel? —le dice Victoria mientras sonríe.
—¡Ya basta! —Ginebra aprieta los puños.
—¿Qué pasa, hermanita? ¿Estás molesta?
De repente, unos golpeteos llaman a la puerta y el silencio se apodera de toda la casa.
—¿Qué pasa? ¿Esperamos a alguien más? —pregunta Verónica con la esperanza de que sea Bardos, el padre de David.
—No, mi padre se negó a venir.
—Yo no invité a nadie más.
—Iré a ver quién es —Víctor abre la puerta y, ante él, yace un elegante caballero que lo ha dejado impresionado con su apariencia.
Ginebra abre los ojos de par en par al darse cuenta de que se trata del vampiro del pantano de Nil.
—¿Podemos ayudarlo en algo, señor?
—Buenas noches, disculpen la demora.
—Ah... ¿Quién es usted? —le pregunta Víctor, confundido.
—Tiene razón, ¿dónde están mis modales? No me he presentado. Mi nombre es Alejandro.
—¿Alejandro?
—Soy el novio de Ginebra —dice Alejandro mientras sonríe.
—¡¿Qué?! Estás mintiendo, no sé quién demonios eres, ¡claramente estás confundido! —David está furioso y lo confronta, haciendo a un lado a su suegro.
Ginebra se acerca poco a poco a la puerta y su corazón late con fuerza.
—Alejandro...
—¿Qué está pasando aquí? —Verónica se queda sin palabras después de ver al misterioso novio de Ginebra.
Alejandro la ignora y se dirige a Ginebra con palabras encantadoras.
—Querida, te ves hermosa —le dice mientras se abre camino para después darle un beso en la mano.
David enfurece al ver la osadía de este extraño e intenta apartarlo de Ginebra, pero Víctor lo impide.
—¿Es una broma? Ya di la verdad. ¿Cuánto te pagó Ginebra para que te hicieras pasar por su novio? —Victoria lanza una risa burlona, pero Alejandro le pasa por un lado y toma a Ginebra de la mano.
—Tengo planes de llevar a mi novia a cenar, así que no podremos quedarnos.
—¿Qué estás diciendo? Ella no irá contigo a ninguna parte —don Víctor, suélteme. ¿Va a permitir que este hombre se lleve a su hija?
—Compórtate, David, tú ya no tienes derecho a decidir nada, y yo tampoco.
—¿Nos vamos, querida? —Alejandro toma a Ginebra de la cintura, dándoles la espalda a todos y, antes de irse, les dice—: Y algo más, no tenemos pensado regresar. Pasaremos la noche juntos, probablemente terminemos tan agotados que dudo mucho que ella pueda asistir a la boda, así que búsquense otra dama de honor.
Alejandro y Ginebra salen de la casa tomados de la mano, y ella no mira atrás, pues tiene un nudo en la garganta y los gritos de David la estremecen.
—¡Ginebra, espera! ¡No te vayas con él! ¡Ginebra!
Victoria enfurece al ver a David perder la compostura, pues sabe que está ardiendo de celos.
—¿Qué crees que haces? ¡Déjala ir!
—¡Es una ramera! —dice Verónica mientras abraza a Victoria.
—Dígame, ¿por qué no la detuvo? —le dice David a Víctor, lleno de rabia.
—Porque eso la habría matado...
—¿Es verdad? ¿Es su novio?
—¿Y eso a ti qué te importa? Tú la engañaste primero.
Ginebra y Alejandro se han alejado de la casa, y él le suelta la mano una vez que se cerciora de que nadie los ve.
—Apresúrate —le dice Alejandro con voz fuerte.
—¿Cómo me encontraste?
—Ya te lo dije, puedo rastrearte gracias al olor de tu sangre.
—¿Adónde me llevas?
—Vas a acompañarme a cenar —Alejandro toma en sus brazos a Ginebra y se la lleva lejos de ahí. Ella comienza a llorar desconsoladamente.
—¿Estás asustada, humana?
—No, me alegra haber salido de ese lugar.
—Deja de llorar, te pondrás fea y tu sangre perderá su sabor. Además, esta fue la última vez que alguien se burla de mi comida.
—¿En serio pasaremos la noche juntos?
—Sí, pasarás la noche con un vampiro.
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El amante del pantano de Nil
ParanormalEl día previo a su boda, Ginebra descubre a su prometido en los brazos de su propia hermana. Devastada y al borde del abismo, se adentra en el pantano de Nil, un lugar envuelto en leyendas y peligro. Buscando la muerte, se entrega a un monstruo oscu...
