Destape

4.2K 345 13
                                        

El entierro ha terminado. Victoria está en la mansión Landez con su madre y Clara, celebrando con vino y comida lujosa. Por fin se salieron con la suya y rebozan como pavorreales en la sala del difunto dueño.

—¡No puedo creer que todo esto es mío! —Victoria se pasea por el gran salón acariciando los muebles lujosos—. ¡Soy una de las mujeres más ricas de Valle de Cobre!

—Nuestros problemas financieros se acabaron. Ya no volveremos a mendigar esa estúpida mensualidad —dice Verónica con una gran sonrisa en el rostro.

—Oye tú, tráenos más galletas —Victoria mira a Clara despectivamente.

—¿Cuándo me darán la parte de mi dinero? Quiero irme de aquí lo antes posible... —pregunta Clara con el rostro agachado.

—¿De qué dinero me estás hablando? —Victoria la mira fijamente.

—¡El dinero que me prometieron a cambio de envenenar al señor Bardos! —respondió ella con las entrañas vacías.

—¿Qué? Jajaja, yo no te prometí ningún dinero, fue mi madre —Victoria comienza a burlarse de Clara.

—¡Señora Verónica! —Clara la mira angustiada.

—Lo siento, niña, yo no soy la dueña de esta fortuna... ¿o sí?

—¡Usted me prometió darme parte del dinero! ¡Me dijo que dejaría de ser una sirvienta!

—Una criada siempre será una criada. Aunque te vistas con ropas finas, seguirás siendo una sucia y apestosa sirvienta —Verónica se pone frente a Clara y la mira de pies a cabeza con desprecio.

—Jajaja, pobre idiota —Victoria se ríe a carcajadas—. Así que ve y tráenos esas galletas, ¡muévete!

—No... ustedes me engañaron... maté a un hombre inocente por su culpa —Clara cae de rodillas y las lágrimas caen por su rostro. La han utilizado, convirtiéndola en una vil asesina.

Las burlas y los insultos hacia Clara son interrumpidos por unos fuertes golpes en la puerta principal.

—¿Qué está pasando? ¿Qué es todo ese escándalo? —los golpes no cesan, siguen llamando.

—¡Hay! ¿Qué demonios les pasa?

Verónica abre furiosa la puerta y varios policías entran a la mansión, haciéndola a un lado.

—¿Qué les sucede? ¿Por qué entran en nuestra propiedad?

—Buscamos a Victoria Borgues y a Clara Roy —Los policías están armados, lo que pone nerviosa a Verónica.

Victoria siente el corazón acelerado y se asoma junto con Clara.

—¿Y qué quieren de ellas? —pregunta Verónica nerviosa.

—Están acusadas del asesinato del señor Bardos Landez.

—¿Qué? Eso es mentira, yo no... —Victoria no termina de hablar cuando uno de los policías da la orden:

—¡Arréstenlas!

—Esperen, ¿qué hacen? —Clara está muy asustada.

—¡Yo no hice nada! ¡Suéltenme, idiotas! ¡No sé por qué me están acusando! —Victoria comienza a forcejear, pero los hombres la someten con dureza debido a su rebeldía.

Uno de los policías baja de la habitación de Victoria con el arma homicida con la que mató a David.

—Señor, encontré el arma.

—¡Llévense a estas delincuentes! —Ordena el oficial y Verónica se interpone.

—¡A mi hija no se la llevan a ningún lado! ¡Malditos muertos de hambre! A esa criada métanla presa si quieren, pero a mi hija no se la llevan de mi lado.

—¡Mamá, no dejes que me lleven! ¡Ayúdame! ¡Suéltenme, estúpidos! —Victoria grita histérica.

—¡Suéltenla, animales! —Verónica golpea a un policía y este le da una advertencia.

—¡Escúcheme bien, señora! Si vuelve a ponerme una mano encima tendré que someterla y la encerraremos a usted también por agresión. ¿Entendió? —Verónica se queda tiesa; sabe que el policía no está jugando.

—¡Mamá! —Victoria llora y patalea, se rehúsa a ser arrestada.

—¿Qué pasará con ellas? —pregunta Verónica inquieta.

—Serán interrogadas y mañana se decidirá cuál será su castigo.

Los policías se han llevado a Victoria y a Clara. El hecho de que se resistieran hizo que las trataran con rudeza. Verónica está en shock. ¿Cómo es que las descubrieron? ¿Por qué no la detuvieron a ella también? ¿Será por falta de pruebas?

—Maldición... si levanto la más mínima sospecha me encerrarán a mí también, y no estoy dispuesta a ir a prisión, aunque Victoria sea mi hija... mi libertad es primero.

Victoria y Clara pasaron toda la noche siendo interrogadas; las encerraron en celdas separadas. Víctor se enteró por Verónica de todo lo que estaba pasando y, aunque le decepcionó saber que su hija es acusada de asesinato, no le sorprende. Hace mucho tiempo se dio cuenta del corazón malvado que tiene Victoria y no derrama ni una sola lágrima, más bien está lleno de vergüenza.

El día del juicio llegó. Valle de Cobre está conmocionado con las últimas noticias; todo el mundo habla de la familia más polémica del pueblo, pero esta vez los rumores parecen sacados de un cuento de terror. Ginebra, Víctor, Bernardo, Fernando, Selene, Martha y Andrés están presentes en el juicio. Todos excepto Verónica, quien le dijo a Víctor que iría a tomar aire fresco, pues el hecho de ver a su hija en esas condiciones la estaba afectando, pero la realidad es otra: Verónica se ha dado a la fuga. Piensa irse de Valle de Cobre para siempre; prefiere abandonar a su familia que pisar la cárcel y se ha llevado todos los ahorros con ella.

—Honorables habitantes de Valle de Cobre, estimados familiares y testigos presentes, mi nombre es Francisco Del Monte, juez de esta institución. Seré yo quien definirá la sentencia de la señora Victoria Borgues, viuda de Landez, y de la señorita Clara Roy, trabajadora doméstica del difunto Bardos Landez, ambas acusadas de asesinato en primer grado. Demos inicio entonces.

—Señorita Clara, es acusada de asesinato en primer grado. Se le acusa de envenenar intencionalmente al señor Bardos Landez y de asesinarlo. ¿Cómo se declara?

—Culpable... —Clara responde resignada—. Soy tan culpable como la señora Verónica Borgues, quien junto con la señora Victoria planeamos la muerte del señor Bardos. Yo acepté poner el veneno en sus alimentos a cambio de dinero, pero la idea nació principalmente de Verónica y Victoria Borgues.

Todos en la sala quedan asombrados con las declaraciones de Clara.

—Dado que los testigos afirman lo que usted ha dicho, la declaro culpable de homicidio en primer grado, condenada a cincuenta años en prisión.

—¿Qué?... no puede ser... —Clara llora al escuchar su condena y es trasladada a la prisión de Santa Leticia. Mientras la llevan, la gente la abuchea y le lanza tomates, insultándola.

—En cuanto a Verónica Borgues, en este momento la declaro fugitiva. La policía comenzará a buscarla y, una vez que la encontremos, todo el peso de la ley le será aplicado.

Ginebra y su padre están en shock. La ambición corrompió el corazón de su madre, y Víctor llora de indignación y vergüenza. Ginebra trata de consolarlo y le toma la mano.

—Padre... —Ginebra habla con la voz entrecortada.

—Hija... —Víctor gimotea.

—Déjame sacarte de aquí...

—No... quiero ver el castigo que se merece la asesina que se hace llamar mi hija.

—Hagan pasar a Victoria Borgues —ordena el juez con firmeza.

El amante del pantano de Nil Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora