Mi dueño

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Ginebra fue sometida por las palabras de Alejandro; sus cuerpos estaban tan cerca que podía sentirlo. Él era el hombre más varonil que había visto, seductor e intimidante, simplemente irresistible.
—Entonces, hazlo. Lo único que quiero es olvidarme de él. Quiero que alguien más ocupe mi mente, no importa cómo lo hagas, solo ayúdame a olvidarlo.
—¿Cómo te atreves a querer usarme? —Alejandro la tomó del cuello y la azotó contra la pared sin apartarle la mirada—. Tienes tan clavado a ese afeminado que nadie te lo puede sacar de la cabeza, se te nota en los ojos, y eso me llena de rabia porque eres mía y no me gusta compartir mis cosas con nadie, y menos con un desgraciado como él.

Ginebra se quedó callada y volteó el rostro.
—¿Lo ves? Ni siquiera puedes defenderte, no tienes argumentos para contradecir mis palabras.
—¡Estoy dispuesta a arrancarlo de mi mente y de mi corazón! Ya no quiero amarlo, al contrario, quiero odiarlo y olvidarme de él. Si dices que te pertenezco, entonces hazme tuya de una vez y enséñame quién es mi amo.

Alejandro sonrió satisfecho y se acercó a su boca.
—Lo serás cuando menos te des cuenta.

La leyenda era cierta: existía un monstruo después del pantano. Era increíblemente apuesto; sus ojos parecían dos flechas encendidas, su cabello largo y dorado le daba un aspecto angelical, casi divino. Su piel blanca parecía de porcelana. Era la criatura más bella que sus ojos habían visto, pero también el ser más despiadado que conocía. Él era el vampiro que había aterrorizado Valle de Cobre durante años, el monstruo con el que Ginebra se había unido en un pacto.

—¿Quieres ir a esa boda, no es verdad?
—Sí, pero no a detenerla. Creo que verlos en el altar me ayudará a odiarlos y será más fácil para mí salir adelante. Mataré cada sentimiento de esperanza en mí y me olvidaré de él.
—El día está convenientemente nublado, te acompañaré a la celebración de esos inmorales.
—¿De verdad?
—Es momento de dejar las cosas claras y marcar mi territorio. Además, habrá deliciosa comida burguesa.
—¡Mi familia no es comida!
—Antes de irnos, debemos vestirnos para la ocasión.
—La ropa de hace 200 años no servirá, además tu forma de hablar no es muy moderna que digamos.
—No te preocupes por eso, soy un vampiro actualizado. Gracias a tu sangre, obtuve información sobre tu forma de hablar, y eso me ayudará a mezclarme con los humanos de esta época, muy vulgares, por cierto.
—¿Y de dónde sacarás la ropa?
—De algunos de mis almuerzos —responde Alejandro, orgulloso.

Ginebra y Alejandro se dirigieron a la ceremonia. ¿Cuál sería la reacción de su familia al verla llegar de la mano de tan inquietante caballero?

—Qué hermosa se ve Victoria con ese vestido de novia, es una reina, la mujer más bella de Valle de Cobre. ¿No te parece, Víctor?
—Deja de fingir que esto está bien. Victoria, nuestra hija, se ve como lo que es: una cualquiera que deshonró a su hermana.

Verónica se llenó de rabia al escuchar a su esposo hablar así de Victoria.
—¡Cállate! Es el día especial de mi hija y nadie se lo va a arruinar, ¿entendiste?
—Eres tan repulsiva como ella —dijo Víctor dejándola sola—.

Verónica lo vio con desprecio mientras él se alejaba.

Una de las sirvientas se acercó a Verónica para ponerla al tanto de la asistencia de los invitados.
—¿Qué pasa?
—Solo hay quince invitados hasta ahora.
—¿Qué? ¿Cómo es posible? Se supone que todas las familias importantes fueron invitadas. ¿Estás segura de que repartieron bien las invitaciones?
—Sí, señora... pero...
—¿Pero qué, idiota?
—La señorita Ginebra es muy querida en el pueblo y, al ver la situación...
—¡Cierra la boca! —Verónica abofeteó a la criada—. No menciones a esa niña egoísta. La muy soberbia no quiso asistir a la boda de su propia hermana. Ella está mal, ¡no quiere que Victoria sea feliz!
—Perdóneme, señora... —le suplicó la sirvienta entre lágrimas.
—Lárgate de aquí, estúpida. ¡No sirves para nada!

El lugar de la ceremonia era muy elegante; había flores blancas por todas partes y una gran mesa repleta de deliciosa comida. Los arcos que decoraban el jardín eran espléndidos, e incluso había música con violines, pero el ambiente no era feliz, al igual que el corazón de David.

—Debes estar más animado. ¿Esto es lo que querías, no? Tu aventura te costó muy caro. Mira que engañar a tu prometida con su propia hermana. ¡Qué canallada tan grande! Por lo menos, hubieras sido sincero con ella o acudido a algún burdel. Victoria es todo menos refinada; es conocida en el pueblo por ser de cascos ligeros. No quería a esa mujer como mi nuera, Ginebra era más...
—¡Ya basta, padre! No la amo. De verdad deseaba casarme con Ginebra, pero fui débil. Me dejé seducir por las constantes insinuaciones de Victoria, me dejé enredar por mis deseos y caí como un estúpido.

Bardos se indignó con la respuesta de su hijo y le habló con franqueza.
—Pues te aguantas y te comportas como un hombre. Ahora esperas un hijo de esa mujer y más te vale dar la cara.
—Eso es lo que hago, aunque por dentro siento que me estoy muriendo.
—Ya tardaste demasiado, tu futura esposa te espera.
—Déjame solo un momento, por favor.
—No hay tiempo, tienes que...
—¡Qué me dejes solo te digo! —David le gritó a su padre y este se fue molesto.
—No tardes demasiado.
—Soy un imbécil... —David lloró amargamente.

Había llegado la hora en que los novios hicieran sus votos delante de Dios. Los invitados esperaban afuera, al igual que el padre Clemente. Un ambiente que debería estar lleno de felicidad era invadido por culpa y arrepentimiento. Victoria estaba desesperada al ver que su futuro esposo no aparecía.

—¿Por qué no llega David?
—No tengo idea. Ya debería estar aquí —Verónica estaba nerviosa.
—Espero que no se haya ido con Ginebra. No podría soportar esa humillación.
—Tranquila, cariño, eso no va a pasar. Mamá te lo puede asegurar...
—Puede que sea un mal padre, pero deseo con todo mi corazón que David no se presente a la ceremonia. No puedo soportar imaginar los ojitos de Ginebra presenciando un acto tan despreciable como este. Que Dios nos perdone por haberlo permitido.

El amante del pantano de Nil Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora