El shock de haber perdido a Beatriz se apoderó del cuerpo de Leonardo. Esa impresión se intensificó en el momento en que vio a Lía parada frente a él.
—¿Lía? —preguntó Leonardo, lleno de angustia. Su corazón estaba contraído.
—¿Amas más a mamá que a tu mayordomía? Si es así, ven conmigo... si de verdad nos quieres, ¡por favor, ayúdame a traerla con nosotros! —dijo Lía entre lágrimas.
Por otro lado, Bardana peleaba con brutalidad. Cada ataque, cada golpe, era certero y mortal. El grito de Leonardo llegó a sus oídos, dibujando una enorme sonrisa en su rostro.
—¿De qué te ríes? Sabes que no puedes derrotarme —exclamó Alejandro, furioso al saber que se habían llevado a uno de los suyos.
—Ja, ja, ja. ¿Estás asustado, rey de nada? —Bardana se regocijaba en su soberbia. El rostro de Alejandro se volvió sombrío.
—Hoy seré coronado como el nuevo rey de los vampiros. No sabes lo que te espera... ¡Muere, maldito! —Bardana lanzó su golpe final, pero Alejandro se abalanzó sobre él con la velocidad de un rayo.
—Nadie se mete con mi familia —dijo Alejandro, sosteniendo la cabeza de Bardana entre sus manos.
—La... la bestia te matará... —susurró Bardana antes de desaparecer.
—Yo soy la bestia —dijo Alejandro, mientras salía victorioso de la pelea contra el general y se dirigía hacia donde estaba Leonardo. Había escuchado lo que Lía le había preguntado a su mayordomo.
—Respóndele a la aprendiz. Yo también quiero escucharlo.
—¡Mi señor! —Leonardo tenía la mirada humedecida.
—¿Amas más a la bruja que a mí? —preguntó el rey con serenidad. Un silencio ensordecedor se apoderó del lugar.
—Sí... jamás amé tanto en mi vida. Y sí, mi señor, la amo más que a usted —respondió Leonardo, quien por fin era sincero con sus sentimientos.
Alejandro dibujó una tierna sonrisa y miró a Leonardo con alivio.
—Entonces recupera a tu amada, querido amigo. Te libero de tu mayordomía.
Una especie de cadenas cayeron del cuello, manos y pies de Leonardo. El mayordomo no podía creer lo que escuchaba.
—Eres libre, Leonardo —le dijo Alejandro a su amigo con la voz entrecortada.
—Alejandro, pero...
—No, no digas nada. Debí liberarte hace mucho. Y aún sé que te habrías quedado a mi lado si lo hubiera hecho. Soy yo quien te pide que te vayas. Hace mucho deseaba decirte estas palabras.
—Gracias... —Leonardo lloró, conmovido, y se fue junto con Lía en busca de su querida Beatriz.
Esta batalla no ha terminado. Bardana está muerto, pero él no era su único enemigo. Fernando ha despertado de su profundo sueño y se siente más fuerte que nunca. El alcalde de Valle de Cobre ha vuelto a alborotar al pueblo, ha incendiado el local de Beatriz, sembrando un gran odio entre los pueblerinos, y ha denunciado a la bruja. Todos exigen que sea quemada en la hoguera frente a los habitantes del lugar.
—¡Suéltame! ¡Déjame ir, bastardo! —gritaba Beatriz, tratando de liberarse. Gabriel la había atado de manos y la arrastraba por las calles.
—¡Aquí viene la bruja! —gritó Gabriel con el rostro cubierto por su máscara blanca. El pueblo la insultaba, la escupía y la jaloneaba.
—¡Maldita bruja!
—¡Quémenla!
—¡Mátenla!
El pueblo la apedreó, hiriéndole la cabeza y causándole un fuerte sangrado.
—¡Ay! —Beatriz fue interceptada por un grupo de mujeres que la golpearon. Una de ellas sacó unas tijeras y comenzó a cortarle el cabello hasta dejarla calva. Su rostro estaba lleno de golpes.
—No... Leonardo... Lía... Voy a morir sin decirles lo mucho que los amo... Ay, Leonardo, mi vida... me van a matar... —Las lágrimas inundaban el rostro de Beatriz. Le habían rasgado la ropa y, de manera violenta, fue arrojada a los pies de Fernando, quien la levantó con rudeza.
—Tú... —Beatriz notó algo extraño en él. Sabía que había dejado de ser humano.
—¿Tienes frío, bruja? —preguntó Fernando con burla. Su rostro estaba lleno de odio.
—Ja, te convertiste en uno de los monstruos que tanto odias. Maldito perdedor —dijo Beatriz con una sonrisa. Fernando le dio un puñetazo en el estómago, sofocándola.
—Mira, basura. En esta hoguera serás purificada —Fernando le sujetó la cabeza, forzándola a mirar el lugar donde moriría.
—No... —El corazón de Beatriz se encogió y se llenó de miedo.
—¡Prepárenla!
Gabriel la amarró al poste y, una vez que la sujetó bien, prendió fuego.
—¡No vas a ganar! Alejandro acabará contigo. No moriré en vano... ¡No lo haré!
—¡Miren cómo invoca al demonio! ¿Qué tanto murmura esta hechicera? —gritaba el pueblo enardecido.
—¡Aaaah! —El fuego ardía con intensidad, quemando el cuerpo de Beatriz. Ella emitía agudos sollozos, gemidos llenos de un dolor indescriptible.
—No sabes cuánto lo estoy disfrutando, maldita bruja, ¡ja, ja, ja! —Gabriel se burlaba de ella mientras la escuchaba gemir de dolor.
A lo lejos se escuchó un fuerte gruñido. Un demonio estaba suelto, lleno de rabia, lleno de odio. Corría a toda velocidad. Era Leonardo, enloquecido. Pero un grupo de cuarenta vampiros le salió al encuentro. A una distancia considerable, sus ojos se iluminaron con la luz que devoraba a su amada.
—¡No! ¡Beatriz!
—¿A dónde crees que vas, mayordomo? Tendrás que acabar con nosotros si quieres evitar que se consuma.
Fernando observaba todo con deleite. Disfrutaba lo que veía y se sentía orgulloso. Se burlaba de la impotencia de Leonardo, quien buscaba llegar a su amada a toda costa, pero era embestido una y otra vez por los traidores.
—Leo... nardo... huye... —susurró Beatriz, casi inconsciente.
Leonardo era desmembrado una y otra vez por sus propios hermanos. Estiraba su mano, deseando alcanzarla, pero era inútil.
Entonces, cuando todo parecía perdido, apareció Alejandro, quien golpeó con fuerza a Fernando, lanzándolo lejos. Los pueblerinos quedaron aterrados y corrieron despavoridos.
—¡Es el rey! ¡Acaben con él! —gritaron los vampiros asustados.
—¿No se suponía que el general lo mataría? —se preguntaban, confundidos.
—Seremos nosotros quienes lo asesinaremos.
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El amante del pantano de Nil
ParanormalEl día previo a su boda, Ginebra descubre a su prometido en los brazos de su propia hermana. Devastada y al borde del abismo, se adentra en el pantano de Nil, un lugar envuelto en leyendas y peligro. Buscando la muerte, se entrega a un monstruo oscu...
