Daño colateral

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Un ambiente tenso se apodera del lugar; Verónica se ha quedado callada ante la reprensión
de su esposo.

—Con su permiso, debo retirarme. —Gerardo se va incómodo del lugar.

—Lo acompaño a la puerta.

—Gracias, señor Bardos.

—Descansa, Victoria. Espero te esfuerces por el bien de tu hijo. —Víctor sale de la habitación dejando solas a Verónica y a Victoria.

—¿En qué demonios estabas pensando, idiota? —pregunta Verónica furiosa—. ¡Si ese bebé se muere, te quedas en la calle y nosotros también!

—No hice nada malo, solo bebí un poco y ya, no es para tanto.

—¿Un poco? ¿Eres tonta o qué? ¡Te la pasas bebiendo todo el día!

—¿No me entiendes? ¡No puedo dormir! Todo el tiempo pienso en David, no dejo de mirar su cuerpo tendido en el suelo, cubierto de sangre... ¡Si no tomo me vuelvo loca!

—¡Pues te aguantas, niña tonta! ¡Si pierdes a ese mocoso te olvidas de todos estos lujos!

—¡Yo no quiero este bebé!

—¡No se trata de lo que quieras o no! ¿Acaso quieres vernos a tu padre y a mí mendigar en las calles? Con la reputación que te has hecho, ¿quién te va a querer? ¡Tú y tu hermana nos han deshonrado de la manera más vil que existe! Escúchame bien, ni se te ocurra perder a ese bastardo, a no ser que estés dispuesta a venderte en una esquina por un pedazo de pan.

Verónica besa la frente de Victoria y se va, dejándola llena de estrés y ansiedad.

—Maldita sea, ¡más te vale no morirte, mocoso! No querrás que tu madre viva en la miseria...

Mientras Verónica sale de la habitación, sorprende a Clara escuchando tras la puerta y la toma del brazo maltratándola.

—¿Por qué me jalonea?

—¿Te gusta escuchar las conversaciones de tus patrones? ¿Eh? —pregunta Verónica mientras la abofetea.

—¡No es lo que cree! ¡Mi deber es estar cerca de la señora Victoria para vigilar que no tome! Son órdenes del señor Bardos... —Clara está temblando.
—Sé que escuchaste todo lo que hablamos. Si me entero de que abriste la boca, me encargaré de desollarte yo misma, ¿entendiste?

—Sí...

—¿Sí qué, idiota?

—¡No diré nada! ¡Lo juro!

—Largo de aquí. —Verónica la empuja con fuerza y se va dejando amenazada a Clara para después reunirse con Víctor y regresar a su casa.

—¿Por qué tardaste tanto?

—Fui al baño, ¿también por eso me vas a regañar?

—Deberíamos rezar por esa criatura, que Dios lo libre de nacer con alguna discapacidad...

—Mejor aún, si nace enfermo podremos chantajear a Bardos y mantener nuestra economía asegurada. —Dice Verónica sin una pizca de decencia.

—¿Quién diablos eres? Te desconozco —Víctor está en shock al ver la frialdad de su esposa.

Por otro lado, los rayos del sol ruborizan las mejillas de Ginebra, quien se dirige al pueblo a comprar ropa. Las miradas y el cuchicheo de la gente la incomodan; han pasado tres meses de la muerte de David y para ella, Valle de Cobre se ha convertido en el lugar más desolado que existe.

—Intento con todas mis fuerzas superarte, pero todo me recuerda a ti. Mi corazón me sigue preguntando dónde estás, escucho a las personas hablar de mí a mis espaldas, me tienen lástima y al mismo tiempo se burlan de mí. Seguimos siendo el foco de atención para el pueblo, uno de sus entretenimientos. —Ginebra se dirige a un puesto de frutas y, mientras se distrae, choca con un rostro familiar.

El amante del pantano de Nil Donde viven las historias. Descúbrelo ahora