Los meses han pasado y aún se escucha lo que los Borgues le hicieron a los Landez. Ginebra y Víctor intentan sobrellevar lo ocurrido, a pesar de las murmuraciones y las etiquetas que persisten en su apellido; tratan de salir adelante. Por otro lado, Selene no permitió que Ginebra le devolviera el dinero que Bardos dejó como herencia, pues deseaba respetar la última voluntad de su amado señor. Así que Ginebra decidió comprarle a su padre una nueva propiedad para que los recuerdos de su antigua casa no terminaran de marchitar su corazón. Con el resto del dinero optó por invertir en el viñedo de su padre, logrando así liquidar todas sus deudas.
Mientras tanto, Fernando tiene el nombre de Alejandro rondando en su mente. Sabe que David fue el antiguo amor de Ginebra, pero ¿quién es Alejandro? Recuerda que la primera vez que habló con Ginebra ella lo confundió con ese hombre, y una notable decepción se dibujó en su rostro al darse cuenta de que no era él.
—¿Será que quisiste rehacer tu vida otra vez y terminaste abandonada por otro cobarde? ¿Será que ya olvidaste a David? ¿Ese tal Alejandro significa algo para ti? —se pregunta Fernando en sus adentros.
—Todo el tiempo está en mi mente, y solo encuentro una explicación para este sentimiento que me invade: ¡me gusta Ginebra Borgues!
El valiente héroe ha aceptado sus sentimientos por Ginebra y desea ser el hombre que conquiste nuevamente su corazón. Lo que no sabe es que el corazón de esa mujer ya tiene dueño: un hermoso y elegante vampiro.
—Lamento que hayas sufrido tanto en mi ausencia —dice Alejandro, con Ginebra entre sus brazos, llenándola de besos mientras la consuela. Han pasado varias horas amándose y disfrutándose mutuamente.
—Me hiciste mucha falta, estoy feliz de que estés conmigo —responde Ginebra, abrazándolo con fuerza—. Últimamente han aparecido cadáveres de personas con marcas en el cuerpo; les han bebido toda la sangre y los han dejado tirados en las orillas del pueblo. Me da miedo que otro vampiro esté cazando en Valle de Cobre —añade, temerosa.
—Por la forma tan peculiar en que caza, tengo una idea de quién puede estar detrás de esto.
—¿De quién se trata? —pregunta Ginebra, preocupada.
—Te lo diré cuando esté seguro. No quiero involucrarte en esto. Le pediré a Leonardo que investigue a fondo este asunto. Le daré una advertencia, pero si insiste en cazar en este territorio, tendrá que aceptar su castigo.
—Espero que entienda la advertencia...
En las afueras de Valle de Cobre, unos trabajadores pasados de copas caminan entre la espesa niebla. El vino les ha llegado a la cabeza y ríen a carcajadas mientras tambalean. De pronto, una hermosa mujer aparece ante ellos, una belleza de piel pálida y abundante cabello rojo y ondulado. Los hombres no pueden creer lo que ven y piensan que el alcohol les está causando alucinaciones. Pero la mujer, de aspecto seductor, comienza a desnudarse frente a ellos y con la mano les hace una señal para acercarse.
El deseo los lleva a balancearse sobre aquella mujer, pero luego de unos cuantos besos, comienzan a ser atacados por la misteriosa dama, quien los devora con sus garras, bebiendo su sangre y despedazándoles las entrañas. Una vampiresa ha llegado a Valle de Cobre.
—Así que mi querido rey ha despertado —dice la mujer mientras se limpia la sangre de los labios.
Mientras tanto, Alejandro le ha pedido a Ginebra que regrese a su casa, mientras él y Leonardo investigan más sobre ese osado vampiro. Si sigue siendo indiscreto, terminará llamando la atención, y eso es algo que el rey de los vampiros no puede permitir.
Por otro lado, Ginebra camina entre las calles del pueblo. Hace frío y la niebla impide ver bien por dónde va. Se dirige a la mansión de los Landez, a ver a Selene, quien ahora es la nueva señora de la casa, pues ha adoptado el apellido de su difunto esposo.
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El amante del pantano de Nil
ParanormalEl día previo a su boda, Ginebra descubre a su prometido en los brazos de su propia hermana. Devastada y al borde del abismo, se adentra en el pantano de Nil, un lugar envuelto en leyendas y peligro. Buscando la muerte, se entrega a un monstruo oscu...
