Una noche de paz

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Nota: Hola a todos, este capítulo no va en el hilo de la trama original, es un especial de navidad, espero lo disfruten ☺️ en el próximo capítulo regresaremos con las sirenas de alcatraz.
Att: La reina cuervo 🖤

Hoy hace un frío descomunal en Valle de Cobre. La gente del pueblo se guarda en sus casas por el helado clima. Los pueblerinos están de buen humor, pues la Nochebuena está cerca, el día en que la paz y la felicidad reinan. Solo por hoy, el mundo de los monstruos y los humanos conviven en armonía.

—¿Por qué compras tantas flores? —Beatriz carga varios ramos de rosas.

—Hoy tenemos que visitar varias tumbas —Ginebra sonríe con serenidad.

—Oye, no me digas que todo ese ponche y esos panes son para los muertos. ¡Ellos ya no pueden saborear nada! Mejor dámelos a mí... —Beatriz hace un tierno berrinche.

—Vamos, Bety, tendrás todo el ponche caliente que quieras. Pasaremos juntas la Navidad. Mi padre estará de viaje por unos negocios en la ciudad y no regresará hasta mañana, pero está tranquilo de que ninguna de las dos la pase sola esta noche.

—¿Y qué hay de esos dos?

—A Leonardo y Alejandro no les gustan estas cosas. Probablemente se vayan de cacería. Me pone un poco triste no verlos, pero no podría obligarlos a ir en contra de sus creencias.

—Tienes razón, no me los imagino con un gorro navideño, jaja. Esos ojos rojos y esos colmillos largos y blancos son espeluznantes, estarán mejor en su ataúd.

—Bueno, tenemos mucho que hacer antes de preparar la cena.

—Será mejor que nos apresuremos, tengo congelado el trasero —dice Beatriz titiritando.

El olor a ponche inunda Valle de Cobre. Ginebra y Beatriz se dirigen al panteón familiar donde descansan sus seres queridos. Después de algunos pasos, Ginebra se percata de que Beatriz se ha quedado atrás.

—¿Bety?

—Gi... Giny... nunca te lo he dicho, pero odio los panteones —exclama Beatriz temblorosa.

—¿De qué hablas? Este panteón es de los más hermosos del pueblo.

—Es que tú no ves las cosas que yo veo...

—¿Eh? ¿Qué cosas? —Ginebra voltea, pero no ve nada.

—Ju... justo detrás de ti hay muchas luces azules flotando por todos lados. Parecen un enjambre de abejas. Además, hay una vieja decrepita gritándote un montón de groserías, está toda chimuela y despeinada.

—¿Qué? ¿Una viejecita? ¿Un... fantasma? —Ginebra se pone tiesa del miedo.

—Sí, y no deja de insultarte. Dice que eres una... ya sabes, de lo peor. También dice que eres una huesuda y una ojona.

—¿Por qué me está insultando? —pregunta Ginebra llorosa.

—Porque estás parada sobre su tumba.

—¿Qué? ¡Ay, lo siento mucho! Por favor, discúlpeme, señora espectro.

—Vámonos antes de que quiera poseerte y robar tu cuerpo. Se ve que es un espíritu maligno. No quisiera exorcizar a mi mejor amiga.

El amante del pantano de Nil Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora