Ginebra está enmudecida. Alejandro se encuentra frente a ella, mirándola en silencio con sus hermosos ojos color escarlata. ¿Qué le sucede? ¿Por qué su corazón late con tanta fuerza?
Sin notarlo, las lágrimas resbalan por su rostro, y recarga la cabeza en el pecho del hermoso vampiro mientras sus pensamientos la envuelven.
«Creí que jamás volvería a ver el rostro de Alejandro. Siento una paz extraña en mi corazón. Sus ojos tienen la mirada de un demonio y su presencia es la de una fiera hambrienta... aun así, me siento segura a su lado. Sé que, si algo malo ocurre, él me protegerá.
Beatriz me dijo que, si uno de los dos intentaba huir del vínculo, tarde o temprano terminaríamos regresando el uno al otro. Su alma llamaría a la mía, y yo correría hacia él. Y creo que tenía razón... Hoy estamos juntos de nuevo.»
—¿Por qué lloras? —pregunta Alejandro con su voz grave y profunda.
—Perdóname... Te dije cosas horribles. Fui una tonta. Este vínculo significa tanto para ti... me lo repetiste muchas veces y yo no lo entendía. Por favor, perdóname —dice Ginebra entre lágrimas.
—Como te dije aquella vez... no espero nada de ti.
—Pensé que no volvería a verte... —murmura ella con dolor.
—No me digas que me extrañaste, humana —Alejandro se sorprende al escucharla. Había esperado reproches por lo que hizo con el cadáver de David.
—Todos los días... —responde Ginebra con un suspiro, aliviada de tenerlo frente a ella.
—Debo admitir que no esperaba verte aquí, pero creo que ya deberías volver a casa. Te prometo que no volverás a saber de mí. No quiero estar vinculado a una prisionera del pasado. Me molesta saber que miras hacia atrás y te retuerces por lo que yace bajo tierra.
Así que ignora mi existencia. Nunca me rebajaré a competir con un fantasma. Soy un rey, y desprecio la deslealtad en la mirada. Tus ojos me ofenden... Olvídate de mí.
Alejandro habla con una decepción que cala hondo.
—Lo sé... Yo también me cansé de eso. Ya no quiero seguir mirando atrás. He decidido dejar ese pasado atrás... a él. Dejé de amar a David desde el momento en que tú te fuiste, y no me había dado cuenta. Todo este tiempo, solo podía pensar en ti.
Este vínculo se ha vuelto lo más importante para mí. Sé que te avergüenza haberte unido a una humana, pero a mí no me importa que seas un vampiro. He decidido quedarme a tu lado. Así que, por favor, no te vayas. Si lo haces... seré la mujer más desdichada del mundo.
—¿Me has declarado tu amor? —pregunta Alejandro, con un tono burlón.
Ginebra se ruboriza y asiente tímidamente con la cabeza. También está sorprendida. Jamás imaginó que lo que sentía por ese vampiro era amor... un amor más profundo que el que alguna vez sintió por David.
—Enamorarte de mí es un error —dice Alejandro, apartándola con suavidad.
—No me importa. Conozco los riesgos y, aun así, quiero estar contigo —responde Ginebra, con firmeza.
—Aún estás a tiempo de recapacitar. Hazlo antes de que sea demasiado tarde. Has visto con tus propios ojos lo que te espera si estás conmigo.
Te daré la oportunidad de escapar, con la promesa de que no te seguiré. Vete, vive tu vida de la manera más normal posible.
Porque si decides quedarte, nuestro futuro será incierto... lleno de sombras y peligros. Habrá dolor, habrá pérdidas.
Así que te pregunto: ¿Aun así quieres quedarte conmigo?
—Sí... —responde Ginebra, mirándolo con ojos suplicantes.
—Si eso es lo que deseas, acepto. Pero tengo una condición.
—¿Cuál es? —pregunta ella, intrigada.
—Mantengamos esto en secreto. Los humanos que te rodean no deben saber de mi existencia.
Ante los ojos del pueblo, serás una mujer común con una vida tranquila.
Si tu familia pregunta, dirás que ese tal Alejandro se fue lejos, rompiéndote el corazón, y que nunca más supiste de él.
Vivirás en el pueblo y nos encontraremos aquí, en secreto.
Debes saber que en los días soleados no podrás verme, pero en las tardes nubladas y en las noches oscuras y frías... estaré esperándote.
Sé que mis constantes ausencias te hacen sentir sola, así que esto será lo mejor.
Tú serás mía, y yo te complaceré... pero te advierto: una criatura como yo no puede enamorarse.
Así que dime, Ginebra Borgues... ¿aceptas mis condiciones?
—Acepto —responde ella, con determinación.
Ginebra había prometido no volver a enamorarse. Y, sin embargo, ahora está frente a Alejandro, deseando un solo beso suyo.
El corazón le retumba en el pecho. Está enamorada del monstruo del pantano de Nil.
Y por un instante, cree ver cómo los ojos del vampiro brillan al escucharla.
Alejandro la toma entre sus brazos y la contempla como si fuese una obra de arte.
Acaricia su rostro sonrojado y, con una ternura inesperada, la besa con pasión.
Su boca fresca y húmeda calma una sed que Ginebra no sabía que tenía... una sed que solo él puede apagar.
Las caricias de Alejandro despiertan en ella un deseo profundo he instintivo.
Sus manos la recorren con adoración, y de sus labios escapan suspiros que el vampiro recibe como ofrendas.
Al escuchar los latidos de su humana inexperta, Alejandro se consume por dentro.
La alza entre sus brazos con la facilidad de quien carga algo precioso, llevándola a su habitación.
Allí, con delicadeza, comienza a despojarla de sus prendas.
El corazón de Ginebra late con fuerza. Alejandro le besa el cuello, se aventura a explorar sus formas, a contemplar cada rincón de su piel con devoción.
Ella tiembla envuelta en un sin fin de emociones, electrizada por las atenciones de su amante.
Él sabe que es la primera vez de Ginebra, y la trata con una dulzura que la desarma, repitiéndole al oído cuánto la desea, lo hermosa que es.
¿Cómo puede una criatura como él ser tan dulce?
La ama como si ella fuera su todo.
Entre besos y caricias, su unión se consuma bajo la mirada de la luna llena.
El vínculo se ha sellado.
Sus cuerpos se hicieron uno, y en ese instante, todo lo demás dejó de existir.
Alejandro se entregó a Ginebra, y ella se rindió ante él sin miedo.
Su amor será un secreto...
Ginebra tiene un nuevo amante: el amante del pantano de Nil.
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El amante del pantano de Nil
ParanormalEl día previo a su boda, Ginebra descubre a su prometido en los brazos de su propia hermana. Devastada y al borde del abismo, se adentra en el pantano de Nil, un lugar envuelto en leyendas y peligro. Buscando la muerte, se entrega a un monstruo oscu...
