Victoria está impaciente y llena de inseguridad; su mente imagina los peores escenarios, y en todos aparece Ginebra.
—Iré a buscarlo. No sé por qué tarda tanto.
—Si no llega en veinte minutos, me iré de aquí. Llevo más de una hora esperando —dice Clemente, enojado.
—¿Qué está diciendo, padre? Le pagaremos el doble. El novio debe estar nervioso, eso es todo —ríe Verónica, apenada.
—Ya se los dije: tienen veinte minutos.
Verónica se acerca a Bardos, molesta. Sospecha que quizá él está encubriendo a su hijo.
—¿Dónde está David?
—¿No es obvio, mujer? El muchacho no quiere casarse con tu hija. Yo haría lo mismo si fuera él.
—No digas tonterías. Victoria espera un hijo suyo.
Victoria está muy avergonzada. Por más que busca, no ve a David por ningún lado, y está a punto de llorar.
—Él no puede hacerme esto...
Por otro lado, David se encuentra en uno de los jardines traseros, lamentándose por su querida Ginebra.
—¿Cómo pude hacerte esto, mi amor? Éramos tan felices... ¿Cómo pude romper tu corazón así? Ibas a ser mi esposa, mi mujer. Contigo formaría una familia. Pero fui un idiota, un completo imbécil. Daría lo que fuera por regresar el tiempo y estar aquí contigo. ¿Qué estarás pensando ahora? ¿Estarás recostada en los brazos de ese hombre que dice ser tu novio? Ya no vale la pena lamentarse. Tengo que hacerme responsable de mis actos.
David se limpia las lágrimas y se va. En ese momento, Alejandro y Ginebra llegan tomados del brazo a la ceremonia. Todos los presentes los miran con asombro.
—¿Quién es él?
—¿Será el nuevo novio de Ginebra?
—¿Qué pasa con esta familia?
—Ella merece ser feliz, después de lo que su hermana le hizo...
Ginebra siente las miradas sobre ellos. La incomodidad la hace querer dar la vuelta.
—Todo el mundo nos está mirando. Vámonos de aquí, no puedo hacer esto.
—No iremos a ningún lado. Recuerda que no hay vuelta atrás.
—Ya lo sé, pero...
David camina hacia el altar, y el corazón de Victoria se tranquiliza al ver que su futuro esposo ha llegado.
—Ahí está... Menos mal que regresó.
—Y no es la única —dice Verónica, tomando la mano de Victoria.
—Ginebra... —Víctor se llena de angustia al ver entrar a su hija del brazo de aquel extraño.
—¿Qué hace ella aquí?
—No te preocupes, cariño. No permitiré que haga un escándalo.
—¿Crees que vino a impedir la boda? —le pregunta Victoria a su madre, con los nervios de punta.
—No lo sé...
De pronto, el corazón de David se detiene. Su instinto lo hace voltear. Frente a sus ojos está su amada Ginebra.
—David... —ella se estremece al verlo.
Alejandro lanza una mirada altiva y le dice a David con voz amenazante:
—Tu futura esposa te espera en el altar.
—¿Es verdad que eres su novia? ¿Acaso ya dejaste de amarme? —pregunta David con profundo dolor en el pecho. No puede soportar la idea de que Ginebra esté con otro hombre.
—Dejé de amarte desde el momento en que te vi enredado en los brazos de Victoria.
—No te creo. Tu cara parece dura, pero te conozco. Sé que lo que hice fue una canallada, pero te amo. Nunca dejé de amarte.
—No mientas. Tú nunca me amaste. Te revolcaste con ella a la primera oportunidad.
—Lo sé, fui un idiota. ¡Por favor, perdóname! Sé que no tengo derecho a pedirte esto, pero no te quedes con él. No lo hagas por despecho. No arruines tu vida por mí.
—¿Qué? ¡Tú eres el único que intentó arruinarme! Pero estoy viva, y sí, soy su novia. Él es mucho mejor hombre de lo que fuiste tú... —Ginebra está a punto de romper en llanto, pero su orgullo se lo impide.
—¡Mientes! Tú no lo amas. Se te nota en la cara, en la forma en la que aún me miras. Tu corazón te delata: aún me amas.
—Te odio...
—Ginebra, yo... —El corazón de David se oprime al escucharla. Alejandro se dirige a él con tono amenazante.
—¡Ya fue suficiente! ¿Te atreves a hablarle así a mi novia en mi presencia? ¿No te quedó claro que ya no le importas?
—¡Tú no te metas! ¿Quién te crees que eres?
—Soy el hombre que ahora complace a tu exmujer —responde Alejandro, mientras ambos se miran con rabia.
Desesperada y llena de incertidumbre, Victoria interrumpe con gritos:
—¡¿Qué significa esto?! ¿Qué hacen ustedes aquí?
—Victoria... —Ginebra la mira fijamente.
—¿Viniste a interrumpir mi boda, eh? ¿Tanto me odias? ¿Viniste a robarme a David?
David aparta a Victoria, alejándola de Ginebra.
—Por favor, regresa a la ceremonia.
—¿De qué ceremonia me hablas? ¡Creí que no vendrías!
—No te preocupes por mí. No vine a impedir nada.
—¡¿Entonces por qué estás aquí?!
—No pienso esconderme. No fui yo la que te traicioné.
—¡Deja de interrogarla, Victoria! Ya te dije que me haré responsable de ti y del hijo que llevas dentro. Ginebra no tiene la culpa de nada.
La discusión se está volviendo acalorada, y Víctor decide intervenir.
—Ginebra, hija, ¿qué haces aquí?
—¿No querían que los acompañara como una hija feliz? ¿No querían que fuera su dama de honor?
—Estás en tu derecho de irte cuando quieras. No tienes por qué ver esto, mi amor.
—No, padre. Vine por mi propia cuenta. Vine a ver con mis propios ojos cómo toda mi familia se une para traicionarme.
—Ginebra...
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El amante del pantano de Nil
ParanormalEl día previo a su boda, Ginebra descubre a su prometido en los brazos de su propia hermana. Devastada y al borde del abismo, se adentra en el pantano de Nil, un lugar envuelto en leyendas y peligro. Buscando la muerte, se entrega a un monstruo oscu...
