Luego de la discusión con Victoria, Ginebra sale de su casa y se dirige al jardín. A lo lejos, ve a David que se acerca con un ramo de flores y corre a su encuentro.
—¡David!
—Ginebra, te traje esto. ¿Cómo estás? ¿Qué tal va todo para la boda?
—Todo va muy bien, solo falta decidir qué tipo de manteles usaremos para la celebración. El banquete aún está por definirse, pensaba que tú y yo podríamos ir a elegir juntos. Ya tengo el vestido de novia, mi padre me lo regaló.
—Lamento dejarte sola con la organización, pero he estado muy ocupado. Mañana te acompañaré a revisar lo del banquete, ¿de acuerdo? Por lo pronto, ya sé a dónde llevaré a mi esposa de luna de miel.
—¿Lo dices en serio? ¿A dónde?
—Te llevaré a París.
—¡No puedo creerlo! París es un sueño hecho realidad. —Ginebra está emocionada y abraza a David.
—Te mereces ese viaje. Siempre quisiste ir. Además, ¿qué mejor que disfrutarlo juntos?
—¡No puedo esperar para por fin ser tu esposa!
—Ya falta poco.
—Por cierto, qué modales los míos... no te invité a pasar. ¿Quieres entrar?
—No, gracias. Tengo que regresar. Encontraron un cuerpo en un callejón.
Ginebra cae en cuenta de que se trata del mismo cuerpo que ella había encontrado momentos antes.
—Parece que es el mismo animal que atacó a las otras víctimas, incluyendo al ganado.
—¿Ya descartaron que haya sido un asesino?
—Pues... a todos los cuerpos se les encontraron marcas extrañas en el cuello, como si algo les hubiera succionado la sangre. Dimos por hecho que se trata de algún animal.
—¿Cómo un vampiro?
—¡Eso no existe!
—Espero que lo atrapen pronto.
—En fin... no salgas de casa. No sabría qué hacer si algo te pasa.
—Tendré cuidado, lo prometo. Tú también cuídate.
—Nos vemos mañana. —Se despiden con un beso y David se va.
—¿Qué haces aquí afuera? ¿Era David?
—Sí, vino a traerme estas flores.
—Voy a salir. No me esperen.
—¿Adónde vas?
—¡Ese no es asunto tuyo!
—No hagas nada estúpido.
Victoria la ignora y se marcha luego de tomar un abrigo.
—¿Adónde va? No sé por qué me empeño en llevarme bien con ella, si parece que se esfuerza en mantener esa postura conmigo... Qué más da. Me iré a recostar un rato; hoy ha sido un día difícil.
Ginebra está descansando en su cama cuando de pronto unos perturbadores gritos la despiertan.
—¿Qué fue eso? ¡¿Victoria?!
Rápidamente, se levanta de la cama y busca apresurada el origen de los gritos, pero no provienen de la casa, sino de afuera.
—¿Victoria? Los gritos vienen de afuera... pero ¿de dónde?
Los alarmantes gritos no cesan. Al contrario, cada vez aumentan más.
—Parece que vienen del bosque... Espero que no sea Victoria o mi madre... No logro ver nada, está demasiado oscuro.
Descalza y soportando el frío, Ginebra corre en dirección al bosque. Al acercarse a los gritos, estos se apagan. Al adentrarse en la espesura, distingue dos sombras. Parecía que algo estaba devorando a su presa. En efecto, escucha los últimos sollozos agonizantes de la víctima.
—¿Qué está pasando?... No... esto no es real.
Petrificada y asustada, Ginebra les ordena a sus piernas huir de ese lugar, pero no responden. En un intento de escapar, pisa una rama, atrayendo la atención de la bestia. Entonces, milagrosamente, sus piernas al fin reaccionan, y huye.
—No... no. Esto no está bien. Tengo que salir de aquí. ¡No puedo morir de esta forma!
Algo trepa a la copa de los árboles y la persigue ferozmente.
—¡Auxilio, ayúdenme!
Resbala y cae bruscamente cuesta abajo, golpeándose fuertemente la cabeza. Pierde el conocimiento por un momento. Su cuerpo queda tendido en el suelo, totalmente vulnerable. Siente la calidez de su sangre recorriendo el rostro, y entre imágenes borrosas y confusas, ve a un hombre alejarse entre las ramas.
Luego de algunos minutos, vuelve en sí, desorientada y llena de adrenalina.
—¿Dónde estoy?... Ah... mi cabeza. ¡Estoy sangrando! ¡Rayos! Pude sentir cómo claramente algo me cargó... y no solo eso... ¿alguien lamió la sangre de mi herida? ¿Acaso será ese animal del que David habló? No... esto era humanoide. ¡Imposible! ¿Habrá devorado a alguien? ¿Debería volver y ver de quién se trata? Pero qué estupideces estoy diciendo... ¿acaso quiero morir?
Aun así, tiene que asegurarse de que lo que vio fue algo más que un animal devorando a otro.
Ginebra toma una piedra y se dirige nuevamente al bosque. Al llegar, decide acercarse. Temblorosa, camina hasta el bulto y, al inclinarse a tocarlo, se da cuenta de que se trata de un ciervo.
—No es humano... entonces... ¿este ciervo era quien hacía esos ruidos aterradores? Está muerto. Debería revisar su cuello y... tiene esas marcas. Lo que devoró a este animal no fue una bestia... fue un... ¿humano?
—Podría ser que esa vieja historia que cuentan sea real y el monstruo del pantano de Nil sea un vampiro. Tiene más sentido de lo que parece. ¿Pero ese hombre de la historia... seguirá vivo después de tanto tiempo? ¿En qué estoy pensando? Me iré a casa antes de que esa cosa decida volver por mí.
Ginebra regresa a casa. Su padre está desconcertado, ya que pasa de la medianoche. En eso, la ve llegar, sucia y con un notorio golpe.
—Hija, ¿estás bien? ¿Dónde estabas?
Victoria observa a su hermana con desdén y, en tono burlón, le dice:
—¿Estabas con tu amante?
—¡Cierra la boca! ¿Acaso no ves que tu hermana está lastimada? Trae algo para curar su herida, ¡rápido!
—Perdón, papá. Estoy bien. Solamente tropecé y, sin querer, me golpeé la cabeza. Pero no me duele.
—¡Ven aquí y siéntate! Dios mío, no vuelvas a salir sin avisarme. Afortunadamente estás bien.
—¿Tan mal se lo hiciste que el tipo tuvo que golpearte? —Victoria ríe, disfrutando ver a su hermana en esas condiciones.
—Deja de decir tonterías, Victoria. ¡No hagas enojar a papá!
Luego de que su padre revisa la herida, Ginebra sube a su habitación a descansar.
—Me cuesta creer que esto haya pasado. Aun si tratara de explicárselo a alguien, jamás me creerían. ¿Y quién lo haría? Yo misma creo que estoy loca... ¿en serio existen los vampiros? ¿Será que una vez más la mitad del pueblo desaparecerá? Mejor aseguraré las ventanas.
Ginebra toma un baño para despejar su mente, pero es inútil: no puede dejar de pensar en lo ocurrido. Ya en la cama, un insomnio la obliga a dar vueltas buscando conciliar el sueño. Trata de explicarse qué fue lo que pasó y cómo era posible que algo o alguien la siguiera desde lo alto de los árboles.
Después de un largo rato, sin encontrar respuestas, se queda dormida.
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El amante del pantano de Nil
ParanormalEl día previo a su boda, Ginebra descubre a su prometido en los brazos de su propia hermana. Devastada y al borde del abismo, se adentra en el pantano de Nil, un lugar envuelto en leyendas y peligro. Buscando la muerte, se entrega a un monstruo oscu...
