Lía, por fin, se ha calmado. Tiene los ojitos hinchados de tanto llorar. Ahora se encuentra sentada frente al fuego mientras toma el chocolate caliente que le ha preparado Ginebra. La aprendiz de bruja se disculpó formalmente con su mentora y, ahora, las cosas entre ellas están tranquilas. Beatriz comprende que, debido al estado emocional y mental de Lía, su invocación se vio afectada por sus sentimientos, pero no la culpa por lo sucedido. Está dispuesta a asumir la responsabilidad y a detener a esa criatura antes de que sea demasiado tarde.
Ginebra se acaricia el vientre y hace un pequeño quejido de dolor.
—¿Estás bien? ¿Te duele algo? —pregunta Beatriz, preocupada.
—Estoy bien. Los bebés se mueven mucho y, a veces, es un poco doloroso —responde Ginebra con una sonrisa.
—Qué asco. Debe sentirse como tener un par de tentáculos adentro.
—¡Bety! ¿Cómo puedes decir eso? —ríe Ginebra.
—Yo creo que son hermosos —dice Lía, acariciando el vientre de Ginebra con dulzura—.
El rey me ha encomendado ser fuerte y convertirme en una bruja útil para poder protegerlos. Les prometo que los cuidaré siempre. Nadie va a lastimarlos.
Beatriz y Ginebra se conmueven con las palabras inocentes de Lía.
—Por cierto, la hija de Selene ya debe haber nacido. Escuché que fue una niña —dice Beatriz, asombrada.
—Sí, debe tener un mes su bebita —responde Ginebra con dulzura.
—Quién diría que el apellido Landez sobreviviría después de tantas desgracias... Me alegra que Bardos aún tenga descendencia —dice Beatriz con una sonrisa.
—A mí también. Estoy segura de que esa familia comenzará a levantarse y las Landez volverán a brillar —agrega Ginebra.
—También lo creo.
Un ambiente de nostalgia se apodera del momento. Los ojos de Ginebra siempre se humedecen al recordar a los Landez, y Beatriz decide cambiar radicalmente de tema.
—¿Por qué no hablamos de otra cosa? ¿Aún queda más chocolate?
—Sí, creo que quedó un poco en la olla —dice Ginebra, limpiándose los ojos.
—Ya está oscureciendo... Me pregunto si esos vampiros vendrán en camino. Espero que Alejandro no quiera asesinarme por lo que pasó y...
El ruido de la puerta principal abriéndose interrumpe a Beatriz. Alejandro y Leonardo por fin han regresado al pantano.
—¡Alejandro! —Ginebra corre hacia su amante y lo recibe con besos.
Alejandro la carga entre sus brazos y acaricia su vientre con una sonrisa.
—Mis príncipes y mi futura reina... los eché de menos —dice, besándole la mano.
Lía y Beatriz le hacen una reverencia, y Alejandro asiente con la cabeza para corresponderles. La aprendiz desvía la mirada hacia Leonardo y corre a abrazarlo. Está tan feliz de verlo que se aferra a su pierna con fuerza. Beatriz se siente celosa de la iniciativa de Lía; ella también quisiera hacerlo, pero cree que no tiene ninguna oportunidad con el apuesto mayordomo y solo lo saluda con una tímida señal de mano.
—Están empapados. Lástima que no pueden tomar chocolate, está riquísimo. Debe ser fastidioso comer lo mismo siempre. Además, de nada sirve que les ofrezcamos toallas... ustedes no sienten frío, no sienten nada, jaja.
Beatriz se da cuenta de que sus comentarios están fuera de lugar y traga saliva.
—De hecho, ya cenamos —dice Leonardo, sonriendo al ver el rostro ruborizado de Beatriz.
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El amante del pantano de Nil
ParanormalEl día previo a su boda, Ginebra descubre a su prometido en los brazos de su propia hermana. Devastada y al borde del abismo, se adentra en el pantano de Nil, un lugar envuelto en leyendas y peligro. Buscando la muerte, se entrega a un monstruo oscu...
