El origen del vanpiro 2

6.2K 490 21
                                        

Ginebra está atenta a las palabras de Alejandro; conocerlo la ayudará a entender más su personalidad egocéntrica y narcisista, pero sobre todo descubrirá cómo ese apuesto caballero terminó dejando su humanidad para convertirse en un demonio de la noche.

—Está de más que te diga el año en que todo sucedió, pero estaba cerca de cumplir los 23 años. Era el heredero de una prestigiosa familia de nobles: la familia Romaní. Era el único hijo de mi padre, el conde de Harnear, un hombre de excesos, lleno de lujos y poder, amigo de la corona y enemigo del pueblo. Esta enemistad lo llevó a perecer en manos de un mercenario, quien dejó su cuerpo empalado en las afueras de la capital imperial. Alguien quería destruir a mi familia y terminar con el linaje de los Romaní. Jamás imaginé que el actor intelectual de la muerte de mi padre sería el varón de Zardej, el medio hermano de mi padre. Así, oculto tras las manos de un asesino, fue acabando uno a uno con los miembros de mi familia: mis abuelos, mis tíos, primos y, por último, mi madre, una mujer de apenas seis meses de embarazo.
El odio me consumió por completo. A ese cobarde le faltaba mi cabeza para consumar su malvado plan y desaparecer de la faz de la tierra mi linaje. Así que me preparé, contraté guardias para proteger la mansión, incluso los criados estaban armados. No iba a permitir que ese desgraciado se quedara con mi fortuna. Durante varios días, la mansión fue resguardada de día y de noche.
Armado y con el vino hasta la cabeza, fui sorprendido por un ataque a mis espaldas. De la nada, un monstruo me atacó, una bestia de aspecto humano y fuerza sobrenatural que me sometió y comenzó a alimentarse de mi sangre con desesperación. Lo que pasó a continuación se lo atribuyo al odio en mi corazón: no estaba dispuesto a morir en manos de esa cosa. Mi orgullo me dio la fuerza para quitármelo de encima. Mareado y tambaleante, me dispuse a enfrentar a mi adversario.
Sabía que lo que tenía enfrente no era un ser humano, sino un demonio de la noche. Decidí salir de esa habitación y salté por la ventana. Me levanté como pude y lo que mis ojos vieron esa noche me dejó frío: había decenas de cuerpos tirados en el suelo, todos asesinados y devorados por ese demonio. Estaban pálidos y con los ojos hundidos. Me rehusaba a terminar como ellos y me enfrenté a la bestia con la poca energía que me quedaba. El monstruo se abalanzó sobre mí y lo llevé a su ruina, guiándolo hacia un pozo profundo, que fue su perdición.
El amanecer se volvió mi aliado, calcinando a esa cosa hasta convertirlo en cenizas, hasta que el ardor en mi piel me hizo ver que el sol también me lastimaba: su mordida me había convertido en uno de ellos, en un demonio de la noche.
Aproveché el poder que había adquirido y me vengué de mi tío: bebí hasta la última gota de su sangre, asesiné a toda su familia, a sus esclavos y a sus animales. Asesiné a todos los que pude, buenos y malos, haciendo que mi sed de sangre no se saciara.
Mi fama se extendió como la pólvora, intimidando al rey y a todo el que escuchara mi nombre. Nada me detenía. Mi furia era tanta que arrasé con pueblos enteros, ciudades completas. La gente decía que era el dios de la destrucción. Sin darme cuenta, maté al rey de los vampiros, convirtiéndome en el nuevo señor de las sombras. Me convertí en una leyenda, otorgándole la inmortalidad a quien me la pidiera a cambio de su lealtad y servicio. Me apodaron "el Rey de todo", viendo siglos pasar ante mis ojos sin deteriorarme, asqueado de la vida sin derecho a envejecer.
Años después, llegué a Valle de Cobre, aterricé a tu pueblo por un tiempo para después descansar en un ataúd sepultado en lo profundo de la tierra, hasta que el hambre me despertó. Y el resto de la historia ya la sabes: terminé con la vergüenza de vincularme con una humana frágil como tú.

Ginebra está impresionada con la historia de Alejandro; el hermoso vampiro resultó ser un rey, el señor de todo: Alejandro de Romaní.

—Ya conoces mi origen, ¿qué más quieres saber, humana caprichosa?
—Dime algo —Ginebra tiene un semblante serio—. Dijiste que podías otorgar la vida eterna, ¿no es así? Convirtiendo a esa persona en un vampiro.
—¿Y qué con eso?
—Entonces, ¿por qué no convertiste a David? ¿Por qué no le salvaste la vida?
—¿De qué estás hablando?
—¡Si lo hubieras mordido, él ahora estaría conmigo! ¿Por qué no lo transformaste? —Grita Ginebra llena de dolor.
—¿Qué estupideces estás diciendo?
—Pudiste haberlo salvado... ¡pero no quisiste! —Ginebra sale corriendo de la mansión mientras llora, llena de rabia. La lluvia es cada vez más intensa, está completamente empapada y, sin darse cuenta, ha llegado al pantano.
—¡Ven acá! ¿Cómo te atreves a darme la espalda, mujer insolente? —Alejandro está furioso y toma a Ginebra del brazo para detenerla.
—¡Suéltame! ¿Por qué dejaste que se lo tragara la tierra? —Ginebra llora amargamente.
—¿Y por qué iba a salvar a ese infeliz? ¿En qué me beneficiaba si se salvaba?
—¡Qué me sueltes!
—¡No voy a soltarte hasta que me pidas perdón!
—¡No voy a pedirte perdón a un desalmado como tú!
Alejandro, lleno de rabia, avienta a Ginebra, quien cae al piso.
—¡Jamás había conocido a una mujer tan vulgar y deprimente como tú! ¿Cómo pude vincularme con una humana tan irreverente y malcriada? ¡Qué vergüenza! —Alejandro está muy enojado, no se siente respetado por Ginebra.
—¡Pues anula este estúpido pacto! ¡Tú jamás vas a estar en mi corazón! Siempre estará ocupado por David, él siempre será el amor de mi vida, nunca podrás compararte con él. ¡Yo jamás voy a amarte! —Alejandro le da una fuerte bofetada, dejándola sin palabras.
—¿Quién te dijo que me interesa reemplazarlo? ¿Quién demonios te dijo que quiero que me ames? Voy a dejarte las cosas claras de una maldita vez: tú no me interesas como mujer, yo jamás voy a amarte, no te deseo y no me interesas en lo absoluto. Si estoy unido a ti es por el vínculo, no por mis propios deseos.
Alejandro pone la mano de Ginebra en su pecho.
—¿Escuchas algo? ¡No hay nada aquí! ¡Está vacío! No busco el amor de nadie y menos el de una humana débil como tú.
Alejandro está furioso, se siente gravemente ofendido por Ginebra, pero su semblante cambia cuando ve que unos lagartos se aproximan a ella para devorarla, y rápidamente la toma del brazo y la avienta lejos mientras los lagartos se le van encima y comienzan a morderlo.
—¡Alejandro!
Ginebra, llena de angustia, ve cómo cuatro cocodrilos comienzan a devorar a Alejandro; hay una lucha violenta en el pantano y ella no puede hacer nada para ayudarlo.
—Dios mío... esto es mi culpa, si no lo hubiera traído hasta aquí...
Grandes trozos de carne comienzan a caer al agua; Alejandro ha despedazado a los lagartos que lo atacaban y sale del pantano sin un brazo.
—No... Alejandro —Ginebra se tapa la boca asustada.
Alejandro pasa de largo, su brazo rápidamente comienza a regenerarse y antes de retirarse se detiene.
—Cuando vi a tu prometido ya estaba muerto, por eso no pude hacer nada por él. Puedes reunirte con tu amor si quieres; el vínculo se termina si uno de los dos muere. Si intentas suicidarte, no te detendré. Solo la muerte puede liberarnos del pacto. Me arrepiento de haberme vinculado contigo, Ginebra Borgues.

Alejandro se va.

El amante del pantano de Nil Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora