𝐂𝐀𝐏 20

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La cena transcurría en una calma casi asfixiante, como si el aire estuviera cargado de expectativas no cumplidas

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La cena transcurría en una calma casi asfixiante, como si el aire estuviera cargado de expectativas no cumplidas. Ya había pasado dos meses desde el matrimonio, y aún no había señales de un heredero. Cada mirada que Rhaenyra me lanzaba, cada comentario sobre futuros hijos, me recordaba que el reloj seguía corriendo, que no podía fallar. La presión comenzaba a agobiarme, como un peso constante sobre mis hombros, y aunque nadie se atrevía a decirlo en voz alta, sabía que todos estaban pendientes. ¿Cuánto más hasta que Visenya dé señales de haber cumplido su deber?

Rhaenyra, en su lugar a la cabecera, hablaba animadamente sobre organizar un baile para los nobles, insistiendo en que un poco de diversión sería bienvenida. La idea me hizo soltar un suspiro pesado; no tenía ánimo para juegos sociales, y por la manera en que Jacaerys rodó los ojos a mi lado, estaba claro que él tampoco. Siempre tan sincronizados en la incomodidad.

—Es una buena idea, Rhaenyra. Los nobles lo disfrutarán —dijo Daemon, apoyado en el respaldo de su silla, con una media sonrisa que mostraba su aparente entusiasmo por cualquier cosa que aligerara el ambiente de Poniente.

Jacaerys y yo compartimos una mirada de aburrimiento mutuo. Ni a él ni a mí nos gustaban esos eventos, donde la música era demasiado alta y las sonrisas demasiado falsas. Daemon lo notó, como siempre, y sin perder tiempo, soltó una r. Daemon lo notó, como siempre, y sin perder tiempo soltó una carcajada mientras se ponía de pie.

—Quitad esas caras, aún sois jóvenes. No os dejéis consumir por tanta seriedad —dijo mientras se inclinaba hacia mí y me plantaba un beso en la cabeza, un gesto que normalmente me habría irritado, pero que hoy, con todo lo demás, solo me dejó un sabor amargo. Luego se giró hacia Jacaerys y le despeinó el cabello con una palmada despreocupada—. Buenas noches, niño malhumorado.

Daemon se alejó sin más, despidiéndose de Rhaenyra con un gesto breve, rozando apenas sus labios como si eso bastara para demostrarle su devoción. Ella lo miró con una mezcla de cansancio y ternura, una complicidad que aún me resultaba ajena.

Alicent, siempre la diplomática, rompió el breve silencio que dejó la salida de Daemon.

—Has estado muy bien, Rhaenyra. Serás una buena reina —comentó con un tono suave, intentando, quizá, cerrar el día en una nota positiva.

𝑩𝑳𝑶𝑶𝑫 𝑨𝑵𝑫 𝑨𝑺𝑯𝑬𝑺- 𝑱𝒂𝒄𝒂𝒆𝒓𝒚𝒔 𝑽𝒆𝒍𝒂𝒓𝒚𝒐𝒏Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora