𝐂𝐀𝐏 06

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El comedor de estaba iluminado por la tenue luz de las velas, el ambiente opresivo, como si las piedras mismas se impregnaran del rencor que flotaba en el aire

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El comedor de estaba iluminado por la tenue luz de las velas, el ambiente opresivo, como si las piedras mismas se impregnaran del rencor que flotaba en el aire. Baela comía lentamente, cortando su carne con movimientos meticulosos, mientras su mirada descansaba ocasionalmente sobre la pequeña Rhaella, quien estaba sentada al otro extremo de la mesa, con sus rizos plateados desordenados cayendo sobre su frente. 

Rhaella, ajena al desprecio que la atravesaba, estaba concentrada en su dibujo. Con un pequeño carbón, intentaba dar forma a algo que solo ella podía imaginar, mientras su pequeña lengua sobresalía ligeramente en señal de concentración. 

Baela tomó un sorbo de vino y, sin apartar la vista de la niña, habló en voz alta, dirigiéndose a las siervas que estaban al fondo. 

——He tomado una decisión respecto al acero valyrio de esa espada. Lo mandaré a derretir. Es un desperdicio que algo tan valioso esté ligado a un recuerdo tan inútil. 

Las siervas intercambiaron miradas, nerviosas. Nadie se atrevía a decir nada. Baela continuó: 

—Un collar sería mucho más apropiado. Algo digno, algo que se pueda usar. Ese acero debería adornar a alguien que todavía esté viva. 

Rhaella levantó la vista de su dibujo. Había estado escuchando, aunque no entendía del todo por qué su pecho se llenaba de incomodidad cada vez que Baela hablaba así. 

—Pero ese acero le pertenece a la espada de mi... 

—¡No hables si no te lo permito, niña imprudente! —la interrumpió Baela con un golpe de su mano sobre la mesa. 

Rhaella se encogió en su silla, su rostro enrojeciendo de vergüenza. El carbón que sostenía se deslizó entre sus dedos y cayó al suelo. Su manita, temblorosa, alcanzó el cuenco de sopa frente a ella en un intento por distraerse, pero en su torpeza, lo volcó. La sopa caliente se derramó sobre la mesa, chorreando por el borde y empapando su vestido. 

Baela se puso de pie de inmediato, sus ojos ardiendo de furia. 

—¡Inútil! —espetó, su voz como un látigo que hizo eco en las paredes del comedor. —No haces más que causar problemas. No sé cómo tu padre puede siquiera soportar mirarte. 

Rhaella intentó retroceder en su silla, sus ojitos llenos de lágrimas mientras el temor la paralizaba. 

—Lo siento —murmuró, apenas audible. 

—¿Eso es todo lo que sabes decir? "Lo siento". Claro que lo sientes. Deberías sentirlo cada vez que respiras. 

Las palabras cayeron como cuchillos sobre la niña, quien apartó la mirada, sin atreverse a replicar. Baela tomó un paño de la mesa y lo arrojó hacia las siervas. 

𝑩𝑳𝑶𝑶𝑫 𝑨𝑵𝑫 𝑨𝑺𝑯𝑬𝑺- 𝑱𝒂𝒄𝒂𝒆𝒓𝒚𝒔 𝑽𝒆𝒍𝒂𝒓𝒚𝒐𝒏Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora