𝐂𝐀𝐏 02

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El crepitar de las velas llenaba la sala con un suave murmullo, un contraste incómodo al tono agudo y constante de la voz de Baela

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El crepitar de las velas llenaba la sala con un suave murmullo, un contraste incómodo al tono agudo y constante de la voz de Baela. Ella hablaba de trivialidades, detalles de los jardines que necesitaban ser replantados y de las telas importadas para las próximas festividades. Su entusiasmo por los asuntos domésticos era inquebrantable, pero en ese momento, para mí, insoportable.

Me recargué en el respaldo de la silla, con los ojos fijos en el vino que giraba en mi copa. Sus palabras se convertían en un ruido lejano, opacado por el cansancio acumulado de los últimos días. No podía apartar de mi mente la creciente distancia entre Visenya y yo. Su mirada esquiva, su frialdad, sus constantes desapariciones. Todo era un nudo en mi pecho, una irritación que ni siquiera el vino podía aliviar.

——¿No crees que deberíamos usar los bordados dorados para los estandartes? —preguntó Baela, con un tono dulce que no lograba suavizar mi fastidio.

—Haz lo que creas conveniente —respondí sin levantar la mirada, incapaz de disimular mi indiferencia.

Ella suspiró, pero antes de que pudiera replicar, la puerta se abrió de golpe. Dos guardias entraron, sus armaduras reluciendo bajo la luz temblorosa de las llamas.

—Mi príncipe —uno de ellos comenzó, con un tono que reflejaba tanto urgencia como nerviosismo—. La princesa Rhaella lleva llorando demasiado tiempo. Las siervas han intentado calmarla, pero...

El guardia vaciló, como si lo que tenía que decir fuese una ofensa.

—¿Pero qué? —mi tono fue más duro de lo que pretendía, pero mi paciencia estaba colmada.

—La princesa Visenya no está, mi príncipe.

El eco de esas palabras llenó la sala, apagando incluso el sonido del viento contra los muros. Me puse de pie de inmediato, el peso de la copa cayendo al suelo, derramando el vino oscuro como sangre.

—Busquenla —ordené con firmeza, clavando la mirada en el guardia. Mi voz retumbó en el aire pesado de la sala—. Que registren cada rincón del castillo. Quiero saber dónde está.

El guardia asintió y salió apresurado, dejando un vacío opresivo tras de sí. Baela me miraba, con una mezcla de curiosidad y reproche en sus ojos.

—¿Crees que es necesario un despliegue así? —preguntó, con ese tono suyo que pretendía ser conciliador pero que solo lograba irritarme más—. Tal vez simplemente está en los jardines o...

—No lo entiendes, Baela. Visenya no desaparece sin razón.

Intenté controlar mi respiración, pero la preocupación y la rabia competían en mi interior. Llevaba semanas soportando sus ausencias inexplicables, su silencio cargado de secretos. Me estaba hartando de su constante alejamiento, de la manera en que me apartaba de su vida.

Me dirigí hacia la puerta, mis pasos resonando con fuerza en el suelo de piedra.

—Jacaerys —llamó Baela desde detrás de mí, pero no me detuve.

𝑩𝑳𝑶𝑶𝑫 𝑨𝑵𝑫 𝑨𝑺𝑯𝑬𝑺- 𝑱𝒂𝒄𝒂𝒆𝒓𝒚𝒔 𝑽𝒆𝒍𝒂𝒓𝒚𝒐𝒏Donde viven las historias. Descúbrelo ahora