𝐂𝐀𝐏 34

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El burdel era un hervidero de risas, el aire denso por el humo de las velas y los vapores de vino

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El burdel era un hervidero de risas, el aire denso por el humo de las velas y los vapores de vino. Las mesas estaban llenas de hombres y mujeres que reían y charlaban, como si sus vidas no fueran más que un juego olvidado en cada copa vacía. Yo, rodeada de cazadores, capas doradas y viejos amigos, me sentía en mi elemento. Mysaria, a mi lado, estaba ya considerablemente borracha, tambaleándose con una sonrisa atrevida en los labios, y no podía evitar soltar carcajadas que resonaban en cada rincón.

——¡Miren nada más! La princesa de la ciudad, de juerga con sus amigos en un burdel de mala muerte —exclamó Mysaria, sacudiendo la cabeza como si lo encontrara de lo más gracioso—. ¿Qué haría tu querida madre si te viera?

Sonreí, alzando una ceja mientras tomaba otro sorbo de vino, saboreando la libertad que sentía en ese instante, como si nada pudiera detenerme. Era raro ver a Mysaria así, despreocupada, risueña. Y a mí me encantaba.

—Probablemente intentaría exiliarme —repliqué con una sonrisa burlona—. Aunque claro, para exiliar a su hija favorita primero tendría que admitir que lo soy.

Mysaria se rio fuerte, tan fuerte que varios voltearon a vernos. En eso, uno de los capas doradas, con el rostro encendido de tanto beber, levantó su copa hacia mí con una expresión de pura veneración.

—¡Un brindis por la princesa Visenya! ¡La vencedora del torneo! —proclamó, inflando el pecho como si él mismo hubiese ganado la justa—. ¡Princesa de la ciudad y digna hija del gran Daemon Targaryen!

La mención de mi padre hizo que varios hombres murmuraran en aprobación. Sabía lo que representaba Daemon para esta gente. Un símbolo de rebeldía, de poder y desafío. Era el tipo de príncipe que solo se ve en historias y leyendas, y el que mejor encarnaba el fuego de nuestra familia. Sonreí de medio lado, disfrutando del impacto que el nombre de mi padre todavía causaba.

Algunos hombres se acercaron a mí, con miradas curiosas y ansiosas, como si esperaran recibir alguna bendición al estar en mi presencia. Uno, un viejo amigo de la familia, se inclinó con respeto antes de preguntar:

—¿Y cómo se encuentra el príncipe Daemon, princesa? ¿Es cierto que estuvo herido?

Solté una risa corta, casi un susurro.

𝑩𝑳𝑶𝑶𝑫 𝑨𝑵𝑫 𝑨𝑺𝑯𝑬𝑺- 𝑱𝒂𝒄𝒂𝒆𝒓𝒚𝒔 𝑽𝒆𝒍𝒂𝒓𝒚𝒐𝒏Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora