Después de 12 largos años de abandono... La princesa Visenya Targaryen, hija bastarda de la heredera al trono de hierro Rhaenyra, vio después de largo tiempo a su familia y... A ese castaño llamado Jacaerys quien había odiado desde la niñez. Son emb...
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El salón estaba lleno de risas, música y el sonido constante de copas entrechocando. Todos estaban celebrando algo, como siempre. Yo, sin embargo, apenas prestaba atención. Jugueteaba con un trozo de pan sobre mi plato, desinteresada en la comida y en todo lo que pasaba a mi alrededor. Los vestidos relucientes de las damas giraban mientras bailaban, los hombres reían y bebían como si no existiera un mañana. Y yo... yo estaba atrapada en esta farsa, mi vientre hinchado recordándome constantemente lo que era para ellos ahora: la portadora del futuro.
Rhaenyra se levantó de su asiento en la mesa principal, una sonrisa cálida en su rostro, y todos los ojos se volvieron hacia ella. Sabía lo que venía, lo había visto tantas veces antes. Las palabras, los brindis, la misma rutina.
—Queridos amigos y familia —comenzó Rhaenyra, levantando su copa—, hoy es un día de gran alegría para todos nosotros. No solo estamos reunidos para celebrar la unión de nuestro linaje, sino también para dar la bienvenida al nuevo miembro que está por llegar. —Hizo una pausa, y escuché los murmullos de aprobación, las sonrisas entusiastas y las miradas de expectación—. Mi hijo, Jacaerys, y su esposa, Visenya, pronto nos darán el mayor regalo: el futuro de nuestra casa, un nuevo dragón que llevará nuestro legado.
El salón estalló en vítores, copas levantadas en cada rincón. Sonrisas, abrazos, gritos de alegría. Todos encantados con la idea del bebé. Yo simplemente sonreí, una sonrisa forzada, vacía. ¿Qué más podía hacer? Esto no era para mí. Esto era para ellos. Para su maldito reino, para su maldita herencia.
Entonces, Jacaerys se levantó. Vi su mirada fija en la multitud, su expresión solemne, pero también llena de una especie de orgullo que no lograba comprender del todo. Levantó su copa, y por un segundo, sentí como si el peso de todos los ojos del salón se posara en mí.
—Madre, amigos... —empezó, su voz clara y firme—, no podría estar más agradecido por lo que el futuro nos trae. Este hijo, o hija, será la continuidad de nuestra sangre, la unión de nuestras casas. Un dragón que liderará cuando nosotros ya no estemos. Estoy seguro de que este bebé será fuerte, valiente, digno del nombre que llevará. Será nuestro legado, y juntos lo veremos crecer en la grandeza.