𝐂𝐀𝐏 05

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El salón estaba vacío, iluminado únicamente por el suave fulgor de las velas que danzaban al ritmo de una brisa nocturna que se colaba entre las ventanas abiertas

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El salón estaba vacío, iluminado únicamente por el suave fulgor de las velas que danzaban al ritmo de una brisa nocturna que se colaba entre las ventanas abiertas. Afuera, la luna se alzaba en todo su esplendor, bañando los muros de piedra con una luz plateada que parecía casi mágica. Rhaella, con su pequeño vestido de encaje azul celeste y sus rizos despeinados tras horas de jugar en los jardines, miraba a su padre con esa mezcla de inocencia y travesura que solo los niños pueden mostrar.

Jacaerys, vestido con una sencilla camisa de lino abierta en el cuello y pantalones oscuros, le sonrió al ver cómo ella le extendía las manos, exigiendo algo que ni siquiera había articulado aún.

——¿Qué sucede, pequeña dragona? —preguntó, dejando caer el libro que tenía en las manos sobre una mesa cercana.

Rhaella, sin esperar una respuesta, tomó uno de sus dedos con firmeza y tiró de él.

—Quiero bailar, papá —dijo con la resolución de una reina dictando una orden.

—¿Bailar? —Él rió, inclinándose para estar a su altura—. Pero me temo que no tenemos músicos esta noche, mi pequeña dama.

—Entonces canta —replicó ella sin dudar, con esa terquedad que parecía heredada de ambos lados de su linaje.

Jacaerys alzó las cejas, sorprendido, pero no pudo evitar sonreír. Con un suspiro dramático, tomó sus pequeñas manos y la guió hacia el centro del salón.

—De acuerdo, pero no esperes que cante bien —advirtió, aunque ella ya estaba pisando con cuidado la parte superior de sus zapatos.

Rhaella alzó la vista hacia él con los ojos brillando de emoción.

—Empieza, papá.

Y Jacaerys comenzó a cantar. Su voz era grave, pero dulce, y las palabras fluyeron como si siempre hubieran estado allí, esperando ser pronunciadas:

"Pequeña estrella que brillas tan alto,
tu risa ilumina mi oscuro andar.
Tus pasos, torpes pero llenos de gracia,
me enseñan a vivir, a soñar."

Mientras cantaba, comenzó a moverse lentamente, guiando a Rhaella en un torpe pero encantador vals. Sus pies, mucho más grandes, llevaban el peso de los de ella, pero su risa, clara y contagiosa, llenaba el salón con una calidez que ni mil velas podrían haber producido.

—¡Estás pisándome! —protestó juguetonamente, aunque era él quien soportaba el torpe equilibrio de su pequeña bailarina.

—¡Tú me dejaste, así que es tu culpa! —rió Rhaella, aferrándose a sus manos mientras intentaba seguir el ritmo.

El vals se convirtió en algo más improvisado, con giros inesperados y movimientos que parecían más un juego que un baile. Pero en esos momentos, nada más importaba. La risa de Rhaella resonaba como un eco alegre por todo el salón, y Jacaerys no podía dejar de mirarla, maravillado de cómo una criatura tan pequeña podía ser la dueña absoluta de su corazón.

𝑩𝑳𝑶𝑶𝑫 𝑨𝑵𝑫 𝑨𝑺𝑯𝑬𝑺- 𝑱𝒂𝒄𝒂𝒆𝒓𝒚𝒔 𝑽𝒆𝒍𝒂𝒓𝒚𝒐𝒏Donde viven las historias. Descúbrelo ahora