𝐂𝐀𝐏 10

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La habitación estaba envuelta en penumbras, iluminada únicamente por la vacilante luz de una lámpara de aceite

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La habitación estaba envuelta en penumbras, iluminada únicamente por la vacilante luz de una lámpara de aceite. El aire olía a humedad, madera vieja y algo más agrio, casi imperceptible, que parecía flotar entre las paredes de piedra. Una figura encapuchada permanecía inmóvil junto a la mesa central, sus manos enguantadas descansando sobre el borde. Frente a ella, un hombre bajo y de mirada huidiza, cuyo rostro estaba parcialmente oculto por una gruesa capucha marrón, revolvía frascos pequeños y vial de cristal con dedos nerviosos.

——¿Lo tienes? —La voz de la mujer, baja y aterciopelada, atravesó el silencio como una hoja afilada.

El hombre alzó la vista, sus ojos brillando con una mezcla de avaricia y temor.

—Lo tengo, mi señora. —Su voz era un susurro, apenas audible, mientras sacaba un frasco oscuro de su bolsa de cuero—. Este es el más potente de todos mis venenos. No hay antídoto. Una sola gota bastará para detener el aliento de cualquiera, sin importar su fuerza o linaje.

El frasco era pequeño, del tamaño de un dedo, y parecía contener una sustancia que oscilaba entre el negro y el verde, como un líquido vivo atrapado en un cristal. La figura encapuchada lo tomó entre sus manos con delicadeza, sosteniéndolo a contraluz para examinarlo.

—¿Y cómo actúa? —preguntó, su tono calculado, frío.

El hombre tragó saliva antes de responder, como si cada palabra lo acercara a un peligro invisible.

—Es rápido, mi señora. Letal en un instante si se ingiere. Si se mezcla con vino o alimentos calientes, el sabor desaparece por completo. Incluso en la piel, si se aplica correctamente, puede paralizar a un hombre en cuestión de minutos.

La mujer dejó escapar un leve suspiro, casi imperceptible.

—¿Y cómo puedo confiar en que funcionará como dices? —preguntó con calma, aunque había una dureza en su tono que hizo que el hombre diera un paso atrás instintivamente.

—No me atrevería a mentirle. —Se apresuró a decir, alzando las manos en un gesto de súplica—. Este veneno proviene de las tierras del este, traído por mercaderes que lo usan para deshacerse de enemigos sin levantar sospechas. Es el más puro de su tipo.

La figura encapuchada guardó silencio por un momento, el frasco aún entre sus dedos, mientras la luz de la lámpara se reflejaba en sus ojos, fríos como el acero.

—¿Sabes lo que ocurrirá si me mientes? —murmuró finalmente, su voz apenas un hilo de amenaza contenida.

El hombre asintió rápidamente, sus manos temblando visiblemente.

—Sí, mi señora. No hay mentira aquí, se lo aseguro.

Ella dejó el frasco sobre la mesa con cuidado, y el sonido del cristal contra la madera resonó como un eco en la sala.

𝑩𝑳𝑶𝑶𝑫 𝑨𝑵𝑫 𝑨𝑺𝑯𝑬𝑺- 𝑱𝒂𝒄𝒂𝒆𝒓𝒚𝒔 𝑽𝒆𝒍𝒂𝒓𝒚𝒐𝒏Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora