Después de 12 largos años de abandono... La princesa Visenya Targaryen, hija bastarda de la heredera al trono de hierro Rhaenyra, vio después de largo tiempo a su familia y... A ese castaño llamado Jacaerys quien había odiado desde la niñez. Son emb...
N.A: por la música ya saben lo que viene no? 🥵 Pista: GOGOGOGOGOGOGO
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La cabaña de Mysaria era pequeña, pero acogedora, con un fuego crepitante que llenaba el espacio de una calidez reconfortante. Visenya y Mysaria estaban sentadas en el suelo, rodeadas de cojines y mantas, riendo a carcajadas mientras compartían una copa de vino. El ambiente era relajado, casi íntimo, un respiro de la constante tensión que Visenya solía cargar a diario.
-¡No puedo creerlo! -exclamó Visenya, riendo mientras se recostaba hacia atrás-. ¿Y luego qué hizo? ¿Se cayó de bruces? ¡Dime que sí!
Mysaria asintió, soltando una carcajada suave, su voz con ese acento exótico que hacía que cada palabra sonara más intrigante.
-Sí, y terminó con su trasero en el barro. Nadie en la plaza pudo contener la risa -dijo, llevándose una mano a la boca para reprimir otra risita.
Visenya se secó una lágrima del ojo, todavía riéndose de la anécdota. Era un alivio poder desconectar de la seriedad de la vida en la corte y simplemente disfrutar de una conversación ligera, sin segundas intenciones ni juegos de poder.
-¡Los dioses realmente tienen un extraño sentido del humor! -exclamó Visenya, tomando otro sorbo de su copa. Entonces, casi sin quererlo, dejó que sus pensamientos vagaran hacia un tema que la había estado molestando-. Hablando de humor, ¿recuerdas a la bruja esa? La que dijo que tendría quince hijos... -dijo Visenya, agitando la mano como si desestimara la idea.
Mysaria la observó con sus ojos agudos y enigmáticos, dejando que un leve silencio se acomodara entre ambas antes de responder.
-Sí, la recuerdo -dijo, su voz tranquila, pero con un toque de seriedad-. Visenya, esas cosas no se dicen por decir. No todo lo que predijo se cumplirá, pero puede que algo de verdad haya en sus palabras.
Visenya hizo una mueca, como si la idea le resultara completamente ridícula.
-¿Quince hijos? Ni siquiera tengo paciencia para uno -replicó con sarcasmo, rodando los ojos-. No me imagino con quince. Además, aunque ocurriera, ¿qué posibilidades hay de que todos sobrevivan?