𝐂𝐀𝐏 13

2.4K 188 20
                                        

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

El aire era cruel esa mañana, cargado de sal y frío, como si el mar supiera el peso de lo que traía

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


El aire era cruel esa mañana, cargado de sal y frío, como si el mar supiera el peso de lo que traía. La marea había arrastrado a la orilla redes de pescadores, entrelazadas con restos que no debían pertenecer al agua. En ellas, colgaba algo más que pescado o algas: el destino cruel de un niño que nunca debió ser arrancado de los brazos de su madre. 

Rhaenyra estaba de pie, inmóvil como una estatua, mientras sus ojos contemplaban lo que parecía imposible. Allí, atrapada entre las cuerdas ásperas, estaba la túnica de su pequeño Lucerys, desgarrada y empapada en sangre. Al lado, un ala que había sido gloriosa en vida y ahora no era más que un vestigio destrozado de Arrax. 

El mundo se desmoronó. Su respiración se rompió, primero en jadeos entrecortados, luego en sollozos profundos que salieron de lo más hondo de su ser. 

——No... no... mi niño... no... —Las palabras salían entrecortadas, sin sentido, como si decirlas pudiera revertir el horror frente a ella. 

Syrax, su dragona, lanzó un rugido que hizo temblar la tierra. Un grito que partió el cielo y resonó en el alma de quienes estaban cerca. La conexión entre madre y dragona era absoluta; ambas habían perdido a un hijo. La gran bestia dorada se agitaba, golpeando su cola contra el suelo, mientras lágrimas silenciosas rodaban por las mejillas de su jinete. 

Rhaenyra cayó de rodillas en la arena húmeda, con sus manos temblorosas alcanzando la ropa ensangrentada. No había cuerpo, no había rostro, solo los restos que el mar decidió devolverle, como una burla cruel del destino. 

—¡Malditos sean los dioses! —gritó, su voz desgarrada, mientras su cuerpo se estremecía bajo el peso de su pérdida—. Mi pequeño Lucerys...

Syrax, como si entendiera, inclinó su cabeza hacia el suelo y dejó escapar un lamento largo y profundo, un sonido que nunca antes había hecho. Era el grito de una madre, de una bestia que había perdido una parte de sí misma. 

El aire se llenó de un rugido diferente. A lo lejos, Caraxes apareció, sus alas extendidas mientras descendía al suelo con una elegancia sombría. La bestia roja, normalmente intimidante y feroz, parecía abatida. Al aterrizar, dejó escapar un sonido bajo, casi como un gemido. Arrax era su hijo también, y la pérdida se sentía en cada fibra de su ser. 

𝑩𝑳𝑶𝑶𝑫 𝑨𝑵𝑫 𝑨𝑺𝑯𝑬𝑺- 𝑱𝒂𝒄𝒂𝒆𝒓𝒚𝒔 𝑽𝒆𝒍𝒂𝒓𝒚𝒐𝒏Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora