𝐂𝐀𝐏 28

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El viento helado del bosque me golpea la cara mientras corro, mis pies apenas tocando la hojarasca húmeda que cubre el suelo

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El viento helado del bosque me golpea la cara mientras corro, mis pies apenas tocando la hojarasca húmeda que cubre el suelo. El sonido de los cascos del venado retumba en mis oídos, el eco de su carrera perdida resonando entre los árboles. Mis respiraciones son rápidas, pero controladas; la adrenalina recorre mis venas mientras mis manos se aferran al arco.

Los cazadores, a lo lejos, lanzan gritos de ánimo, espantando a la presa para que siga su curso hacia la trampa que hemos preparado. Yo conozco este bosque mejor que nadie. Cada raíz traicionera, cada rama que podría hacerme tropezar.

Veo un roble grueso, sus ramas alzándose hacia el cielo, y me deslizo tras él, ocultándome en su sombra. Mis ojos siguen al venado que, agotado, sigue su curso, guiado por el terror. Puedo escuchar los pasos de los cazadores, pesados y decididos, acercándose a la presa. Espero, cada músculo de mi cuerpo tenso, lista para actuar en el momento justo.

De repente, los cazadores irrumpen en el claro. El venado lanza un último bramido de desesperación antes de que las cuerdas se cierren alrededor de sus patas. Lo veo caer, atrapado, su mirada vidriosa posándose en el suelo cubierto de hojas, su aliento entrecortado por el esfuerzo.

Arrik se adelanta, sujetando firmemente las riendas de la trampa, y los demás cazadores aseguran al animal, atándolo sin piedad. Me observa con esa media sonrisa que siempre me dedica cuando cree que estoy fuera de mi elemento, como si fuera una niña jugando a ser cazadora.

——Es todo suyo, princesa —dice, extendiéndome el cuchillo. Sus ojos brillan de diversión, como si creyera que vacilaré.

Me acerco lentamente al venado, sintiendo cómo los ojos de todos los presentes se posan en mí, expectantes. Siento el peso del cuchillo en mi mano, la fría hoja reflejando la luz del sol que apenas se filtra entre las ramas. El venado me mira, sus ojos oscuros llenos de un miedo que reconozco, que casi siento en mi propia piel. Pero no hay lugar para la compasión en el arte de la cacería, no si quiero demostrar mi valor.

—Que los dioses te reciban —susurro para mí, y en un solo movimiento, limpio y preciso, hundo la hoja en su cuello. La sangre brota con un calor que contrasta con el aire frío, tiñendo mis manos de carmesí mientras siento cómo la vida abandona a la bestia bajo mi cuchillo.

𝑩𝑳𝑶𝑶𝑫 𝑨𝑵𝑫 𝑨𝑺𝑯𝑬𝑺- 𝑱𝒂𝒄𝒂𝒆𝒓𝒚𝒔 𝑽𝒆𝒍𝒂𝒓𝒚𝒐𝒏Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora