𝐂𝐀𝐏 29

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La noche era tranquila, apenas rota por el suave susurro del viento que se colaba por las ventanas entreabiertas, trayendo consigo la brisa fresca del mar

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La noche era tranquila, apenas rota por el suave susurro del viento que se colaba por las ventanas entreabiertas, trayendo consigo la brisa fresca del mar. Las llamas de las velas temblaban, proyectando sombras danzantes en las paredes de la habitación. Jacaerys y yo estábamos unidos, tan cerca que nuestras respiraciones se mezclaban, compartiendo el mismo aire, el mismo calor. Se movía sobre mí con una ternura que jamás había imaginado, y yo me perdía en la profundidad de sus ojos, en la forma en la que sus labios buscaban los míos, como si cada beso pudiera grabar para siempre este instante en la memoria.

Nos movimos juntos, como si fuéramos uno solo, y sentí que en ese momento no existía nada más. Mi mente estaba en blanco, solo podía concentrarme en la sensación de su cuerpo contra el mío, en la forma en que cada caricia me hacía olvidar las cicatrices del pasado. Cuando alcanzamos el final, Jacaerys dejó escapar un suave gemido, su rostro contra el mío mientras nos aferrábamos el uno al otro, y luego, con un último beso en mi mejilla, se dejó caer a mi lado, exhausto y satisfecho.

Ambos nos quedamos en silencio por un momento, con las respiraciones aún aceleradas, pero había una calma en el aire, una serenidad que no podía ignorar. Jacaerys me miró, y de repente, una sonrisa apareció en su rostro. Una sonrisa cálida, sincera, que parecía iluminar la penumbra de la habitación.

-¿Qué? -pregunté, arqueando una ceja, aunque no pude evitar que una pequeña sonrisa asomara en mis labios.

-Es solo que... -comenzó él, riéndose suavemente mientras sus dedos trazaban círculos perezosos en la piel de mi cintura-. Nunca pensé que te vería así. Tan... relajada.

Me reí entre dientes, rodando los ojos, pero no pude evitar que un rubor me subiera a las mejillas. De algún modo, estar así con él, tan cerca, era extraño y nuevo, pero también increíblemente cómodo.

-Bueno, no te acostumbres -le advertí en tono juguetón, aunque él solo sonrió más y se inclinó para plantar un beso suave en mi frente.

Nos quedamos un rato más así, en silencio, disfrutando de la compañía del otro, de la calidez de nuestros cuerpos entrelazados. Pero algo me pesaba en la mente, algo que había encontrado días antes y que no podía dejar de pensar.

𝑩𝑳𝑶𝑶𝑫 𝑨𝑵𝑫 𝑨𝑺𝑯𝑬𝑺- 𝑱𝒂𝒄𝒂𝒆𝒓𝒚𝒔 𝑽𝒆𝒍𝒂𝒓𝒚𝒐𝒏Donde viven las historias. Descúbrelo ahora