Después de 12 largos años de abandono... La princesa Visenya Targaryen, hija bastarda de la heredera al trono de hierro Rhaenyra, vio después de largo tiempo a su familia y... A ese castaño llamado Jacaerys quien había odiado desde la niñez. Son emb...
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Baela se encontraba de pie junto a la ventana, observando los extensos jardines del castillo, bañados por la luz tenue de la tarde que se desvanecía lentamente. Las sombras de las torres se alargaban sobre los caminos, y en la distancia, el sonido del viento mecía suavemente las ramas de los árboles. Aegon, reclinado en una silla cercana, bebía vino con despreocupación, el rostro dibujando una sonrisa burlesca mientras la observaba.
——Siempre me cayó mal Visenya —dijo Aegon, rompiendo el silencio con un tono cargado de veneno—. Se cree la mejor en todo, pero no es más que una niña mimada por su padre y abandonada por su madre.
Dejó escapar una carcajada seca, inclinando la copa con desprecio, como si con ese gesto se deshiciera de cualquier rastro de respeto que pudiera tener por ella. Baela no se inmutó; sus ojos seguían fijos en el horizonte, sus pensamientos mucho más lejos de las palabras de Aegon. Sin embargo, una pequeña sonrisa, apenas perceptible, se asomó en sus labios.
—Pienso quedarme aquí un mes completo —dijo, con una calma que contrastaba con la risa amarga de Aegon.
Aegon arqueó una ceja, ahora más intrigado que burlón.
—¿Y qué planes tienes, querida? —preguntó, inclinándose hacia adelante con un interés renovado.
Baela finalmente apartó la vista de la ventana y lo miró, como si estuviera a punto de revelarle un secreto que había guardado cuidadosamente.
—Casarme con Jacaerys —dijo sin titubear.
Aegon soltó una carcajada estruendosa, casi derramando el vino de su copa.
—¿Casarte con Jacaerys? No bromees, Baela. Todos sabemos que ese barco ya zarpó. Visenya es su esposa. ¿O acaso planeas matarla?
Baela dejó que la risa de su hermano se apagara antes de responder. Dio un paso hacia él, con la tranquilidad de quien controla el curso de la conversación.
—No soy una asesina, Aegon. O al menos, no todavía. Aunque... —hizo una pausa, su mirada se oscureció por un instante, recordando aquel fatídico día en las escaleras— tal vez se me pasó un poco la mano en aquella ocasión, pero ella también fue responsable de lo que ocurrió en las escaleras.