𝐂𝐀𝐏 15

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El aire era denso, pesado con el olor a hierbas secas y humo de leña

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El aire era denso, pesado con el olor a hierbas secas y humo de leña. Parpadeé, luchando contra la niebla que nublaba mi mente. La luz de una única vela titilaba sobre las paredes de madera, proyectando sombras largas y ondulantes como si fueran espectros danzando. Intenté moverme, pero un dolor agudo recorrió mi cuerpo, haciéndome jadear. Al girar la cabeza, vi a una mujer de cabello rojo sentada cerca, revolviendo un cuenco de algo humeante.

——¿Dónde estoy? —pregunté con la voz áspera, casi un susurro.

La mujer levantó la vista. Su cabello era como llamas vivas, y sus ojos, profundos y oscuros, parecían ver más de lo que deberían. Su atuendo era igual de carmesí, y un grueso collar rojo abrazaba su cuello con una fuerza casi asfixiante.

—Querida, necesitas descansar —dijo con una voz suave, casi maternal, mientras se levantaba de su silla.

Pero cuando dio un paso hacia mí, mi instinto fue más rápido que mi cuerpo. Me incorporé tambaleante, ignorando el dolor que amenazaba con derribarme. Mi mirada recorrió la habitación, buscando algo, cualquier cosa que pudiera usar como arma. Una daga oxidada sobre una mesa cercana captó mi atención.

La mujer levantó las manos en un gesto de rendición.

—Agh, está bien, no te acerques si no quieres. —Su tono no era de amenaza, sino de paciencia, como si estuviera acostumbrada a lidiar con seres heridos y desconfiados.

Entonces, con un movimiento lento, se llevó las manos al collar y lo desabrochó. La transformación fue inmediata. Su rostro joven y hermoso se desvaneció como una ilusión rota. En su lugar, una anciana decrépita emergió, con la piel arrugada y los ojos aún más penetrantes, ahora llenos de una sabiduría antigua y ominosa.

—¿Tú? —Las palabras apenas salieron de mi boca. La reconocí al instante. Era la vieja bruja a quien había visitado hace años, buscando respuestas y, en mi juventud e imprudencia, poder.

—Es un placer verte de nuevo, Visenya. Aunque no puedo decir que me sorprenda que llegaras hasta aquí. —Su sonrisa era casi afectuosa, como la de una madre que observa a una hija rebelde regresar al hogar.

Estaba demasiado aturdida para hablar. Ella ladeó la cabeza y señaló la silla frente a la mesa.

—¿Quieres té?

Asentí lentamente, todavía estudiándola con cautela. Mientras preparaba el té, habló sin mirar atrás.

—Recuerdo la última vez que viniste a mí… buscando poder. Dime, ¿cómo va eso?

Sonreí levemente, un gesto cargado de ironía y orgullo.

—Los dioses son buenos —dije, dejando que mis palabras flotaran en el aire—. Me trataron como si fuera una de ellos.

𝑩𝑳𝑶𝑶𝑫 𝑨𝑵𝑫 𝑨𝑺𝑯𝑬𝑺- 𝑱𝒂𝒄𝒂𝒆𝒓𝒚𝒔 𝑽𝒆𝒍𝒂𝒓𝒚𝒐𝒏Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora