Después de 12 largos años de abandono... La princesa Visenya Targaryen, hija bastarda de la heredera al trono de hierro Rhaenyra, vio después de largo tiempo a su familia y... A ese castaño llamado Jacaerys quien había odiado desde la niñez. Son emb...
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Regresar era una palabra extraña… tan dulce como dolorosa. Me decía a mí mismo que debía estar preparado, que al cruzar esas puertas no habría lugar para titubeos ni dudas. Sin embargo, mientras el puerto de Desembarco quedaba atrás y el sonido del oleaje se desvanecía, sentí algo en el pecho: no era miedo… era el peso del tiempo perdido.
Había pasado casi dos meses completos desde que caí del cielo con vermax.
Lucerys caminaba a mi lado, su semblante tan callado como el mío. El sol se alzaba entre los tejados grises, iluminando los rostros cansados de aquellos que reconstruían sus hogares tras la guerra. Al pasar por las puertas, me percaté de las miradas curiosas que se posaban sobre nosotros. Algunos se detenían a observar, otros cuchicheaban, como si hubieran visto fantasmas. Quizá, en cierto modo, lo éramos.
——¿Crees que alguien nos reconozca? —preguntó Lucerys, rompiendo el silencio.
—Si no lo hacen ahora, lo harán pronto —respondí, esbozando una sonrisa que no llegaba a mis ojos.
No dimos muchos pasos antes de que una voz familiar llamara mi atención.
—¡Príncipe Jacaerys! ¡Príncipe Lucerys!
Me giré y vi a ser Erryk Cargyll, su expresión mezcla de asombro y desconcierto. Se detuvo frente a nosotros, mirándonos como si no pudiera creer lo que veía. Hubo un instante de silencio antes de que me acercara a él y le diera un abrazo rápido, el tipo de abrazo que los hombres comparten cuando no saben cómo expresar lo que sienten.
—Es una larga historia, Erryk —le dije al separarnos, tratando de parecer tranquilo, aunque la emoción me golpeaba por dentro.
Él parpadeó varias veces, como si quisiera asegurarse de que no estaba alucinando.