Después de 12 largos años de abandono... La princesa Visenya Targaryen, hija bastarda de la heredera al trono de hierro Rhaenyra, vio después de largo tiempo a su familia y... A ese castaño llamado Jacaerys quien había odiado desde la niñez. Son emb...
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El aire era espeso, cargado de un silencio que se sentía antinatural. Harrenhal estaba más oscuro que nunca, como si las sombras hubieran cobrado vida.
Simón estaba junto a los establos, esperando con los brazos cruzados. Me acerqué a Caníbal, que resoplaba con fuerza, inquieto.
Sentí un escalofrío.
Un murmullo, suave al principio.
Giré la cabeza, pero no había nadie.
Y escuché una voz…
Sangre...
Más sangre.
Me detuve.
Las palabras parecían flotar en el aire, envolviéndome como un eco que no terminaba.
"Nosotros matamos. Todos. A todos."
Mis manos comenzaron a temblar.
Miré a Simón.
—¿Lo escuchaste? —pregunté, mi voz apenas un susurro.
Él alzó una ceja, confundido.
—¿Escuchar qué?
"Corre, Visenya. Corre o te atraparemos."
El corazón me martilleaba en el pecho.
Las sombras parecían moverse, acercándose, susurrando.
Simón seguía allí, observándome con una mezcla de preocupación y desconcierto.
—Las voces… —susurré—. Dicen cosas horribles.
"Sangre. Más sangre."
Me llevé las manos a la cabeza, cerrando los ojos.
Las voces no paraban.
Eran ásperas, como si miles de cuchillas arañaran las paredes de mi mente.
Caníbal rugió, su sonido grave sacudiendo el suelo.
Simón dio un paso hacia mí.
—No hay nadie, mi señora. Solo usted y el dragón.
"No puedes huir, Visenya. Despiértanos."
Abrí los ojos de golpe.
El frío me envolvía, pero era el calor del miedo lo que me quemaba por dentro.
Miré a Simón una vez más, mi voz temblorosa.
—¿De verdad no las escuchas?
Él negó, pero en sus ojos había algo…
¿Miedo? ¿Duda?
No esperé más.
Corrí hacia Caníbal, mis piernas pesadas como si algo invisible intentara detenerme.
Subí al dragón, el calor de su cuerpo dándome un alivio momentáneo.
—Vuela. —Ordené con un hilo de voz.
Las alas de Caníbal se desplegaron, y el viento rugió.
"No puedes escapar, Visenya."
Las palabras me siguieron mientras ascendíamos al cielo.
Miré hacia abajo.
Simón estaba allí, pequeño y solitario entre las ruinas de Harrenhal.