𝐂𝐀𝐏 12

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La celda era fría y húmeda impregnada con el olor acre del miedo y la desesperación

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La celda era fría y húmeda impregnada con el olor acre del miedo y la desesperación. Baela estaba encadenada a la pared, su rostro ensombrecido por una mezcla de odio y temor. Caminé despacio hacia ella, permitiéndome saborear cada paso como si estuviera en un banquete. Me detuve frente a la reja y, con una ligera inclinación de cabeza, observé cómo intentaba mantener una fachada desafiante. Pobre criatura, no sabe que conmigo esas máscaras no sirven.

Abrí la celda y entré, dejando que el eco de mis botas resonara con fuerza. La antorcha más cercana proyectaba sombras danzantes sobre mi rostro, acentuando mi sonrisa cruel. Me agaché para mirarla a los ojos y, con la voz baja pero firme, pregunté:

—-¿Quiénes más estuvieron tras la muerte del rey?

Baela apretó los labios. Oh, qué valiente se creía.

-¿Por qué te uniste a los verdes?

-No tenía opción... -murmuró, pero sus palabras eran débiles, un intento de excusarse.

Me reí, una risa seca y amarga. Me levanté de golpe y empecé a pasear por la celda como si estuviera en una sala de juicios.

-¿No tenías opción? Todos tenemos opciones, querida. Incluso un perro encadenado puede decidir si muerde o no. Pero tú... tú elegiste traicionar. Elegiste unirte a los mismos que asesinaron a mi abuelo y usurparon el trono que por derecho pertenece a Rhaenyra.

Baela tembló. Su valentía empezaba a desmoronarse, y eso me deleitaba.

-¿Sabes lo que pienso hacerles a los traidores?

No respondió, pero su respiración se hizo más pesada. Me incliné hacia ella, dejando que mi aliento rozara su oído.

-Los encerraré en celdas como esta, les daré una miserable comida al día y los dejaré morir lentamente, de hambre y miseria. Pero contigo... contigo podría ser diferente. Solo necesitas confesar.

-No sé nada más... -su voz era un susurro quebrado.

La agarré por el mentón, obligándola a mirarme.

-¿No sabes o no quieres decir?

No contestó, y esa fue su mayor estupidez. Saqué un pequeño frasco de mi cinturón y lo sostuve frente a su rostro.

-¿Sabes lo que es esto?

Ella negó con la cabeza, pero su miedo era palpable.

-Es un veneno -dije con una sonrisa lenta-. Su esencia proviene de una flor que solo crece en las ruinas de Valyria. Una sola gota es suficiente para hacer que tu cuerpo arda desde dentro. Primero sentirás un calor insoportable, luego tus músculos se contraerán, como si tu propia carne estuviera tratando de devorarse. Después de eso... bueno, digamos que la muerte será un alivio que tardará en llegar.

Baela lloraba ahora, lágrimas silenciosas que recorrían sus mejillas. Se negó a abrir la boca, así que sujeté su rostro con fuerza y vertí el líquido negro en su garganta. La obligué a tragar, ignorando sus súplicas y jadeos.

𝑩𝑳𝑶𝑶𝑫 𝑨𝑵𝑫 𝑨𝑺𝑯𝑬𝑺- 𝑱𝒂𝒄𝒂𝒆𝒓𝒚𝒔 𝑽𝒆𝒍𝒂𝒓𝒚𝒐𝒏Donde viven las historias. Descúbrelo ahora