𝐂𝐀𝐏 04

1.2K 98 14
                                        

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

El aire en la estancia era denso, impregnado con el aroma acre de hierbas y ungüentos

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


El aire en la estancia era denso, impregnado con el aroma acre de hierbas y ungüentos. La débil luz de las antorchas iluminaba los muros de piedra, proyectando sombras inquietas que danzaban al compás de las llamas. Desde la puerta entreabierta, observaba con el corazón encogido mientras los maestres y sanadoras se inclinaban sobre Rhaelys, que yacía en el lecho con el rostro pálido y una expresión de dolor contenida.

Permanecí allí, inmóvil, mis dedos crispados sobre el marco de la puerta. Una mano cálida se posó suavemente en mi cintura, sacándome de mis pensamientos. Me giré y encontré los ojos oscuros de Jacaerys, mi esposo, que me observaba con esa mezcla de calma y fuerza que siempre había admirado en él.

——¿Qué ha pasado? —pregunté en voz baja, aunque ya temía la respuesta.

Jacaerys suspiró, esbozando una leve sonrisa, como si quisiera restarle gravedad al asunto.

—Aerion estuvo bromeando con una serpiente. El caballo de Rhaelys se asustó, y ella cayó por el risco.

Apoyé una mano en mi frente, conteniendo el impulso de maldecir.

—Le dije mil veces que se comportara… —murmuré, cerrando los ojos un instante, dejando que el peso de la frustración se asentara sobre mis hombros—. Aerion es un buen muchacho, pero siempre actúa antes de pensar.

Jacaerys no respondió de inmediato. En cambio, se limitó a estrecharme un poco más entre sus brazos, como si quisiera disipar mis preocupaciones con su sola presencia. Esa era su forma de calmarme, de recordarme que, pese a los temores y desafíos, él siempre estaría a mi lado.

—Vamos, el consejo nos espera —dijo finalmente, su voz baja y firme.

Asentí, aunque aún sentía el pecho oprimido. Eché una última mirada a Rhaelys antes de apartarme de la puerta. Suspiré con fuerza, enderezando la espalda y componiendo una expresión serena. La reina no podía mostrarse débil, ni siquiera ante sus propios miedos.

Caminamos juntos por los pasillos del castillo, cuyas paredes de piedra se erguían como testigos mudos de generaciones de reyes y guerras. El sonido de nuestros pasos resonaba en el silencio, acompañado solo por el eco lejano de las llamas que crepitaban en las antorchas.

𝑩𝑳𝑶𝑶𝑫 𝑨𝑵𝑫 𝑨𝑺𝑯𝑬𝑺- 𝑱𝒂𝒄𝒂𝒆𝒓𝒚𝒔 𝑽𝒆𝒍𝒂𝒓𝒚𝒐𝒏Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora